Feria de San Fermín

Poco que rascar en la Fiesta del Árbol

El poco juego de los toros de Adolfo Martín deslució la primera corrida del abono fallero

Rafaelillo pasó apuros con el peligroso primero, que se le coló varias veces
Rafaelillo pasó apuros con el peligroso primero, que se le coló varias veceslarazon

Valencia. Segunda de la Feria de Fallas. Toros de Adolfo Martín, el 5º corrido como sobrero, muy bien presentados, muy serios y con cuajo, pero de escaso juego. Un tercio de entrada.

Rafaelillo, de púrpura y oro, estocada, aviso (vuelta al ruedo); media, dos descabellos (silencio). Fernando Robleño, de guinda y oro, pinchazo, estocada (silencio), estocada (ovación). Javier Castaño, de azul noche y oro, cuatro pinchazos, tres descabellos, aviso (silencio); estocada (silencio).

Entre las cuadrillas, saludaron los banderilleros Ángel Otero, David Adalid y Fernando Sánchez.

Como si de una buena mascletá se tratase, la corrida de Adolfo Martín fue casi todo humo. Mucho estruendo, mucho ruido, mucha pólvora, pero sin apenas nada detrás. Y la verdad es que se esperaba más, bastante más, de esta ganadería que en los últimos años había lidiado corridas muy interesantes -la noche anterior, sin ir más lejos, el propietario de este hierro recogió un premio como uno de los triunfadores de la Feria de Fallas del pasado año- y significaba el punto de referencia para aquellos aficionados que buscan primero la emoción en el toro.

El encierro lidiado en esta primera corrida del abono tuvo, eso sí, una presentación excelente. Fueron toros muy serios, con leña, muy bien armados -casi todos fueron aplaudidos de salida y los que no lo fueron se debió al desencanto que su juego provocó en el público-, cuajados y bien hechos. Alguno anduvo más justo de fuerza pero, en conjunto, no se emplearon, se pararon y no dieron apenas opción a sus matadores.

Tampoco la afición valenciana quedó en muy buen lugar cuando apenas se tuvo en cuenta el esfuerzo hecho por Rafaelillo ante su primero, un toro que se quedaba muy corto por el pitón izquierdo y enseguida también lo fue por el otro; que se revolvía con endiablada presteza y al que el torero murciano, con mucho oficio y no pocos recursos, fue sacando una faena valentísima, despierta y eficaz que remató con una gran estocada en todo lo alto que no tuvo la recompensa merecida.

También estuvo muy firme y dispuesto con el cuarto, que sí mostró cierta disposición embestidora en el primer tercio, pero en la muleta no hubo ni rastro de aquella, buscando descaradamente y con mucho peligro. Aguantando tarascadas y gañafones, Rafaelillo le fue robando todos los muletazos que tuvo en otro trasteo valiente y de mérito.

Tampoco se hizo justicia al esfuerzo que realizó Javier Castaño con el sexto, del que aprovechó su mayor recorrido para muletear con más largura y temple, pero el frío y escaso brillo de lo visto hasta entonces hizo que la gente se fuese de la plaza casi sin esperar a que doblase el toro. Con su primero, muy pendiente del torero, hizo todo lo que estuvo en su mano pero sin resultados positivos ante la casi nula acometividad de su oponente.

Y prácticamente lo mismo se puede contar de Fernando Robleño, que se las vio con un primer astado que salió enterándose y entró al paso a la muleta, parándose definitivamente mediada su lidia.

El sobrero que hizo quinto, que también perdió las manos en varias ocasiones, sólo tuvo fachada y sus impresionantes defensas fueron lo más destacado de un animal que no se empleó en ningún momento y que, tras pensárselo mucho y más, embestía a cabezazos. Lo mejor del turno de Robleño, la sensacional estocada con que acabó con este ejemplar, que rodó sin puntilla.