Las vacunas salvan vidas

Tiempos de fake news y de superchería. Cada época oscura de la historia de la humanidad surgen los aprendices de brujo que llegan para salvarnos a todos. Satanizan la ciencia. Es su negocio

La libertad individual es suprema e invulnerable mientras, además de cumplir las leyes, no atente contra la de los demás ni la seguridad y salud públicas. El movimiento antivacunas ha encontrado en la pandemia otro de esos caldos de cultivo coyunturales en los que rebrotar con unos descabellados postulados y parasitar la ignorancia. Mantener eslóganes del siglo XIX en pleno XXI con pátinas fantasmágoricas y supersticiosas es razón suficiente para sospechar sobre las razones últimas de quienes promueven esta clase de movimientos.

La cuestión es que el «frikismo» vital de estos personajes nada inocentes acarrean o pueden hacerlo consecuencias. Quienes cuestionan hoy la verdad indubitable de los efectos benéficos de la vacunación deben ser conscientes de que están inmersos en un discurso o una actividad que no son inocuos. El negacionismo presente –aunque no sea muy del gusto el término por las connotaciones conocidas que tiene– frente al covid, alentado en los medios, las redes sociales y la calle por este movimiento antivacunas ha costado o puede costar vidas y provocar mucho dolor.

Hay una temeridad criminal, latente o no, consciente o no, en el proceso que conduce a cuestionar certezas empíricas desarrolladas a lo largo de decenas y decenas de años. La vacuna significa vida, además de una existencia mejor. Se estima que han evitado la muerte a 20,4 millones de personas en las últimas décadas. Por eso, resulta también tan alarmante la incidencia del confinamiento y el contagio en los procesos de inmunización.

Según UNICEF y la Organización Mundial de la Salud, se han suspendido más de dos docenas de programas nacionales de vacunación lo que ha dejado muy vulnerables a más de 100 millones de niños en el mundo. Y ello sumado a que en 2019 casi 14 millones de niños no recibieron vacunas que salvan vidas, como la del sarampión y la DTP3. El escenario ya es de por sí alarmante para que movimientos sectarios generen incertidumbres sobre los tratamientos y los sistemas de control occidentales. Eso es extender una alfombra roja al virus.