El Estado soy yo
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Se dice que la mente se divide en consciente, subconsciente e inconsciente que, a grosso modo, describen la inteligencia, las emociones y los actos reflejos. Está claro que la inteligencia brilló por su ausencia cuando Sánchez presumió en una entrevista de vacunar a quienes no le votan. Predominaron el inconsciente y el subconsciente. El primero porque en Sánchez mentir se ha convertido en un acto reflejo, y el segundo porque le puede más las emociones de apego al cargo y agitación del odio antes que el bien común del país que gobierna.

Las vacunas las ha comprado Europa y las han puesto las comunidades autónomas. Menos mal que la Sanidad está transferida y nuestros presidentes autonómicos tienen más sentido de Estado que el propio presidente del Estado. Basándonos en las reglas de la mente y después de lo dicho en TVE, ¿es posible que tengamos un presidente inconsciente y poco inteligente al que, subconscientemente, se le haya pasado por la mente decirle a Tezanos que el CIS averigüe nuestro voto y si éste no es acreditado con un carnet de militancia socialista, diversifique a la población en ciudadanos con derechos, con menos derechos y sin derechos, en función de su raza, sexo, religión y opinión?

Se fue Iglesias del Gobierno, nuestro Goebbels en versión comunista española, y nos hemos quedado con el aspirante a imitador que abraza el comunismo y reniega del auténtico socialismo. Tenemos un Gobierno que versiona, interpreta y tunea la Constitución, los derechos, los deberes y la igualdad de los españoles a su antojo. Ceder al independentismo y al comunismo ahora se llama constitucionalismo. Sentarse de igual a igual con quien no quiere ser igual se llama sentido de Estado. Solo le falta a Sánchez utilizar la expresión de Luis XIV de Francia: «El Estado soy yo».