Ni lealtad, ni respeto, ni educación
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Que el único presidente autonómico que no acudiera ayer a la reunión en Salamanca sea el de la Generalitat de Cataluña, es una falta grave de respeto y de lealtad institucional, más allá de que Sánchez convirtiera ese encuentro en una especie de mercado persa de los codiciados fondos europeos. Pero que además el MHP Aragonès lo haga visiblemente para irse a Suiza a visitar a la prófuga de la justicia y secretaría general de su partido, es sobre todo una falta de educación personal impropia de quien también es el representante ordinario del Estado en Cataluña.

Para casos así, el lenguaje diplomático es rico en fórmulas previstas precisamente para evitar situaciones de esas características que, cuando se producen, suelen acarrear consecuencias muy lesivas para el interés general concernido. Dos lecciones a retener: cuando no se guardan las más elementales formas de respeto y educación, las relaciones personales e institucionales se hacen imposibles. Y la segunda: si no te respetas a ti mismo, difícilmente te respetarán los demás.

Pactando con los separatistas, Sánchez ha colocado al Estado en una situación de vasallaje ante ellos, que actúan en consecuencia. Tras esos desdichados indultos –ni pedidos, ni agradecidos– ésta es la respuesta de la inexistente concordia. Y de premio, el lunes le cumplimenta mano a mano en La Moncloa. A cambio de seguir allí, Sánchez está recibiendo bofetadas, pero en la cara de los españoles y de la dignidad de España. En ninguna nación del mundo civilizado se aceptaría una situación así.