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«Alas» solidarias para animales con discapacidad

Un soldador en paro fabrica sillas de ruedas para animales con problemas de movilidad. Ha creado la asociación Ángeles caídos sobre ruedas y tiene más de cien encargos

Un soldador en paro fabrica sillas de ruedas para animales con problemas de movilidad. Ha creado la asociación Ángeles caídos sobre ruedas y tiene más de cien encargos

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En ocasiones, la mejor manera de superar un mal momento es ayudar a los demás, o a los animales. Así fue como Jaime I. Álvarez García-Mares, soldador afincado en La Coruña, se comprometió a ayudar a perros y gatos que no podían andar, fabricándoles sillas de ruedas artesanales. Ha tenido tanto éxito su iniciativa que desde su asociación «Ángeles caídos sobre ruedas» recibe cientos de peticiones de todo el mundo, para dar «alas» a todos aquellos animales que buscan una segunda oportunidad.

Todo empezó cuando al soldador le llegó un caso de una perrita abandonada, Pitusa, que fue atropellada en Carballo. «Que yo la fabricase una silla de ruedas abría las puertas a su adopción, por eso me animé a ayudarla. Se juntó todo un poco, mi mala situación personal, un mal año... y que quería ayudarla. Por eso me propuse fabricarle una silla», explica Jaime Álvarez. Una vez fabricada, se la llevó a la perra para que la probase. Tras constatar que la silla le servía para poder moverse, colgó un vídeo de la perrita usándola en su perfil de Facebook. «Se vio muchísimo y me llegaron multitud de peticiones de gente solicitando que le fabricase una silla a su perro. Más tarde decidí crear el perfil de ‘‘Ángeles caídos’’ para poder gestionar mejor todas estas peticiones».

Aunque reconoce que cuenta con gente que le echa una mano, la mayor parte del trabajo lo lleva a cabo él sólo. «Mi trabajo como soldador era muy esclavo, las jornadas eran muy largas y aún así conseguía sacar tiempo para hacer este tipo de cosas». Aunque antes compatibilizaba esta labor solidaria con su trabajo, actualmente Álvarez está cobrando la prestación por desempleo que pronto se le acabará. «Cuando empezó todo esto no era consciente de dónde me estaba metiendo. Ahora mismo tengo muchos encargos, alrededor de unos 100. Ni siquiera sé cómo voy a pagar la luz el mes que viene pero es muy difícil no ayudar a personas que quieren dar una mejor calidad de vida a sus mascotas». Este trabajo, que tanto tiempo le lleva, es totalmente solidario, pues tal y como reconoce, «no veo ni un duro». Todo el dinero que recauda a través de la fundación es sólo para cubrir los gastos de material. «Me sabe mal cobrar por las sillas de los perros. Nadie tiene un perro lesionado o atropellado por gusto, pero va a llegar un punto en que no pueda hacer frente a más peticiones». Jaime sabe lo que es convivir con una mascota que no se puede mover por sí misma, ya que hace 15 años tuvo que sacrificar a su perro por tener más de cinco hernias que no le permitían moverse. Por eso comparte el dolor que sienten los dueños de las mascotas que tienen problemas de movilidad. El problema para Jaime es que «70 casos no se pueden atender de un día para otro. Siempre me he volcado con los problemas de los demás, por eso no digo que no».

Promesa a una perrita

Desconoce cuál será el futuro de «Ángeles caídos sobre ruedas» porque sigue desempleado y se le acaba la prestación. «Tengo la presión de todos los casos que me solicitan una de las sillas. Todo el mundo quiere su silla y la quiere ahora. Es normal, pero mi trabajo implica tiempo y no puedo ir tan rápido como me gustaría». Pese a todos los problemas, ¿por qué sigue Jaime con su proyecto? «Mi motivación es la satisfacción que obtuve desde el primer caso. A esa perrita le prometí que ayudaría a cuantos perros pudiera. Y eso es lo que estoy haciendo».

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