El cuaderno de Chapu Apaolaza: Un ‘talde’ en Madrid

Hay un paralelismo entre la navaja de Reyes Maroto y la de Ockham que dice que la explicación más probable es la más sencilla. La navaja la envió un esquizofrénico de El Escorial

FOTO: SPANISH TOURISM MINISTRY via REUTERS

El loco que envió a Reyes Maroto un recuerdo de Albacete puso su nombre en el remite. Me ha recordado a un compañero de clase que copiaba tanto que un día copió del otro hasta el nombre. Peor que inventarse una amenaza es dudar de ella. Al ministro del Interior le han enviado balas como para montar un zulo porque en este país se mandan más balas que flores. Van por ahí las furgonetas llenas de miseria de paquetería y de munición del calibre del frío. A los niños de Donosti de los ochenta nos pedían que pintáramos un corazón y nos salía una diana con un nombre dentro. Un día de Navidad, amanecimos con una pintada en la pared de la Iglesia de San Vicente en la que ETA nos deseaba “una feliz Navidad”.

Hasta a mis hijas les han puesto simbólicamente las banderillas de todas las maneras que vienen en el Cossío. Que pase mucho no quiere decir que sea menos grave o que haya que tolerarlo. Todo el mundo tiene derecho a dormir sin que al mirar por la ventana se imagine si hay otro mirándolo desde la oscuridad de la acera de enfrente. Claro que estas cosas que pasaban no aparecían en las notas de prensa y mucho menos se les ponía un atril en los mítines, pues siempre se da lugar a malentendidos como este. Cuando en ‘Gabilondia’ se da a elegir “palabras o balas” se da a entender que los de las palabras son ellos y los otros, los de las balas. Todo el discurso de la izquierda reverdece en las encuestas regado por el abono para geranios de que el contrincante dispara.

Hay un paralelismo entre la navaja de Maroto y la de Ockham que dice que la explicación más probable es la más sencilla. La navaja la envió un esquizofrénico de El Escorial, pero hasta que supimos que el remitente de la amenaza provenía de un demente, se daba a entender que detrás existía en Madrid una estructura terrorista, un brazo armado que movía Abascal mismo, qué digo Abascal: la navaja la había enviado Ayuso. La prueba era que habían condenado la amenaza con molicie y equidistancia con esa fórmula de “todas las violencias” que en boca de la izquierda abertzale hace unos meses les parecía tan bien.  Así tiende uno a entender que Bildu es una organización pacifista y la derecha madrileña, un ‘talde’.

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