Relaciones de pareja

Se nos rompió el amor: la ciencia de las rupturas

El paracetamol reduce el dolor físico... y el provocado por el mal de amores

Pareja en una cafetería
Pareja en una cafetería Jesus G. Feria Jesus G. Feria

No pretendemos ser pájaro de mal agüero pero… El año pasado, de acuerdo a cifras del INE, los divorcios aumentaron un 12% respecto a 2020. Y casi un 30% de ellos se produjeron a finales del verano. Independientemente de la causa, la realidad es que todos hemos experimentado una ruptura. Más o menos dolorosa y con consecuencias diferentes, pero todos los adultos hemos bebido de esa copa. Comprender qué le ocurre a nuestro cuerpo y qué pasa a nuestro cerebro cuando lo hacemos no solo nos permite reconocernos en los efectos secundarios, también ayuda a los expertos a encontrar soluciones y tratamientos adecuados.

Los síntomas propios de ruptura, fatiga, desgana, dolor de cabeza y debilidad entre otros, son reales. Al menos así lo afirma un estudio realizado en Dinamarca que contó con 1.856 personas recientemente divorciadas. De acuerdo con las conclusiones, la mayoría señalaban una salud, mental y física, significativamente peor en comparación con un grupo comparativo no divorciado, incluso cuando los investigadores controlaron los factores sociodemográficos. Esto era especialmente notorio si el divorcio era conflictivo. Pero hay más.

Gracias al avance en la capacidad de investigar el cerebro, los científicos ahora saben que el dolor físico y el dolor provocado por una ruptura se procesan en algunas de las mismas regiones del cerebro. De hecho una ruptura activa los mismos mecanismos que una lesión. Cuando nos fracturamos un brazo, por ejemplo, el cerebro «decide» qué tan angustioso es el evento y genera una respuesta conductual adecuada. El mismo circuito neuronal puede activarse cuando el cerebro procesa esta lucha emocional.

Otro estudio, publicado en el «Journal of Social and Personal Relationships», confirmó estos hallazgos mediante imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI). Los análisis mostraron que una región del cerebro llamada corteza cingulada anterior (ACC) se activaba cuando los participantes experimentaban dolor físico, pero también cuando se sentían rechazados.

Los experimentos realizados con imágenes magnéticas funcionales sugieren que el simple hecho de ver una fotografía de una pareja romántica –más si hemos sido rechazados por ella y seguimos teniendo sentimientos– activa partes del cerebro asociadas con el anhelo, las ganancias y pérdidas, y la regulación emocional. Aquí se activa el área tegmental ventral rica en dopamina, la misma región que se activa por la adicción a las drogas. Comprender su similitud neuronal con los estados adictivos podría eventualmente propiciar tratamientos terapéuticos más efectivos para la angustia que ha ido demasiado lejos y durante demasiado tiempo.

Lo interesante de esto es que otro estudio, también centrado en la superposición entre el dolor físico y el emocional, ha demostrado que el paracetamol reduce el dolor físico, pero también el provocado por las rupturas. El efecto fue evidente no solo por la declaración de los voluntarios, sino también se pudo observar en los escáneres cerebrales. Cuando se indujeron sentimientos de rechazo, la parte del cerebro asociada con el dolor físico se iluminó en los participantes que no tomaron paracetamol, en cambio quienes sí lo tomaron, mostraron una actividad significativamente menor en esa parte del cerebro.

La realidad es que nuestro cerebro es adicto al amor. Allí se generan las hormonas de la felicidad, la dopamina y la oxitocina, pero cuando el objeto de nuestro deseo desaparece, también lo hacen estas hormonas y en su lugar llegan el cortisol y la epinefrina, vinculadas al estrés. En pequeñas dosis garantizan que respondamos rápida y eficazmente a las amenazas, pero si se acumulan en el tiempo, provocan problemas. Por ejemplo, demasiado cortisol en el cerebro envía sangre a los principales grupos musculares. Éstos en respuesta se tensan para responder a la amenaza, pero como esta no existe y el músculo no libera la energía, llegan los dolores en el cuerpo, rigidez en las articulaciones y la sensación de presión en el pecho. Pero hay más: el cortisol desvía la sangre del sistema digestivo y esto puede causar problemas estomacales como calambres, diarrea o pérdida de apetito. Por si esto fuera poco, cuando las hormonas del estrés corren desenfrenadas, el sistema inmunológico puede tener problemas, lo que aumenta la vulnerabilidad a las enfermedades. También llegan las dificultades para dormir y los problemas para realizar juicios sensatos.

