«Lo que realmente buscaba Benedicto XVI era la verdad, no su criterio personal»

Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei, afirma que «edificaba percibir la gran consideración que le merecían las opiniones de los demás»

Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei
Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei FOTO: La Razón La Razón

Nada más enterarse del fallecimiento, el día 31 de diciembre, de Benedicto XVI, el prelado del Opus Dei, Fernando Ocáriz, quiso destacar la capacidad de diálogo del Papa emérito, amén de su rico magisterio: «Edificaba percibir la gran consideración que le merecían las opiniones de los demás, aunque en ocasiones fueran distintas a las suyas».

Así se dirigía en nombre de quienes conforman esta realidad eclesial que cuenta con unos 2.000 sacerdotes adscritos, amén de una estructura de numerarios, supernumerarios, agregados –que se asemejan a los consagrados– juntos a otros laicos con una vinculación más o menos formal hasta conformar más de 100.000 personas.

En la antesala de las exequias del pontífice alemán, Fernando Ocáriz conversa con LA RAZÓN sobre el legado del Papa sabio.

¿Cree que la Historia acabará haciendo justicia con Benedicto XVI por encima de los tópicos que le han perseguido hasta ahora?

Las manifestaciones de afecto que se produjeron en el año 2013, al final de su pontificado, y ahora, después de su fallecimiento, son expresión de la huella profunda que deja en millones de personas. Además, en sus casi ocho años de pontificado, Benedicto XVI nos ha dejado una amplísima predicación, que constituye un gran patrimonio espiritual y una enseñanza pastoral de gran belleza y profundidad, que ha ayudado y ayudará a orar, a pensar la fe, a vivir la caridad y a gestionar mejor las relaciones humanas, personales y sociales. Pienso que el conjunto de sus escritos y su magisterio serán en el futuro fuente de inspiración para muchos creyentes e incluso no creyentes.

Para usted, Benedicto XVI no solo ha sido un Papa, sino también alguien con quien mantuvo un trato cercano. ¿Qué recuerda de esa etapa de trabajo en común?

Desde que comencé a colaborar como consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en 1986, me llamó la atención su amabilidad y su capacidad para escuchar a todos. Aunque él no presidía la reunión de los consultores, tuve ocasión de estar a solas con él bastantes veces; nunca era él quien daba por terminada la conversación; nunca hacía notar que le esperaban otros asuntos. Daba gran consideración a las opiniones de los demás, especialmente si eran distintas a las suyas. Era muy fácil exponer ante él pareceres contrarios y no se molestaba, a pesar de que vinieran de un interlocutor de menor edad, preparación o experiencia. Lo que realmente buscaba y le interesaba era la verdad, no su criterio personal.

¿Cuál considera que es la mejor lección magistral que deja el Papa emérito aplicado al carisma del Opus Dei?

Me viene muchas veces a la cabeza aquella afirmación en la Misa de inicio de su pontificado: «No hay nada más bello que dejarse alcanzar por el Evangelio, por Cristo». Es como un resumen de lo que debería ser la vida de un cristiano, de un católico y, por tanto, de cualquier persona del Opus Dei. Como gustaba recordar a Benedicto XVI, la felicidad tiene un nombre y un rostro: el de Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía. Para todos los católicos del mundo, pienso que otra lección importante es la de su amor a la Iglesia y al Papa, que se ha hecho evidente en estos últimos años con respecto a su sucesor, el Papa Francisco.He contado otras veces que, cuando Monseñor Marcel Lefebvre aceptó lo que se le propuso y poco después se echó para atrás, pude presenciar la expresión que le salió del alma con pena al cardenal Ratzinger: «¡Cómo no se dan cuenta de que sin el Papa no son nada!».

Los grandes titulares están destacando el legado teológico de Joseph Ratzinger. ¿Y como pastor? ¿Qué destacaría de él?

Resaltaría su humildad y su amor al Señor, que le han hecho capaz de responder con un «sí» a lo que Dios y la Iglesia le pedían en cada momento, con sencillez, pero al mismo tiempo con determinación y fidelidad; por ejemplo, cuando se mantuvo al frente de la Congregación para la Doctrina de la fe, a petición de San Juan Pablo II o cuando, tras el fallecimiento del Pontífice, pensó que ya podría retirarse a su Alemania natal para poder dedicarse a la oración y al estudio. Pero el Señor tenía otros planes...

A menudo se contrapone la figura de Benedicto XVI a la de Francisco, hablando incluso de ruptura. ¿Comparte esta visión?

Cada Papa, cada pontificado, trae su propio estilo. Esa diversidad es una riqueza en un sentido amplio mediante una plena y evidente continuidad en todo lo que es esencial en la Iglesia católica en esencia. Benedicto XVI ha sabido hacerse a un lado cuando así lo ha visto en conciencia, sirviendo a la Iglesia y al Papa con su oración silenciosa. Y hace pocos días, el mismo Papa Francisco recordaba en una entrevista que lo visitaba con frecuencia y que salía edificado de su mirada transparente, de su contemplación y buen humor, y que le admiraba su inteligencia y su alta vida espiritual.