“Me siento afortunada porque me encanta trabajar en el Congreso y estar con los diputados”

Valentina Cepeda, la trabajadora que desinfectó la tribuna de oradores durante el último pleno extraordinario del Congreso de los Diputados, sostiene que “es injusta la opinión tan negativa que tienen muchos ciudadanos de los parlamentarios”

Ella fue el miércoles a hacer su trabajo porque formaba parte del equipo de servicios mínimos. Sabía que era un día especial por todo lo que estaba pasando en España como consecuencia del fuerte brote del virus Covid-19. En circunstancias normales no habría estado allí. Pero allí estaba cuando el presidente del Gobierno, -“mi Pedro”, como le llama “con todo el respeto del mundo”- compareció ante un hemiciclo casi vacío para explicar el decreto ley por el que se declara el estado de alarma en nuestro país como consecuencia de la fuerte expansión de la pandemia del coronavirus. Ella, bien protegida con una mascarilla de las buenas y guantes de cirujano, subía a la tribuna tras cada intervención para limpiar y desinfectar. Las referencias y las ovaciones a ella fueron constantes. Valentina Cepeda es empleada de una empresa de servicios de limpieza subcontratadas por el Congreso de los Diputados. Comenzó a trabajar en el viejo caserón de la Carrera de San Jerónimo hace 29 años y, desde hace 16, lo hace bajo el amparo de Clece, después de que ésta ganara la licitación pública y la anterior subrogara su plantilla. Ha sido una de las grandes protagonistas de los medios de comunicación y las redes sociales en las últimas horas. Casi 40 después, seguía “sorprendida”. “Nunca me imaginé que hacer mi trabajo hubiera revolucionado las cosas como las está revolucionando”, apunta.

¿Usted ha sentido alguna vez poco valorado su trabajo en el Congreso?

Nunca jamás. La gente, cuando digo la gente me refiero no solo a las secretarias, o a los ujieres, o a los compañeros de otras subcontratas como la nuestra de Clece, sino también a los diputados. Nunca. Claro que hay personas más serias y otras más simpaticas y extrovertidas, pero en ningún momento me han hecho el vacío o un desprecio. Es verdad que lo del miércoles fue memorable. Me encantó.

¿Le está viniendo a la cabeza muchas veces la imagen de los diputados ovacionándola?

No porque apenas he tenido tiempo para pensarlo. Mucha, pero que mucha gente, que tiene redes sociales -yo no tengo porque en eso soy muy antigua y solo tengo mi WhatsApp- y la gente me manda a través de éste lo que sale en ellas. Se están poniendo en contacto conmigo personas de las que no sabía nada desde hace mucho tiempo e, incluso, otras con las que apenas tenía contacto. Secretarias de todos los partidos, operarios de empresas externas... todos me dicen: “¡Valen, ya eres famosa!”. A algunos compañeros de contratas que vienen de vez en cuando, por ejemplo a recoger contenedores, les he dicho: "Este fin de semana estoy muy ocupada porque tengo bolos”.

Pero va a ser que no...

(Se ríe ostensiblemente)

Ya es veterana en el Congreso.

Sí entré hace ya 29 años con una empresa diferente, que me subrogó, y ahora pertenezco, desde hace 16 años, a mi Clece querida. ¡Estoy feliz!

¿Ha tenido oportunidad de charlar con los presidentes del Gobierno a lo largo de estos casi 30 años?

He hablado de forma puntual con Felipe González. Fue en el siglo pasado. No recuerdo exactamente qué había pasado en la política y qué decisión polémica iba a adoptar, pero un día que estaba poniendo rollos de papel higiénico coincidí con él en el baño y le dije de broma que no lo hiciera. Le hizo mucha gracia que le regañara. Claro, le regañé entre comillas. A Rodríguez Zapatero le había tratado mucho cuando solo era diputado. Le di la enhorabuena cuando fue elegido presidente y me contó que tenía que conseguir un perrito para sus hijas porque se lo había prometido a ellas si llegaba al cargo. Aznar era un poco más serio. Yo adoro a mi Pedro. Quiero decir, con todo respeto, al presidente actual. Aquí tenemos muy buen trato siempre, todos los días.

Siempre desarrolla su labor de mantenimiento en el hemiciclo.

¡Qué va! Estuve allí destinada hace tiempo, pero vamos rotando. Lo que pasa es que la compañera que ahora ocupa ese puesto no estaba ayer. Yo estaba allí de casualidad, porque me encontraba de servicios mínimos.

Presidentes del Congreso también ha conocido muchos.

Cuando llegué estaba Félix Pons. Luego vinieron Federico Trillo, Luisa Fernanda Rudí... ¡Un amor de señora, encantadora! Da la impresión de persona muy seria, que impone, pero en el trato directo es maravillosa. Traté menos con Ana Pastor porque, entonces, estaba en otro edificio. Y con esta presidenta, ya lo veis, ¡estupenda, estupenda!... El señor Marín era lo más conmigo. También me acuerdo de Bono, que se movía mucho por la casa...

De todo este tiempo, ¿qué recuerdo destacaría?

Me gustó mucho que Bono, cuando estaba concluyendo su mandato, nos invitó a todos los que pertenecíamos a empresas subcontratadas, a una comida en los comedores de gala de la cuarta planta. Las limpiadoras, los mantenedores, los elictricistas, la fotógrafa... Me encantó. Fue un detalle muy bonito.

¿Se acuerda de algún pleno?

De muchos, pero recuerdo lo que me impresionaba, al principio, que los diputados discutieran y, después, en los pasillos se lleven tan bien.

¿A usted le gusta seguir los debates?

La verdad es que no tengo tiempo de hacerlo, pero cuando me advierten o me entero de que se van a dar caña o se va a originar polémica, trato de estar pendiente.

¿Se le acercaron muchos diputados al terminar la sesión?

No hubo oportunidad porque me fui corriendo para atender la Junta de Portavoces y, después, me fui a casa.

Usted que es una española media y tiene la suerte de trabajar en esa institución...

Me siento afortunada porque me encanta estar allí con los diputados.

¿Cree que el Congreso es un gran desconocido?

La gente se sorprende de que todos los que trabajamos allí, desempeñando una u otra función, incluso somos una familia. Hasta conocemos cosas personales de ellos porque nos las cuentan..

Pero, ¿trabajan o no?

Claro que sí. Mucha gente dice que no hacen nada cuando ven el hemiciclo vacío. Lo que no saben es que está reunidos con asociaciones, o trabajando en sus despachos... Siempre están haciendo cosas.

O sea que es injusta la opinión tan negativa que tienen muchos ciudadanos de ellos.

Sí porque no los ven y no saben lo que hacen.

¿Le habría gustado haber trabajado en el Congreso en los años de la Transición?

Espero que me entiendan, quizá sea una barbaridad, pero me habría fascinado ser testigo, como muchos compañeros que ya no están, lo que ocurrió el 23 de febrero de 1981 y haber sentido lo que ellos sintieron.

¿Les cuentan muchas anécdotas los que estaban entonces?

Ya prácticamente no queda ninguno aquí. Claro que nos contaban muchas cosas. Y nos explicaban dónde estaba la cámara que grabó las famosas imágenes o desde dónde se hicieron los disparos.