El sexto sentido

Diseñan un sensor para comunicarlo todo

Madrid- Caminas por el centro de la ciudad y de pronto ves una casa con el color exacto del que quieres pintar el cuarto de tu hija. Hasta ahora, si esto ocurría, hacías una imagen con tu smartphone y luego le mostrabas el color al dependiente de la tienda, rogando que la luz y la calidad de la cámara no confundieran el ojo del experto y te recomendara un color similar.

Sigues con el paseo y descubres un restaurante nuevo de comida vietnamita. El interior parece interesante y una vista al menú te confirma que será una buena elección para una futura cena romántica. Coges el número del local y llamas más tarde.

Estas escenas, nada extraordinarias, en breve cambiarán por completo cuando la creación de Martin Kaltenbrunner, de la Universidad de Tokio, llegue a la calle. Este ingeniero ha diseñado circuitos electrónicos flexibles que pueden ser fabricados en una superficie ultrafina, conocida como folios de polímero, que tienen una quinta parte del grosor del papel de plástico con el que envuelves los bocadillos y son 30 veces más livianos que el papel de oficina. Debido a la flexibilidad, los circuitos son casi irrompibles y la adherencia del papel les permite colocarlos en superficies irregulares. El equipo de Kaltenbrunner ha construido uno de estos circuitos y le agregaron un sensor táctil. «Imagina a una persona que no es capaz de comunicarse porque no puede mover ninguna parte de su cuerpo excepto la lengua – explica este ingeniero de origen alemán–. «Colocaríamos el sensor en el paladar de la persona, algo completamente indoloro, y podríamos obtener respuestas de sí o no. Esto constituiría un salto enorme en su independencia». Otro posible uso sería, gracias al mismo sensor de presión, como piel artificial para robots de modo que su sensibilidad al manipular objetos sea mucho más exacta. Los ingenieros también han creado un sensor térmico que se puede colocar en cualquier parte del cuerpo, como un apósito y monitoriza constantemente la temperatura corporal. Para la industria médica esto constituye un primer paso revolucionario. Controlar la temperatura, el ritmo cardiaco, el flujo sanguíneo en el cerebro o en otros órganos en tiempo real y reaccionar con un aviso cuando se produce una alteración será como llevar un médico encima... sin darnos cuenta, ni esperar por la cita previa. La gran ventaja de este circuito, aparte de su gran resistencia, es que el folio de polímeros es muy económico. «Es verdad – concluye Kaltenbrunner–, la industria médica podría beneficiarse en gran medida, pero debido a su reducido coste, yo veo esta tecnología en todas partes. En poco tiempo sucederá como en las películas de ciencia ficción, que tocas una pared y hace algo», como por ejemplo, decirte qué número de color en la escala Pantone es el que has visto en una pared y enviarte la información directamente al sensor de tu brazo o permitirte ver, en el escaparate de un restaurante, sus últimas críticas y, si te atreves, reservar una mesa con solo tocar el cristal: este se comunicará vía bluetooth con tu móvil y te confirmará tu reserva. La tecnología para esto, como hemos visto, ya existe, solo falta que alguien de el primer paso.