
Opinión
El secuestro de Santa Sofía
Construida en el siglo VI por el emperador bizantino Justiniano y consagrada como catedral en el 537, el vasto edificio fue transformado en mezquita en 1453

En un momento bajo de su fulgurante carrera política, Recep Tayyip Erdogan decidió lanzar un órdago en 2020 transformando el Museo de Santa Sofía en una mezquita abierta al culto musulmán. Construida en el siglo VI por el emperador bizantino Justiniano y consagrada como catedral en el 537, el vasto edificio fue transformado en mezquita en 1453 después de la conquista de Constantinopla por el sultán Mehmet II. Fundador de la Turquía moderna y laica, Mustafá Kemal Atatürk decidió en 1934 «ofrecer a la humanidad» esta joya de la arquitectura desconsagrándola para convertirla en un museo visitado desde entonces por millones de turistas de todo el mundo.
En julio de 2020, Erdogan, que se siente amenazado por algunas asociaciones fundamentalistas islámicas, decide dar el golpe con esta reconversión en mezquita, haciéndola rival de la Mezquita Azul.
Las reacciones en el mundo entero no se hicieron esperar. El primero en hacerlo fue el patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, que calificó la decisión de las autoridades turcas como un «proyecto demencial». No menos contundente fue la reacción del patriarcado de Moscú, que lo consideró como un golpe para los cristianos ortodoxos.
La Unesco, que había incluido Santa Sofía en la lista del Patrimonio Universal de la Humanidad, argumentó que el monumento debía garantizar su accesibilidad a las personas de cualquier raza, cultura o religión.
El Papa Francisco compartió entonces que estaba «muy dolorido» por esta decisión y esa ha sido hasta hoy la única toma de posición de la Iglesia católica ante el «secuestro» de Santa Sofía, que nació con la denominación griega de «hagya sophia».
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