De hechicera a modelo

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Las calores dilatan las horas del día y, si se trata de la cruda tarde, lo que se adivina hasta la noche es toda una cruel eternidad por delante. En estos trances, al cobijo de las frigorías de un restorán, resulta más fácil detenerse en un pasquín que alguien ha dejado abandonado en una mesa. Es un compendio de historias de mujeres de época con el que el moderno feminismo intenta elevar la estima de sus prójimas; en el suelto se encuentra la curiosa biografía de Elena de Céspedes, la primera cirujana de la historia. Nacida mujer en Alhama de Granada, Elena ingresó ya masculina en el ejército de Felipe II y se convirtió en la primera española a quien se le fue reconocida la profesión de cirujano. Céspedes, que es como se hizo llamar en su periplo como impostora de géneros, había tenido un hijo como mujer (oficial) pero contrajo matrimonio con otra fémina y vivió desde entonces como un hombre. Con el paso de los siglos, Elena de Céspedes ha pasado a ser una leyenda digna de una película de Hollywood. Y si bien es cierto que había mujeres en aquellos tiempos que suplantaban el otro sexo para poder viajar solas sin ser acosadas, por ejemplo, o para disfrutar de acceso a puestos sociales de mayor relevancia, el caso de Céspedes, ajusticiada a la postre por el Santo Oficio, no sólo quiso ser la primera cirujana, sino que se erigió como la primera transexual. Tanto magisterio demostró con el bisturí consigo misma que debieron someterla a varias audiencias en los genitales para hallar su sexo original. La Inquisición ordenó que fuera azotada por hechicera y hereje. Las brujas de antaño son las modelos de hogaño.