Ofensa histórica en Montserrat

Jorge Fernández Díaz

La «ley de manipulación histórica» justifica cualquier acción para hacer desaparecer del espacio público cuanto les parece –a los sucesores políticos del infausto Frente Popular– que se opone a su cosmovisión de la II República y la Guerra Civil.

La última lamentable acción en este sentido se conocía anteayer en el Santuario de Montserrat, con la retirada de la estatua de un requeté yacente con la mirada dirigida hacia el Camarín de la Moreneta, y al que previamente unos desalmados habían decapitado. Los protagonistas de tan infausto acontecimiento han sido por un lado la Abadía benedictina de Montserrat y el Gobierno de la Generalitat y, por otro y como víctimas, los restos de 200 jóvenes catalanes, voluntarios requetés del Terç –Tercio de Ntra. Sra. de Montserrat– fallecidos durante la guerra, que reposan desde hace más de sesenta años en un discreto Monumento funerario situado en la explanada de acceso al santuario.

Particular dolor provoca que haya sido el P. Abad de la Comunidad benedictina quien se haya plegado a los intereses de los sucesores políticos de aquellos que ocasionaron el asesinato de 22 monjes de su comunidad. Es una ofensa a la memoria de una juventud catalana que voluntariamente se alistó en esa unidad para defender de manera muy especial los valores de su fe y permitir su culto, prohibido y perseguido en aquellos tiempos en Cataluña. Y ello teóricamente para dar satisfacción a una resolución del Parlament de Cataluña en el marco de la Memoria Democrática.

Una nota de prensa de los carlistas catalanes, en la que exigen «la restauración inmediata de la escultura del requeté yacente retirada impíamente de su ubicación en Montserrat», afirma que la voluntad de esa ley no es la verdad histórica, sino «la de ocultar los terribles sucesos y barbaridades cometidas en la Cataluña republicana y gobernada por Companys». A esos efectos, recuerdan que «su mandato se saldó con el asesinato de 1.405 clérigos diocesanos de un total de casi 8.500 asesinatos, exigiendo por ello la retirada de todo monumento y homenaje a su persona».

Es lo que provoca esta ley que pretende reescribir la Historia para que los perdedores de la guerra la ganen ochenta años después. Lamentablemente, la auténtica gran derrotada de este propósito es la convivencia de la sociedad española. Es lo que tienen estos progresistas que quieren dominar el futuro recreando el relato del pasado histórico. La Agenda 2030, cuyo distintivo el presidente ostenta ufano en su solapa, comienza para Sánchez en otra Agenda que data de un siglo antes y se extiende a toda la década de 1930.