El curioso origen de los colores de los semáforos: ¿por qué rojo, verde y amarillo?

Estos instrumentos de la seguridad vial llevan más de un siglo regulando el tráfico y lo cierto es que están tan integrados que es difícil imaginarse una ciudad sin ellos

El curioso origen de los colores de los semáforos: ¿por qué rojo, verde y amarillo?
El curioso origen de los colores de los semáforos: ¿por qué rojo, verde y amarillo?La RazónLa Razón

Obedecemos sus órdenes casi sin pensarlas. El poder de los semáforos en las carreteras está más que instaurado. De hecho, es podría decir que son de esas pocas señales que casi nadie se atreve a no cumplir. Están y, por lo tanto, hay que acatarlas. Todos sabemos que el rojo nos impide avanzar y que el verde nos permite seguir nuestro camino. Así de sencillo. Es algo que sale de forma natural. Estos instrumentos de la seguridad vial llevan más de un siglo regulando el tráfico y lo cierto es que están tan integrados que es difícil imaginarse una ciudad sin ellos.

Aparecieron por primera vez a finales de la década de 1860, coincidiendo con la puesta en marcha de los primeros trenes. En este época, el ferrocarril había experimentado un auge tremendo y también necesitaba algunas regulaciones. Surgieron casi de causalidad cuando el ingeniero inglés John Peake Knight se encargó de diseñar un sistema de señales sencillo que los maquinistas pudieran reconocer, asegurando una buena circulación entre las vías. Así, creó unos aparatos con brazos que indicaban Stop en posición horizontal y Continue cuando estaban inclinados. En definitiva, los dos primeros prototipos de semáforos de la historia.

Ese fue el punto de partida para el semáforo tal y como lo conocemos hoy en día. El 5 de agosto de 1914, se creó el primero semáforo de la historia, tal y como lo conocemos hoy en día, en Cleveland. A pesar de ser eléctrico, era operado manualmente y utilizaba luces para desplegar las palabras Stop y Move. Hoy en día, existen diferentes modelos y formas, pero los más comunes son aquellos que conocemos con las luces roja, ámbar y verde. Pero, ¿por qué estos colores y no otros?

¿Rojo, verde y amarillo?

En primer lugar, el rojo se mantuvo por su evidente relación con lo prohibido. No hay que olvidar que, tanto en la literatura como en el cine, este es el color del peligro y de sangre, lo que indica una restricción más que evidente. Desde el punto de vista técnico, también hay que tener en cuenta que se trata de la tonalidad con mayor longitud de onda dentro del espectro visible. ¿Esto qué quiere decir? Que es el que mejor se ve a grandes distancias. Dos aspectos que fueron más que concluyentes a la hora de mantenerlo en los modernos sistemas de regulación del tráfico. Como curiosidad, en China, donde se asocia al Partido Comunista, se intentó cambiar su función: es decir, que permitiese el paso en vez del verde... aunque esto quedó en una simple anécdota.

En segundo lugar, el verde. En este caso ocurrió todo lo contrario: nació con un significado y, con el paso del tiempo, adoptó otro completamente distinto. A día de hoy es la señal que nos indica que el paso está permitido, que podemos circular sin problema. Sin embargo, en la época de los primeros trenes, obligaba a los maquinistas a tener precaución, de tal modo que para seguir su camino debían a esperar a que este color se tornarse en otro más claro o, incluso, blanco. Este cambio de sentido se produjo después de que se produjeran algunos accidentes provocados porque los trenes tardan más en frenar y algunos conductores tendían a equivocarse con las luces.

Y, en tercer lugar, el amarillo o ámbar fue el último color en incorporarse a los semáforos. Se incorporó después de haber sido usado con éxito en otras tantas señales de tráfico que indicaban, al igual que el rojo, la necesidad de parar en un determinado momento. De hecho, cuando se incluyó se planteó como una transición de éste, indicando que es posible pasar pero con muchísima precaución. Además, técnicamente, presenta una longitud de onda amplia, mayor incluso que la del verde, lo que lo convirtió en el tono perfecto para marcar el paso de un color a otro. La primera vez que se utilizó tuvo lugar en Detroit, en 1920. En concreto, en la Avenida Woodward and Michigan. A partir de este momento, su uso comenzó a extenderse por todo el mundo.