Libertinaje
«El libertinaje parecía asunto que combatían los curas pero no los progres»
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Desde el sábado, los que vivimos en Madrid, los madrileños, hemos entrado en una espiral de libertinaje que mantiene a la izquierda echando agua bendita por la boca, como escupitajos morales a la manera de un poseído por el demonio. Era de esperar que la libertad, para los que abominan de ella, acabara siendo mala y la retrataran con palabro que parece negativo aunque no lo sea. El libertinaje parecía asunto que combatían los curas en las homilías que las almas cándidas oían imaginando a Casanova o al marqués de Sade, según su grado de depravación, en plena faena amorosa, que eran cincuenta sombras de Grey bien escritas y con azotes de dolor verdadero. Pero no. Esta progresía de rosario rojo y hostias materiales la ha revivido en plan facha. Libertino será que nos bajen los impuestos porque la auténtica independencia se consigue cuando nos dejan secos y, así, sin nada, caminar desnudos por la calle con la cabeza alta y la libido baja, lo que sirve de bromuro para el libertinaje, que de tan ilustrado no marida bien con el autoritarismo y las viejas del visillo que despachan broncas enclaustradas tras sus cargos de delegadas del Gobierno.

Los de los botellones no son libertinos sino personas a las que el Gobierno deja hacer lo que les sale del bajo vientre, que no es lo mismo pero venía bien convertir libertad en maleficio a la manera de Franco: «No se os puede dejar solos», lo que es verdad, solo que no solo a nosotros sino al entero mundo. Ni siquiera han molestado sus dedos pasando las hojas de un diccionario para encontrar mejor antónimo, anarquistas por ejemplo, que sería más apropiado, claro que estarían a un escalón de borrar comunismo de su vocabulario. Por esa causa somos libertinos, que es como se acomodan los irresponsables en el lenguaje de los socialistas. Y así, mientras el Gobierno se encoge de hombros, retuerce palabras para lanzarlas a los fieles como cuchillos a ver si recogen algunos y se plantan en la Puerta del Sol a protestar contra la presidenta castiza que quieren vestir de afrancesada en otro dos de mayo. Pedro Sánchez en el papel de Pepe Botella contra el botellón. Oh la lá.