
Viaje oficial
El Papa alienta a un Líbano castigado: «¡No se rindan!»
León XIV aterriza en un país golpeado por una crisis social, política y económica, a la que se suman los ataques israelíes a Hezbolá

León XIV ya está en Líbano, donde busca fundamentalmente ser bálsamo para una población cercada por la inestabilidad política, la tensión social, la debacle económica y la vulnerabilidad propia del avispero de Oriente Medio. Después de una estancia de cuatro días en Turquía, el Papa agustino aterrizó este domingo en el Aeropuerto Internacional Rafic Hariri de Beirut para una visita de tres días al país mediterráneo.
La fuerte lluvia que cubría la capital no ha alterado los planes institucionales para recibir con honores al Pontífice norteamericano ni frenó el entusiasmo de los fieles que quisieron acercarse al lugar. Tras esta ceremonia de bienvenida, León XIV se dirigió directamente al Palacio Presidencial a las afueras de la ciudad, donde mantuvo un encuentro con el jefe de Estado libanés, Joseph Aoun, un militar católico maronita que, desde que llegó al poder en febrero, intenta de encauzar a una nación sumida en constantes crisis. Prueba de ello es que hasta que Aoun asumió el liderazgo, el vacío de poder asoló a Líbano durante dos años.
Desde el Salón 25 de Mayo del Palacio Presidencial, donde le rodeaban las principales autoridades del país, el Santo Padre se hizo emisario del lema con el que la Iglesia libanesa ha querido enmarcar su peregrinación: «¡Bienaventurados los que trabajan por la paz!».
«Ustedes son un pueblo que no se rinde, sino que, ante las pruebas, siempre sabe renacer con valentía», entonó Robert Prevost, sabedor de que, entre todas las heridas abiertas que sufre Líbano, se encuentra esa maltrecha tregua que hace un año se firmó con Israel. De hecho, este mismo jueves, el Gobierno de Benjamín Netanyahu no dudó en atacar infraestructuras de Hezbolá en Al-Mahmoudiya y Al-Jarmak, regiones del sur, en la enésima operación en estos meses. El Ejecutivo israelí asegura que han llevado a cabo unas 1.200 incursiones que habrían acabado con 370 combatientes de Hezbolá, Hamas y otros grupos palestinos. Por su parte, Hezbolá dio la bienvenida al Papa a través de un comunicado en el que le pidió que «rechace» públicamente las agresiones de Israel contra el país.
Con estas coordenadas no es de extrañar que León XIV en sus primeras palabras subrayara que «el compromiso y el amor por la paz no conocen el miedo ante las aparentes derrotas, no se dejan doblegar por las decepciones, sino que saben ver más allá, acogiendo y abrazando con esperanza todas las realidades». «Su resiliencia es una característica imprescindible de los auténticos constructores de paz», destacó sobre la ciudadanía libanesa, a la que animó a cultivar la tenacidad y la perseverancia.
En su radiografía del contexto doliente libanés, el Papa actual parafraseó a Francisco al subrayar que han sido víctimas de «una economía que mata», además de padecer una «inestabilidad global» que tiene «repercusiones devastadoras», sumada a la «radicalización de las identidades».
A la par, denunció el éxodo que este viacrucis cotidiano ha generado: «Sabemos que la incertidumbre, la violencia, la pobreza y muchas otras amenazas producen aquí, como en otros lugares del mundo, una hemorragia de jóvenes y familias que buscan un futuro en otros lugares, a pesar del gran dolor que representa dejar su patria». Entre los elogios a esta nación en la que un tercio de su población es católica –entre maronitas, latinos, griegos católicos, siro-católicos, caldeos y armenios católicos– León XIV valoró precisamente que es «un país variado, una comunidad de comunidades».
Las palabras de ánimo no se quedaron ahí: «No solo saben recomenzar, sino que ante todo lo hacen a través del arduo camino de la reconciliación». En su reflexión, el Pontífice remarcó que «no hay reconciliación duradera» sin que «el bien prevalezca sobre el mal sufrido o infligido en el pasado o en el presente».
Y como sucediera en Turquía, el Santo Padre quiso destacar en su discurso el papel «imprescindible» de las mujeres libanesas en el «arduo y paciente compromiso de custodiar y construir la paz». «No olvidemos que las mujeres tienen una capacidad específica para trabajar por la paz, porque saben custodiar y desarrollar vínculos profundos con la vida, con las personas y con los lugares», enfatizó.
Este respaldo de León XIV al pueblo libanés supone de alguna manera también un apoyo a los palestinos gazatíes, puesto que Líbano es lo más cerca que el Pontífice ha podido estar de la Franja. De hecho, no fue en el Palacio Presidencial, pero sí en el encuentro que mantuvo con los periodistas en el vuelo papal donde volvió a reivindicar la solución de los dos Estados que siempre ha defendido la Santa Sede, en línea con la ONU. «Aunque Israel no la apoya lo vemos como la única solución que se puede ofrecer para el conflicto que continuamente viven», detalló. Para no dejar lugar a equívocos, matizó que el Vaticano «es amigo de Israel» y que «está intentando con las dos partes ser una voz mediadora que pueda ayudar a una solución justa para todos». A la vez, dejó caer que Turquía podría tener que «jugar un papel» en esta vía hacia la paz.
El presidente libanés correspondió como anfitrión a las palabras de León XIV con una intervención en la que presumió de estar al frente de «un país único en su régimen, donde cristianos y musulmanes son diferentes en las creencias pero iguales en derechos, bajo una Constitución basada en la igualdad entre ellos». Y lanzó una reflexión más: «Ya que lo que el Líbano junta, el mundo en sí mismo no puede contener, y lo que el Líbano une, ninguna fuerza puede dividir. Solo con esta ecuación puede el Líbano estar en paz en esta región, y esta región estar en paz con el mundo».
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