«Inés del alma mía», a la conquista del mundo

Ya está disponible en Amazon la adaptación televisiva de la novela de Isabel Allende, protagonizada por Elena Rivera y Eduardo Noriega, sobre una mujer que participó en la construcción de Santiago de Chile

Es una impertinencia, casi una desconsideración, que se siga manteniendo que los momentos históricos tengan su columna vertebral en los hombres. Sí, eran la mayoría, pero existieron mujeres soberbias como Inés Suárez, que en el siglo XVI salió de su Plasencia natal revolviéndose contra todos para ser parte activa de la conquista de Chile. Su historia, y su romance con Pedro de Valdivia, se cuenta en «Inés del alma mía», una serie de ocho episodios, basada en la novela de Isabel Allende, que desde ayer se puede ver en Amazon Prime Video. Con hechuras de superproducción –se ha rodado en Chile, Perú y España– se ha forjado gracias a la unión de RTVE, Boomerang TV y Chilevisión.

Romper las normas

Para Elena Rivera –conocida por la audiencia por «Cuéntame cómo pasó»– Inés es de esos personajes que no se pueden dejar escapar. «Es una oportunidad que te ofrecen una vez en la vida o en muy pocas ocasiones. Al principio se la ve como una jovenzuela en Plasencia y terminó siendo la conquistadora de Santiago de Chile. Ha pasado a la Historia por las gestas logradas y sus victorias, algo que ha sucedido con muy pocas mujeres. Rompió todas las normas. Tenía un nervio que la empujaba a no quedarse quieta viendo la vida pasar. Quería otro tipo de existencia. Se quedó viuda de Juan de Málaga y luego se enamoró de Pedro de Valdivia», explica la actriz. Justo el encontronazo emocional lo vive con De Valdivia, al que interpreta Eduardo Noriega. Junto a él (no con él, una precisión necesaria) parten desde Cuzco hasta las tierras que hoy conocemos como Chile. «Era un hombre extraordinario; no tanto como Inés, porque ella supuso algo inédito para la época. Era muy inteligente, culto, un soldado, un guerrero con un altísimo concepto del honor y de lealtad al Rey. A pesar de sus dudas iniciales, decide que Inés se una a la expedición», comenta Noriega.

Sin embargo, su relación apasionada, de esas que marcan de por vida, no fue fácil. Llegan a lo que ahora es Santiago de Chile y sus caminos vitales se distancian. Como apunta Noriega: «Se ven asediados por los mapuches y él opta por seguir luchando y matando. Es más guerrero y su ambición le va a desbordar». Mientras, como apunta Rivera: «Ella solo quiere establecerse en un mundo que no esté encorsetado por las normas de la época, que no se la persiga y por un mundo igualitario». Para Inés la conquista finalizó; ahora lo que busca es su independencia.

Ese amor se queda en paréntesis porque la distancia a veces no es el olvido. Se distanciaron físicamente: De Valdivia regresó a Perú y fue juzgado por mantener una relación con esa mujer. «La defiende a muerte y dijo que era más valiente que muchos de sus generales y soldados que conoció en su vida». Después, como precisa Rivera: «Se separan, pero creo que tanto él como ella se amaron hasta en su lecho de muerte». Dejaron atrás un sueño, una utopía: que, quizá, el Nuevo Mundo no tuviese las convenciones del que dejaron atrás.

Derribar estatuas, ¿para qué y por qué?

Tanto Noriega como Rivera no entienden muy bien que se tumben estatuas de Colón y demás atropellos. «Creo que vivimos una pandemia de ignorancia. Hay que estudiar la Historia y juzgar los hechos desde aquel punto de vista y no el de ahora. Lo que está pasando me parece tan absurdo como proponer que se destruya el Acueducto de Segovia porque fue construido por esclavos en la Península», dice Noriega.