NASA: Misión Lucy

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Despachos de agencias y medios informativos de todo el mundo informaban ayer del lanzamiento por parte de la NASA de la nave espacial Lucy en una misión de doce años de exploración de siete asteroides diferentes de nuestro sistema solar. Uno de ellos pertenece al cinturón principal –el que orbita en torno al sol, entre las trayectorias de los planetas Marte y Júpiter– y los otros seis, son troyanos de este último. Los «troyanos» son asteroides que orbitan en torno a Júpiter –el mayor planeta del sistema solar– y por las singularidades que presentan, se les denomina con nombres mitológicos griegos de personajes de La Ilíada: Héctor, Aquiles, Patroclo…

El comienzo de la misión fue un éxito, ya que se superó la fase crítica de despegue de la nave Lucy respecto del cohete propulsor en apenas 1 hora y 26 minutos, desplegándose los paneles solares, que a más de 850 millones de kms del sol, empezaron a operar autónomamente para enviar durante doce años información considerada como relevante, a efectos de un mejor conocimiento de la formación planetaria.

Hasta aquí esta noticia no pasaría de ser una más, sin duda de interés para la comunidad científica mundial, pero no para la población en general. Sin embargo, hay sectores también del mundo de la ciencia astronómica que prestan a esta misión un seguimiento especial por la información que puede suministrar sobre eventuales riesgos que existen para nuestro planeta a consecuencia de las tormentas solares. Afectando éstas a Júpiter y a una de sus cuatro lunas o satélites galilaicos –descubiertos por Galileo Galilei en el siglo XVII y de nombres Io, Europa, Ganímedes y Calisto, visibles con telescopio de baja potencia dado su gran tamaño– podrían sufrir un impacto que desprendiera una roca lunar que, chocando a su vez con un asteroide del cinturón, provocaría una lluvia de meteoritos sobre la Tierra. De hecho, desde que en 2009 la NASA detectó un fenómeno de estas características, existe en el seno de la Agencia un departamento dedicado a estudiar este tipo de sucesos, para en su caso anticiparse con suficiente antelación y poder desviarlos de su eventual trayectoria de colisión terrestre, incluso con misiles nucleares.

Estos científicos no ocultan su interés por conocer el desarrollo de la misión Lucy dada su eventual relación con la que ellos denominan «Misión Io-Eros», que sería el efecto causado en la Tierra precisamente por el impacto de un fragmento del satélite Io con el asteroide Eros N-433 del cinturón principal. Sus defensores afirman que este estudio es de extraordinario interés para la humanidad en estos próximos tiempos.

Elevar la mirada al cielo también es de interés siquiera para evadirnos –aunque sea momentáneamente– de lo que sucede de «tejas abajo» en este nuestro planeta que ya conocemos. Y que no es para tirar cohetes, precisamente…