Isótopos radiactivos de Chernóbil en Tenerife

Ahora, 36 años después del desastre nuclear, se confirma que llegaron a la isla con las nubes de polvo que viajan desde el Sáhara

Carretera de Tierra del Trigo, en Tenerife
Carretera de Tierra del Trigo, en Tenerife FOTO: CABILDO DE TENERIFE CABILDO DE TENERIFE

Material radiactivo procedente de las inmediaciones de Chernóbil se encuentra casi 40 años después del famosos accidente nuclear en los suelos de Tenerife. Así de contundente es el resultado de un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Málaga, publicado en «Journal of Geochemical Exploration», que da idea de la ubicuidad de los restos contaminados con radiación repartidos por todo el planeta.

La conexión Chernóbil-Tenerife ha dejado su huella en forma de presencia de pequeñas cantidades de Cesio 134 y Cesio 137 en la isla llegadas a lomos de pequeñas partículas en suspensión de polvo del desierto del Sahara. ¿Cómo ha podido llegar la radiación tan lejos? ¿Cuán preocupante es el fenómeno?

La investigación ahora publicada es en realidad el resultado final de un estudio que tiene sus antecedentes en mediciones tomadas en la década de los 90 del siglo pasado. En aquél entonces, expertos del Laboratorio de Física Médica y Radiactividad de la Universidad de La Laguna detectaron la presencia de radionúclidos en aerosoles en los suelos de Tenerife. Un radionúclido es un isótopo de un elemento radiactivo. Ha sido necesario contar con una visión más profunda del fenómeno de intercambio de materiales en la atmósfera, un conocimiento más exhaustivo del transporte de partículas a través de episodios de calima y años de estudio para lograr, ahora, una explicación plausible a la presencia de estos isótopos en la isla.

No hubo llegada directa

El trabajo publicado dibuja una secuencia exacta de los hechos. Tras el accidente de la planta nuclear de Chernóbil, buena parte de las partículas radiactivas generadas se dispersaron por Europa. Cierta cantidad de ellas llegaron a recorrer distancias mucho mayores dentro del hemisferio Norte hasta llegar a impactar en tierras del Norte de África. Según explican los autores de la investigación «las simulaciones de las columnas radiactivas emitidas desde Chernóbil no parecen indicar que hubiera una llegada directa de material contaminado desde Ucrania hasta las Islas Canarias».

Pero es aquí donde entra en juego la maravillosa y aún no bien entendida dinámica de los vientos, del transporte de aerosoles y de las conexiones invisibles en la baja atmósfera a través de lo que algunos científicos llaman autopistas de aire.

El norte de África es el territorio del planeta que más polvo mineral produce de manera natural. Entre el 36 y el 79 por 100 de todas las emisiones de polvo en suspensión del mundo (según mediciones y épocas) procede de las septentrionales regiones secas del continente. En España somos buenos conocedores del fenómeno. Las habituales calimas que se producen sobre todo con los anticiclones estivales pero que pueden ocurrir en otros momentos no son más que nubes de polvo norteafricano flotando durante cientos de kilómetros. La dinámica es muy compleja, pero uno de los muchos factores que intervienen en el proceso es la circulación atmosférica sobre el Atlántico. Sucesos de convección elevan las nubes de polvo desde el Sahara o las regiones del Sahel hasta seis o siete kilómetros de altura. Cuando los vientos acarrean la calima hacia el oeste, al llegar a las costas africanas, parte del polvo puede ser desplazado por corrientes de aire cálido que forman una capa conocida como SAL (Saharan Air Layer). A partir de ahí el material puede ser transportado por la costa de África, impulsado a otras capas de aire o llegar a depositarse en las Islas Canarias.

Hasta aquí, el proceso natural que transporta polvo por casi todo el mundo, que genera las incómodas lluvias de barro tras la calima y que incluso puede llegar al Amazonas. Se cree que parte de los nutrientes de las fértiles tierras amazónicas proceden de nubes de mineral desde África.

Tras el accidente de Chernóbil, se registró emisión de aerosoles radiactivos durante al menos diez días. Durante ese tiempo, los vientos cambiantes y la incidencia de la lluvia depositaron la mayor parte del material en Europa. Pero una parte pequeña de las partículas voló hasta lugares tan alejados como Japón, Estados Unidos y el Norte de África.

Cesio 137 y Cesio 134 a través de resuspensión

No hay muchos datos científicos sobre la capacidad de estos isótopos como el Cesio 137 y el Cesio 134 de sufrir lo que los técnicos llaman resuspensión: volver a elevarse a las corrientes de aire después de haber sido depositados en el suelo. Pero, tras estudiar los periodos de actividad y otras características de los restos hallados en Tenerife, los expertos consideran que eso fue exactamente lo que ocurrió. La resuspensión se puede producir por ejemplo, por culpa de un incendio forestar que devuelve al aire los materiales del suelo. O por un proceso tan habitual como el intercambio de polvo de la calima. Pero tras el desastre de Chernóbil también se añadieron los isótopos radiactivos del Cesio. Por fortuna, la cantidad y el tipo de actividad de estos isótopos no son suficientes para causar daño alguno. La población tinerfeña no ha recibido en ningún caso un aumento de radiación por culpa de este proceso global.