Ayer fue enterrado Paco Gento, considerado sin exageración como toda una leyenda del fútbol español, asociada al Real Madrid de su tiempo. Aunque más que leyenda, es historia viva y auténtica para una generación que creció cuando empezaba la televisión en España y casi todos los niños conocíamos la delantera formada por Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento.

Pertenezco a esa generación que de su mano está reviviendo imágenes, experiencias y recuerdos de toda una época de nuestra vida. Tengo grabado en la memoria el primer partido de fútbol que vi por televisión en casa, que ahora compruebo que era mayo de 1960. Se trataba de un aparato de televisión de marca Inter de 23 pulgadas –parece que lo estoy «viendo» ahora– con su antena de cuernos que nos permitió seguir –aunque con muchas interferencias y muy borroso– la final de la Copa de Europa de 1960. Lo recuerdo como si fuera hoy, ganando el Madrid al Eintracht de Frankfurt por 7-3. Yo no soy madridista, pero en este equipo veníamos representada a España, y por ello ese día todos éramos del Real Madrid.

No se trata de nostalgia, y mucho menos de creer que «todo tiempo pasado fue mejor», sino de recordar –revivir– con una sonrisa muda en los labios, aquellos acontecimientos que la Providencia ha querido que quedaran grabados en nuestra memoria. Era una sociedad muy distinta de la actual, tanto como lo que somos ahora aquellos niños de entonces. Mientras mis hermanos se peleaban los domingos por ir a Sarriá a ver jugar al Español, yo disfrutaba en solitario del Barça en el Nou Camp, aunque también yo era «periquito». Czibor, Kocsis y Kubala eran el tridente húngaro, la réplica de oro barcelonista a aquella legendaria delantera madridista.

Gento era el extremo izquierdo por antonomasia, el 11 indiscutible, cuando la numeración de los equipos –sin cambios– comenzaba por el 1, que correspondía al portero –aunque no solían llevarlo cosido en la camiseta– y seguía con el 2, 5, 3 para la defensa; 4 y 6 para la media, y del 7 al 11 para la delantera, con el 9 como delantero centro.

Era un espectáculo la admiración de su velocidad avanzando por la banda izquierda, su regate y el centro medido al delantero, que lo esperaba tras alcanzar el área jadeando. Los antimadridistas decían que ganaban tantos trofeos por ser «el equipo del régimen», lo que resulta difícil de entender porque el régimen no gozaba de simpatías políticas fuera de España: vetaron nuestra incorporación al Mercado Común cuando el Madrid en paralelo ganaba cinco Copas de Europa seguidas. DEP Gento.