El sínodo español y el sínodo alemán

El Sínodo de los Obispos previsto en Roma para octubre del próximo 2023, tiene como tema de estudio «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión». Para su preparación se han previsto tres etapas: una a nivel diocesano, que comenzó en octubre de 2021 y finalizó en abril de este año; la segunda será de ámbito continental y está prevista desde septiembre de 2022 hasta septiembre de 2023, y una tercera y última en octubre de 2023, como hemos comentado, la de la «Iglesia Universal», que estará presidida por el Papa.

Hasta ahora, lo que se ha ido conociendo a nivel de opinión pública y publicada es el denominado como «sínodo alemán», que de facto apunta a un cisma dada su incompatibilidad con la doctrina de la fe católica en materias como el sacerdocio y la mujer, y la moral sexual. En España, la sorpresa es que las propuestas que se han trasladado en la primera etapa desde la base en diócesis tan importantes como Barcelona y Zaragoza, contienen esos mismos planteamientos, abogando por el acceso de la mujer al diaconado y al sacerdocio, el celibato opcional para los sacerdotes, así como la revisión de «la moral sexual y familiar a la luz de los signos de los tiempos».

Interpretar estos signos de los tiempos como adaptación al mundo y en sentido radicalmente opuesto a la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia, que constituyen el fundamento de la fe católica, demuestra ignorancia o mala fe, o ambas cosas a la vez. En cualquiera de las hipótesis es un más que preocupante signo –este sí–, pues apuntaría claramente a lo que ya predijera san Juan Pablo II en su exhortación postsinodal de 2002 sobre la Iglesia en Europa, hace ahora 20 años, acerca de la «apostasía silenciosa que recorría Europa». Ahora parecería que estamos en una apostasía ya no silenciosa, sino ruidosa, y en el mismo seno de la Iglesia.

Es de esperar que este sábado, cuando la Conferencia Episcopal Española presente una síntesis de las sugerencias propuestas en esta consulta sinodal, ponga las cosas en su sitio. Jesucristo fundó Su Iglesia no para adaptarse al mundo, para mundanizarse, sino para ser «luz y sal». Luz que ilumine en la oscuridad y sal que impida la corrupción. En Alemania, país de Lutero y del cisma protestante ahora hace cinco siglos, propuestas de este tipo resultan provocadoras, ya que todas ellas las tienen a su alcance fácilmente en las numerosas comunidades eclesiales reformadas existentes en el país. Pero en España, bastión de la Contrarreforma, resultan dolorosas y muy preocupantes.