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El voto cambiante

Tiempo de lectura 4 min.

06 de junio de 2016. 03:42h

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Fernando Rayón 6/6/2016

Las encuestas son para las campañas electorales. Gustan a la gente porque anuncian lo que puede ocurrir y a veces consiguen que los electores cambien su voto para sumarse a esa mayoría ganadora. Pero todo es relativo y, como hemos visto ya algunas veces, lo que los ciudadanos eligen no es precisamente lo que se necesita en cada momento.

Muchos también pueden equivocarse. El problema de las encuestas que se están publicando de cara a las elecciones del 26-J es que anuncian pocos cambios, salvo que el Partido Socialista es superado por la coalición Podemos-IU gracias a los restos que esa unión les concede en varias provincias. Los encuestadores lo tienen además mucho más fácil, pues, en esta ocasión, el llamado recuerdo de voto les permite afinar más con los nuevos partidos: Podemos y Ciudadanos.

Pero hay un factor más. Lo ocurrido las pasadas semanas también ha podido hacer reflexionar a algunos: cambiar el voto no resulta fácil, pero la ausencia de gobierno a veces molesta más incluso que que gobierne un partido al que no has votado. Es lo que aparentemente ocurre con el voto del PP, que, en contra de lo que algunos auguraban, crece: moderadamente, pero crece. Las razones pueden ser de todo tipo. Vamos con algunas.

En primer lugar está la abstención. Dicen los que saben que al Partido Popular dejaron de votarle un millón y medio de sus anteriores votantes. En diciembre se fueron a la abstención por diferentes motivos: corrupción, incumplimiento de programa, subida de impuestos... En Navarra, por ejemplo, UPN estimó que la derecha –la suma de PP-UPN– perdió más de 40.000 votos ,que se fueron a la abstención. Muchos votos me parecieron entonces, pero es cuestión de sumar y salen las cuentas. Pues bien, si eso ocurrió allí, es fácil pensar que algo parecido ha podido suceder en el resto de España. La izquierda se movilizó, pero la derecha se cogió el día libre o, sencillamente, no quiso votar al PP.

Pero hay más. La encuesta que ha publicado este fin de semana este periódico permite comprender algo más. El desgobierno puede movilizar a la derecha, pero también se anuncia un desplazamiento de votos. ¿De quién a quién? Pues de PSOE a Ciudadanos y de Ciudadanos al PP. El pacto de gobierno que ambos partidos suscribieron no ha pasado inadvertido a los encuestados: muchos del PSOE que comprueban que su partido pierde la segunda posición –como anuncian todas las encuestas– cambian el voto a Ciudadanos: partido nuevo y sin corrupción; mientras que otros votantes– el doble, según NC Report– volverían al PP tras ese fracasado pacto con el PSOE. Y lo comprendo, porque una cosa es que se pasen del PP a Ciudadanos, y otra cosa es que se alíen con el PSOE.

En el fondo de todo este trasvase late una reubicación del votante. Del que cambió, y que puede volver a cambiar, y del que se va a otro partido para ya no volver: que ése es el gran drama del Partido Socialista. La abstención– que se anunciaba mayor que en diciembre– empieza también ahora a reducirse. Quizá los votantes desconfían de ese pacto de los políticos que nunca llegó, y piensan ya más bien en premiar con su voto al que mejores posibilidades tenga de formar un gobierno estable.

Porque si algo han enseñado las anteriores elecciones generales es que las suspicacias sobre nuestros políticos que reconocía el CIS, no sólo estaban justificadas, sino que el cambio de careta de otros políticos la misma noche electoral, confirmó. La gente tomó nota. O eso parece.

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