Vacunas en niños: necesarias pero no urgentes

La aprobación de sueros para menores de 12 a 15 años abre el debate de si es ético inmunizarles cuando se sabe que se contagian menos, ellos contagian menos y, además, presentan menos síntomas cuando enferman, en la mayoría de casos

En bastantes países aún queda mucha población anciana por vacunar
En bastantes países aún queda mucha población anciana por vacunar FOTO: Sandra R. Poveda Sandra R. Poveda

Si hay algo que hemos aprendido en estos meses de pandemia es que la medida más eficaz para frenar un virus, como el SARS-CoV-2 es mediante la vacunación. Y que, no menos importante es el orden y los criterios a seguir a la hora de administrar las vacunas.

Entre las muchas noticias que cada semana van saltando relacionadas con la crisis del coronavirus hemos sabido que la Agencia Americana del Medicamento (FDA) ha autorizado el uso de una de ellas –la desarrollada por Pfizer-BioNTech– para niños de entre 12 y 15 años. Una decisión que sigue a la tomada previamente por su homóloga canadiense, y la propia Agencia Europea (EMA) ha comunicado estar también analizándolo. Sin duda todas son buenísimas noticias que nos acercan un poco más al final de esta crisis sanitaria pero que, a su vez, ponen sobre la mesa otras preguntas, como si es ético usar las aún escasas vacunas en menores en países desarrollados cuando en el resto del planeta todavía hay millones de ancianos y población vulnerable a la espera de recibirla.

Y es que, en una situación como la actual, con una campaña masiva y mundial de inmunización y en la que los sueros son limitados es más importante aún si cabe tener claras las prioridades. «Antes que vacunar a jóvenes y niños hay que vacunar a las personas mayores. Sabemos que los menores de 10 años se contagian menos, ellos contagian menos y, además, presentan menos síntomas», asegura África González, catedrática de Inmunología del Centro de Investigación Biomédica (Cinbio) de la Universidad de Vigo. «Es por ello que habría que llegar a un acuerdo mundial para vacunar a las personas vulnerables y los pacientes crónicos primero», continúa.

Difícil de justificar

En España, y de hecho en Europa, con sistemas sanitarios públicos fuertes que cubren a la práctica totalidad de la población, se han establecido programas basados en la protección a los más vulnerables priorizando su administración en personas mayores, personal esencial, pacientes con patologías crónicas... Sin embargo, esto no sucede en países como EE UU, donde por ejemplo, las autoridades de Nueva York quieren ofrecer la vacuna –en este caso la de Janssen– a cualquier turista que visite esta ciudad, igual que sucede ya en otros estados como Florida.

«Un puñado de países ricos, que compraron la mayor parte del suministro de vacunas, ahora están vacunando grupos de menor riesgo. Entiendo que algunos quieran inmunizar a sus niños y adolescentes, pero ahora mismo los insto a que lo reconsideren y, en su lugar, donen vacunas a Covax, ya que en los países de ingresos bajos y medios-bajos, el suministro no ha sido suficiente ni siquiera para inmunizar a los profesionales sanitarios», pidió este mismo viernes el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

«Si la infección por Covid-19 infantil (y las reexposiciones en adultos) continúan siendo típicamente leves, la vacunación infantil no será necesaria para detener la pandemia», argumenta también un trabajo publicado el jueves en la revista científica «British Medical Journal». «Es difícil de justificar en este momento para la mayoría de los niños en la mayoría de los países», continúa.

Diferenciar entre adolescentes y niños

En cualquier caso, y tal y como puntualizan los expertos consultados por A TU SALUD, hay que diferenciar entre dos cosas: la primera, que el hecho de que se apruebe su uso no quiere decir que se vayan a administrar ya en esa población, y la segunda, que hay que diferenciar entre adolescentes y niños.

