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Roca Rey, triunfador del Festival del Club Taurino de Bilbao

El festejo registró una gran aceptación entre el aficionado bilbaíno, que ocupaba más de tres cuartos de entrada

  • Roca Rey saluda al público al término de la corrida de la Misericordia del Club Taurino / EFE
    Roca Rey saluda al público al término de la corrida de la Misericordia del Club Taurino / EFE

Tiempo de lectura 4 min.

09 de junio de 2018. 21:57h

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L.R.T..  9/6/2018

Un novillo para rejones, el primero, de los herederos de Ángel Sánchez y Sánchez, noble; y seis en lidia ordinaria de El Parralejo, el cuarto como sobrero, aceptablemente presentados, noblotes, blandos y bajos de raza. El mejor, el sexto.

Pablo Hermoso de Mendoza, ovación.

Enrique Ponce, ovación.

Julián López «El Juli», oreja.

José María Manzanares, oreja.

Cayetano Rivera, ovación.

Andrés Roca Rey, dos orejas.

El novillero Antonio Catalán «Toñete», silencio.

La plaza registró más de tres cuartos de entrada en los tendidos.

Tres cuartos largos de entrada registró hoy la plaza de toros de Bilbao en la edición número 65 del festival a beneficio de la Casa de la Misericordia, histórica institución de la capital vizcaína destinada a la ayuda de los más necesitados. Y todo al reclamo de las figuras, de entre las que sobresalió Roca Rey.

El peruano cortó las dos orejas del sexto utrero, el mejor de un blando y desrazado envío del Parralejo, al que formó un lío de principio a fin. Hubo variedad con el capote, y mucha emoción en el último tercio, donde Roca Rey hizo las delicias del respetable con una actuación que aunó valor, firmeza y mucha entrega. También toreó de altura, en lo fundamental, y una gran estocada, que dio paso a la petición unánime del doble trofeo, que el usía concedió sin pensárselo.

Abrió la corrida el jinete Pablo Hermoso de Mendoza, que exhibió el clasicismo de su rejoneo en una labor pulcra y muy torera, con momentos de gran nivel como un epílogo sobre «Bacano», con el que colocó dos pares de cortas de categoría. Le faltó contundencia con los aceros definitivos y saludó una ovación.

Enrique Ponce anduvo técnico y en labores de enfermero con un segundo de función blando y desrazado, al que extrajo muletazos sueltos de notable plasticidad dentro de un conjunto que no llegó a calentar lo suficiente, sobre todo por la falta de fondo del de El Parralejo.

Algo parecido le ocurrió a El Juli, con la diferencia que su antagonista tuvo algo más de chispa para que el madrileño le extrajera todo lo que tenía dentro en una faena de oficio y con momentos de buen toreo, tanto con el capote como con la muleta. La eficacia de acero fue clave para la concesión de una oreja.

Otro trofeo paseó José María Manzanares del tercero bis, que sustituyó a un inválido del mismo hierro, y con el que el alicantino tuvo que hacer el esfuerzo para tratar de sacar lo poco que tuvo dentro el utrero, que se defendió y sacó el mal estilo propio de la falta de raza. Buena estocada, y oreja al canto.

Cayetano también tuvo que emplearse a fondo con un cuarto blando y a la defensiva, que no puso las cosas fáciles al madrileño, que, pese a estar por encima de la condición del novillo, fue ovacionado tras una certera estocada.

El broche a la tarde lo puso el novillero Toñete, que fue silenciado tras una labor simplemente voluntariosa ante otro «parralejo» prácticamente vacío.

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