Ómicron cambia las reglas de la pandemia, que podría tratarse como gripe

La “versión” más contagiosa de la covid está obligando al mundo a plantearse si seguir tratándola como tal o cómo una enfermedad endémica como la gripe

La epidemia de gripe de 1918 afectó durante un año y medio o dos a millones de personas y después quedó como una enfermedad endémica que ha sobrevivido hasta nuestros días. Así es como se comportan los coronavirus, y como el SARS- COV-2 parece que acabará comportándose en el futuro: afectará durante la temporada invernal a muchísima gente y provocará enfermedad grave solo a algunas personas.

El factor de cambio ha sido la aparición de la B.1.1.529, más conocida por su nombre «artístico», Ómicron. Esta nueva variante, más contagiosa pero también más leve, representa la tendencia natural de los virus aéreos: generar más capacidad de dispersión pero causar menos daño al hospedador. “Únicamente los virus que se transmiten de forma asintomática acaban teniendo una presión selectiva positiva, por pura selección natural: los más virulentos causan más estragos, las personas fallecen o acaban ingresadas y ese virus deja de transmitirse”, señala Estanislao Nistal, virólogo y profesor de Inmunología Clínica de la Universidad San Pablo-CEU.

Pero no solo el patógeno ha evolucionado, nosotros también lo hemos hecho. “Hay un cambio de tendencia en el sentido de que la mayor parte de la gente a la que se enfrenta la variante está vacunada o ha tenido la infección. Si no, estaríamos hablando de una Alfa o una Delta. Es una co-evolución, de ambos”, añade. A la inmunidad desarrollada de forma natural hay que sumar la lograda gracias a las dosis de refuerzo que ya ha recibido más del 30% de la población en España. Entre ellos, además del personal sanitario, están la práctica totalidad de los inmunodeprimidos, el 88% de los mayores de 70 años y el 75% de los sexagenarios.

Sin embargo, más de un millón de personas se han contagiado en España desde el 13 de diciembre, la mitad de ellos en la última semana del año. La OMS alertó ayer de que Ómicron contagiará a más de la mitad de la población europea en un plazo de seis u ocho semanas. La variante es ya dominante en Europa occidental y ahora “se está propagando por los Balcanes”. Esta realidad, la incertidumbre relacionada con el virus, la alta transmisibilidad de Ómicron y la carga hospitalaria derivada de ésta hacen que, posiblemente, sea prematuro pensar en tratar la covid como una enfermedad endémica.

La investigadora del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Margarita del Val, pidió ayer esperar a que acabe la sexta ola de la pandemia para estudiar si se califica esta enfermedad de endémica: “Todavía no estamos en ese momento. No sabemos si van a explotar los casos de hospitalización y de muertes- a un nivel mucho menor- pero el número de casos es tan superior a olas anteriores que puede ser muy grave”. También apuntó que hay muchos casos “ocultos”, en cantidad desconocida, que alejan la cercanía del descenso de la ola, y ha pedido que nadie se confíe porque la menor gravedad de los contagios actuales es gracias a la protección de la vacuna, no únicamente por la levedad de Ómicron.

¿Vendrá una variante peor?

Algunos expertos advierten de que, aunque en Virología el riesgo cero no existe, las probabilidades de que nos sorprenda alguna cepa futura al menos tan infecciosa como Ómicron y tan mortal como Delta, son mínimas.

Dos médicos israelíes de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Zvika Granot y Amnón Lahad, hacían hace unos días una interesante valoración que puede ayudar a “quitar hierro” a la escalada de contagios sin precedentes que estamos viendo en todos los países del mundo, vacunados o no. «Mucha gente va a contagiarse, pero tendrán mocos y tal vez fiebre por un par de días, y luego seguirán con su vida normal. Cuando se dan este tipo de situaciones, la gran mayoría se infecta y lo supera, desarrollando verdadera inmunidad grupal”, afirmó Granot. “Desde algún punto de vista, yo creo posible que Ómicron sea la luz al final del túnel”, agregó.

Sin embargo, para otros, la meteórica expansión de Ómicron hace patente que no estamos tratando en serio de luchar contra la transmisión. “Habría que trabajar de un modo mucho más responsable en parar la transmisión o disminuir su velocidad, por los efectos en la salud y los hospitales, por la covid persistente y por la aparición de nuevas variantes, que salen de la mayor transmisión», señala José Luis Jiménez, investigador de la Universidad de Colorado (Estados Unidos), especializado en la transmisión de aerosoles.

Respecto a la gran pregunta de si estamos en la recta de la pandemia, Jiménez no se muestra muy optimista. Cree que no podremos convivir con el virus sin que suponga un problema de salud pública. «Hay un artículo en la revista Science esta semana donde los científicos y la OMS dicen que no se sabe. La selección del virus no tiene que ver con la gravedad: Delta era más grave que la variante inglesa (Alfa) y Ómicron es menos, pero esto es por casualidad. La transmisión ocurre mucho antes que los síntomas graves, por lo que los síntomas sean más o menos graves no tiene influencia sobre la evolución del virus, y pensar esto es un error. Los expertos virólogos dicen que las variantes nuevas no tienen por qué ser más suaves», explica.

Las futuras vacunas

De hecho, ayer mismo la OMS – que hace apenas un mes defendía que las vacunas actuales “funcionaban” frente a Ómicron – reconocía la necesidad de actualizar los antídotos con el objetivo de adaptarlos a esta y futuras nuevas variantes. La primera compañía en anunciar su vacuna específica frente a Ómicron fue Pfizer, que el pasado lunes aseguró que, para el mes de marzo, tendría disponible una versión de Comirnaty que tenga una protección «mucho mejor» contra las infecciones.

Para el organismo, las futuras vacunas contra la covid deben basarse en cepas genética y antigénicamente próximas a las variantes del SARS-CoV-2 en circulación; ser más eficaces en la protección contra la infección para reducir la transmisión comunitaria y la necesidad de adoptar medidas sanitarias y sociales; o provocar respuestas inmunitarias amplias, fuertes y duraderas para reducir la necesidad de sucesivas dosis de refuerzo.

¿Un coronavirus más?

El debate, cuando pase la ola de la Ómicron, será si cambiar la estrategia hacia tratar a la covid como una enfermedad más y convivir de una forma cada vez más natural con el virus, aunque se mantenga la vigilancia y la alerta ante nuevas variantes que puedan dar “giros de guion”.

Por otro lado, los científicos tienen su propia manera de decidir que una pandemia ha terminado. Pero un marcador social-científico útil es cuando las personas se han acostumbrado a vivir con la presencia continua de un patógeno en particular. Según esa definición, el aumento masivo de infecciones por Ómicron que actualmente están atravesando decenas de países desarrollados, y que solo ha provocado una respuesta “a medias”, es una prueba clara de que podríamos estar llegando al final de la pandemia, al menos como fenómeno sociológico.

Otro aspecto a tener en cuenta es que los virus son más peligrosos cuando se introducen en una población que nunca antes ha tenido contacto con ellos. Cuanto más “inmunológicamente ingenuas” son las personas, más probabilidades hay de sufrir malos resultados. Esto sugiere que los próximos meses podrían proporcionarnos una protección significativa contra futuras variantes: una vez que una gran parte de la población esté expuesta a Ómicron, la humanidad será mucho menos “inmunológicamente ingenua”.