Francisco Ponz, maestro de buen gobierno

Su muerte ha conmovido a la comunidad de la Universidad de Navarra

Francisco Ponz fue muy querido entre todos los que componen la Universidad de Navarra
Francisco Ponz fue muy querido entre todos los que componen la Universidad de NavarraLa RazónLa Razón

El repentino fallecimiento del profesor Francisco Ponz (1919-2020) en la puerta del Edificio Central de la Universidad de Navarra en la tarde del 21 de diciembre ha conmovido a la comunidad universitaria. Después de décadas de servicio como Rector y Vicerrector, dedicó muchas horas, tras su jubilación, a escribir la historia de la Universidad de Navarra.

Redacté estas letras mientras su cuerpo reposaba en el Salón de Grados del Rectorado, adonde acudieron a darle su último adiós muchos profesores, graduados y personas de la administración universitaria y los diversos servicios que mostraban así su gratitud hacia quien sirvió tan generosamente a la Universidad de Navarra. En ese mismo Salón durante doce años tuve la fortuna de acompañarle en la reunión semanal de la Comisión Permanente de la Junta de Gobierno. Siendo rector el profesor Alfonso Nieto, la ayuda y el apoyo del profesor Ponz como vicerrector fue importantísima, y para mí -secretario general entonces- fue una magnífica escuela de buen gobierno.

Dos rasgos querría destacar del profesor Ponz. El primero es su fidelidad inteligente a san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei y de esta Universidad. Francisco Ponz lo trató muy estrechamente desde 1940 hasta su fallecimiento en 1975 y siempre procuró que en esta Universidad estuvieran siempre presentes los principios básicos fundacionales que san Josemaría deseaba para ella, el ideario y los rasgos esenciales que la habrían de caracterizar a lo largo del tiempo.

El segundo rasgo es el de su humildad. Siendo una persona más bien tímida, aunque con una auctoritas extraordinaria, deseaba siempre escuchar a los que debían tomar parte en las decisiones colegiadas, aunque tuviéramos cuarenta años menos que él. Le interesaba siempre el parecer de los jóvenes y de quienes pensaban sobre un tema cualquiera de forma distinta a la suya. Era un científico concienzudo y a la vez -como buen hijo de san Josemaría- era un enamorado de la libertad personal.

Fidelidad, humildad, trabajo y santidad personal. Desde que en 1940 se incorporó al Opus Dei se preparó día a día -durante ochenta años- para dar el salto hacia el Cielo. Su muerte en la propia sede central de la Universidad de Navarra es un como un homenaje a su dilatado servicio y el aflujo constante de personas que le querían y admiraban es una señal de la fecundidad de su vida de entrega. Descanse en paz.