Poder Judicial bruto

El aborto no es un tema ni mucho menos cerrado y es que las sentencias Roe y Casey –añade el borrador– ignoraron la realidad de un país dividido

José Luis Requero

El mal de la filtración llega al Tribunal Supremo norteamericano. Se ha confirmado la autenticidad del borrador de sentencia filtrado que enmendaría la histórica sentencia Roe vs. Wade, de 1973, que declaró que abortar es un derecho constitucional. La filtración ha sido, obviamente, maliciosa, por querer desprestigiar al Tribunal y enfrentarle a la opinión pública, disturbios incluidos, una forma de actuar que nos es familiar. Su presidente ha calificado la filtración de «afrenta» y «traición» al Tribunal Supremo y asegura que no socavará sus decisiones si es que se pretendía amedrentarle.

Estados Unidos es la caja de resonancia planetaria y la sentencia Roe vs Wade marcó un antes y un después en el aborto legal. Resolvió el caso de Norma McCorvey, de soltera Norma Leah Nelson y que en la causa judicial empleó el pseudónimo Roe; Wade era el fiscal de distrito. Nacida en una familia rota, tras dos hijos de diferentes padres quedó embarazada y decidió abortar, pero la ley de Texas sólo lo permitía en caso de peligro para la vida de la madre. Llevó su caso a los tribunales y perdió en todas las instancias judiciales. Al final hubo parto y dio a su hija en adopción.

Pero dos abogadas, más el lobby abortista Planned Parenthood, llevaron el asunto hasta el Tribunal Supremo y dictó la sentencia Roe vs.Wade. Declaró que el aborto es un derecho amparado por la Constitución que sólo puede prohibirse a partir del tercer trimestre de gestación: en el primero lo declaró libre bajo control médico, en el segundo lo limitó al caso de peligro para la vida de la madre y a partir del tercero –24 semanas de gestación– lo prohibió por la viabilidad del feto fuera del útero.

Fuera del análisis jurídico la vida nos enseña que, años después, Norma McCorvey –Roe para la jurisprudencia– se arrepintió de lo hecho, declaró que había sido utilizada por el lobby abortista, acabó ejerciendo de líder provida y destapó las manipulaciones con las que ese lobby promotor de su caso logró construir un falso «caso límite» que llevó a Roe vs Wade. Todos esos tejemanejes dieron lugar incluso a una película.

Pero volvamos a lo jurídico. Con Roe vs Wade el Tribunal Supremo fue muy criticado por excederse. No ejerció tanto de «legislador negativo» como de «legislador positivo»: más que anular una norma inconstitucional, legisló; más aún, constitucionalizó el derecho al aborto, inventó un nuevo derecho constitucional al margen de sistema de enmiendas. Tras Roe bastantes estados fueron dictando leyes con limitaciones al aborto y tras Roe han venido más sentencias cuyas fluctuaciones han reflejado el reparto de mayorías en la composición del Tribunal Supremo, paralelas a las fluctuaciones en la presidencia norteamericana

Pese a esas oscilaciones y ante leyes estatales que limitan el aborto, el Supremo norteamericano ha mantenido un doble criterio: respetar la regla stare decisis, es decir, estar a la jurisprudencia decidida si es que no hay razón para alterarla, lo que le ha llevado, a preservar el aborto como derecho constitucionalizado conforme a la sentencia Roe; en segundo lugar, aceptar que los estados introduzcan limitaciones pero siempre que no sean indebidas, y apreciar tal extremo es lo que ha centrado las oscilaciones de sus pronunciamientos pero siempre respetando el núcleo de Roe vs Wade.

De esa línea continuista fue la sentencia Casey (1992) que junto con Roe quedarían enmendadas por la sentencia filtrada. El borrador matiza el principio stare decisis, califica ambas sentencias de erróneas y fuente de conflicto. Su meollo es que Roe supuso un ejercicio de raw judicial power, lo que traduzco como «poder judicial bruto», un exceso de jurisdicción, al erigir el aborto en derecho constitucional pese a no preverlo la Constitución; recuerda que la función del juez es aplicar la Constitución, no inventar nuevos derechos dando a la privacidad y a la autonomía personal fuerza para erigir los deseos en fuente de derechos.

El aborto no es un tema ni mucho menos cerrado y es que las sentencias Roe y Casey –añade el borrador– ignoraron la realidad de un país dividido, en buena parte nada proclive al aborto y menos a aceptarlo tal y como lo «regulan» esas sentencias; Roe vs Wade –añade el borrador–- fue la decisión de unos jueces que impusieron –en un proceso viciado, añado– sus ideas, «cortocircuitaron el proceso democrático». Su conclusión es que deben enmendarse para que «la autoridad para regular el aborto sea devuelta al pueblo y a sus representantes electos». Con esa sentencia el aborto seguirá siendo legal y de aprobarse los estados podrían regularlo, luego limitarlo, lo que han hecho y están haciendo no pocos. Esto explica que Biden prometa enmendar legislativamente los efectos de la sentencia con una ley federal que maniate a los estados no abortistas y es que el lobby abortista es poderoso.