«En términos generales me parece bien completar la investigación para saber qué se puede esperar de estas vacunas en niños y, luego, determinar cuándo deben ser utilizadas», cuenta José Ramos, jefe del Servicio de Pediatría del Hospital Clínico de Madrid. De hecho, este estudio ha demostrado un gran resultado: «Los ensayos mostraron que la vacuna ofrece una efectividad de 100% para prevenir el contagio de Covid-19, es decir, mejores datos de protección incluso que los obtenido en adultos», añade.

Además, «que primero se hayan aprobado en chicos de 12 a 15 años es lógico porque con los adolescentes es difícil que la vacuna se comporte distinto a con los jóvenes. En este caso no ha hecho falta modificar las dosis (los ensayos con más pequeños sí se están viendo dosis menores). Está bien el tenerlas preparadas, listas y estudiadas para cuando sea necesario», continúa Ángel Hernández Merino, pediatra de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap). Motivo por el que, como subraya, «aún hablando de menores hay que diferenciar entre niños y adolescentes, ya que estos tienen un comportamiento distinto a los niños, un riesgo de contagio mayor y también la padecen más frecuentemente y más grave».

Pero que, en términos generales, la sufran menos no significa que no haya que vacunarlos pues, como explica Federico Martinón-Torres, jefe del Servicio de Pediatría del Hospital Clínico Universitario de Santiago, aunque hasta ahora se ha visto que los menores son la población menos afectada por el coronavirus y también que la transmisión entre ellos niños es baja (como se ha podido comprobar en las escuelas), «eso no quiere decir que se infecten menos, sino que se defienden mucho mejor y su respuesta inmune es tan eficaz que no detectamos los marcadores habituales que en los adultos (esto es, porque son insuficientemente sensibles para ellos)».

Peligro de mutaciones

«Es cierto que la infección es menos grave en los niños, se transmite peor, pero probablemente se infecten igual que los adultos; hay que tener en cuenta el riesgo cero no existe y que, además, pueden tener complicaciones graves, particularmente los que tienen ciertas comorbilidades y hay formas severas, como el cuadro inflamatorio postcovid o la Enfermedad de Kawasaki ,que son poco frecuentes pero cuando suceden puede tener incluso resultados letales», añade Ramos.

Entonces, ¿cuándo habría que inmunizarles? «Cuando hayamos avanzado más en la vacunación de los adultos y población vulnerable, si no hemos alcanzado un nivel de control de la transmisión en la comunidad adecuado, habrá que hacerlo, ya que el 16% de la población tiene entre 0 y 15 años, lo que es un porcentaje relativamente alto. En el caso de los adolescentes sabremos en un par de meses cuándo hay que vacunarles. A primeros de septiembre tiene que estar decidido», asegura Hernández Merino, quien puntualiza que, en su opinión, vacunar a los niños y propiciar una alianza mundial «son dos cosas distintas: siendo cierto que es justo y necesario que los países dediquen parte de sus fondos a conseguir vacunas a otros países (de nada nos sirve inmunizarnos todos si nuestros vecinos no lo están, así que por propio interés, nos conviene), eso no quita para que haya que vacunar a los menores. No son cosas dicotómicas ni excluyentes», asevera.

«Esto es una pandemia y hasta que el ultimo rincón del mundo no se vacune no habremos resuelto el problema. Si no, solo lograremos impactos temporales de control de enfermedad, pero si el virus sigue en la región en otros contextos por falta de vacunación podrán acabar emergiendo nuevas variantes que sean capaces de evadir la respuesta de las vacunas y el problema volvería a empezar en poblaciones perfectamente vacunadas. El virus, su tendencia es infectar para multiplicarse y mutar y por eso va a seguir evolucionando. Sin duda es necesario hacer un esfuerzo mucho más coral y solidario entre países. Y en esto hay mucho que mejorar, como estamos viendo en la India donde tienen una situación dramática. Estoy de acuerdo en que hay que priorizar el control global y, en ese sentido, tenemos que hacer un esfuerzo, porque si no se resuelve en todas partes no seremos capaces de lograrlo», concluye Martinón-Torres.