Que el cerebro trate la ruptura como un dolor físico es un tema que fascina a los científicos. Y esto nos beneficia tras romper con una pareja. Un equipo de la Universidad de Michigan descubrió que cuando experimentamos dolor físico, el cerebro activa su sistema de respuesta opioide, liberando analgésicos naturales. Sorprendentemente, lo mismo sucede cuando nos sentimos rechazados. El lado positivo es que puede aumentar los opioides naturales de su cerebro con ejercicio o realzando actividades que nos provoquen placer, como pintar, leer, etc.

Existen cientos si no miles de libros que tratan sobre afrontar una ruptura, pero la ciencia ha encontrado dos muy efectivos. Uno es aumentar la producción de opioides naturales como señalamos antes. Pero también hay otra opción, más directa y sencilla, según un análisis de expertos en neurociencia de la Universidad de Colorado: el efecto placebo.

En el estudio, cuando las personas que habían pasado recientemente por una ruptura inesperada recibieron un «poderoso aerosol nasal para reducir el dolor emocional», informaron sentirse mejor después de ver una imagen de su ex. El escáner cerebral confirmó que sus cerebros también respondían de manera diferente. El único detalle importante es que el poderoso aerosol nasal era una solución de agua y sal. Nada más.

¿Y ahora quién se queda con los niños en verano?

Lo que debería ser un periodo de relajación, como son las vacaciones de verano, se puede convertir en motivo de conflicto entre padres divorciados. Por lo general, el convenio regulador en cualquier régimen, ya sea compartida o exclusiva con régimen de visitas, suele dividir a partes iguales el tiempo de las vacaciones que los hijos pasarán con cada uno de sus progenitores.

Sin embargo, en ocasiones, esto no resulta tarea fácil, ya que los padres no se ponen de acuerdo sobre diferentes aspectos relacionados con el periodo vacacional, como recoge un estudio de DAS Seguros.

Divorcios y separaciones se regulan por el artículo 90 del Código Civil y sobre su base se elaboran los documentos que reflejan cuestiones como el uso de la vivienda familiar, la pensión compensatoria, la custodia de los hijos, el régimen de visitas, así como la liquidación del régimen económico del matrimonio. Natalia Mañas, abogada especialista del Centro de Asistencia Jurídica de DAS, explica que «la firma de este convenio es obligatoria cuando se presenta demanda de separación o divorcio, pero es especialmente aconsejable en el caso de parejas que no han contraído matrimonio y tienen hijos menores».

La abogada destaca que este convenio debe ser revisado y aprobado por un juez o por un notario aunque señala que, siempre que haya hijos menores, se deberá acudir a un juzgado para su aprobación.

Si se ha fijado una pensión la persona obligada debe seguir pagándola también en los periodos en los que tiene a los niños, ya que, en caso contrario, se estaría dando un incumplimiento de sentencia. También se pueden generar diferencias sobre quién debe costear las actividades de los menores. Ante esta situación, los expertos indican que los padres deberán compartir gastos si se trata de un servicio que ambos necesitan y no está incluido en el cálculo de la pensión alimenticia.

Aun así, si se trata de la voluntad de uno de los dos progenitores y no es una cuestión estrictamente necesaria, el padre que quiera hacerlo deberá asumir el gasto completo.

El verano se caracteriza por un aumento de las rupturas. Durante las vacaciones pueden suponer una buena oportunidad para disfrutar con la pareja, pero la falta de habilidad a la hora de comunicarnos y resolver conflictos puede llevar a la ruptura.