Tradiciones con cannabis en Kazajistán: galopadas en cueros y tumbas milenarias

En el país centroasiático, esta planta invasiva crece prácticamente en cualquier lugar, y sus usos tradicionales son sorprendentes

Siempre hay algún dato que desconocemos sobre nuestro destino, un dato que, al descubrirlo, se nos antoja casi de cajón. Nos decimos, ¡cómo pudimos pasar por alto este dato tan evidente! Es en momentos como este cuando estamos realizando el viaje de la manera adecuada, cuando los detalles no se nos escapan y lo evidente tampoco, conseguimos una visión completa de nuestro destino y regresamos al hogar habiéndolo asimilado con plenitud.

Uno de estos momentos de evidencia despistada me ocurrió a mí viajando por las carreteras de Kazajistán. Mientras andaba demasiado ocupado mirando al frente y con las dos manos al volante, uno de mis compañeros, Alejandro, lanzó un grito ahogado y señaló por su ventanilla, hacia los campos llanos extendiéndose con aparente monotonía. Es marihuana, estoy seguro, gritó, hay marihuana creciendo a los bordes del camino. Y no una, ni dos, ni diez plantas. Miles de ellas, de todos los tamaños y brillando de un glauco ensordecedor, se balanceaban graciosamente.

Breve Historia del cannabis

El origen del cannabis lo encontramos repartido por el sur de Asia y Asia Central con su desparpajo habitual. Hallazgos arqueológicos han revelado que su uso medicinal ya se efectuaba tan atrás como el III milenio antes de Cristo, en territorios persas, chinos, coreanos o taiwaneses, y famosos médicos de la antigüedad como Galeno mencionaron el uso del cáñamo con fines medicinales. Encontramos evidencias del uso del cannabis con fines embriagantes en los textos de Heródoto y, esto no debería extrañarnos, fue precisamente esta capacidad para alterar la conciencia la que llevó al uso del cannabis con fines religiosos o espirituales.

Sacerdotes de incontables religiones utilizaron y siguen utilizando el cannabis como medio para obtener algún tipo de trance religioso, ya fueran los antiguos pueblos escitas de los que hablaba Heródoto en sus textos o los seguidores del hinduismo, hoy y siempre, que utilizan el cannabis con fines rituales. Hay autores que incluso aseguran que los antiguos judíos y los primeros cristianos utilizaban el cannabis en sus ceremonias, ya que aparecen múltiples referencias en la Biblia de una “caña aromática”, traducida al hebreo como bosem qené. Basta un vistazo al Génesis 30: 22-13, Isaías 30:24 o Jeremías 6:20.

Teorías aparte, el uso y las formas de consumo del cannabis han sido arrolladoras por su habitualidad desde hace milenios. Los antiguos escitas machacaban las semillas, las prendían y aspiraban sus aromas. Los hindúes todavía preparan el bahng, una poción de marihuana que dicen les acerca a Shiva, además de mascar las hojas de cannabis con miel para aliviar la tos. Los chamanes dacios quemaban las flores para aspirarlas en ceremonias religiosas. Cuerdas y tejidos resistentes se elaboraban en el sur asiático utilizando el cáñamo del cannabis.

Aun así, a excepción de breves temporadas durante la Grecia Clásica o en los territorios romanos más próximos a Asia, además de breves menciones realizadas por Marco Polo durante sus viajes, el cannabis no fue popular en Europa hasta comienzos del siglo XX o incluso mediados, durante los comienzos de la cultura hippie. Pero su utilidad en Europa fue puramente psicotrópica desde sus inicios, quitando contados usos medicinales cada vez más a la boga, y este artículo no trata de los usos drogodependientes del cannabis sino de sus los históricos, religiosos y medicinales en Asia.

Cannabis en Kazajistán

Siendo este extenso territorio que hoy llamamos Kazajistán, antes poblado por tribus escitas, una de las regiones de origen del cannabis, se hace comprensible que las condiciones climáticas del país sean ideales para el cultivo de esta planta histórica. Cualquiera que lo haya visitado, habrá visto pequeños arbustos crecer con la facilidad de una mala hierba en los campos, a los bordes de las carreteras, en las orillas de los lagos. Y se calcula que en torno a 400.000 hectáreas se hallan cultivadas en el valle de Chuy.

Existen numerosas leyendas que procuran explicar por qué se cultiva de forma tan amplia y descarada un producto cuya posesión puede conllevar penas de entre siete y catorce años de cárcel en el país kazajo. Unos dicen que se trató de un anciano, quizá algo despistado por su edad, quien plantó unas pocas semillas de cannabis en sus campos de Chuy y, debido a que la planta en cuestión se trata de una especie invasiva, básicamente se le fue de las manos hasta ocupar todo el valle. Otros señalan a la historicidad del cannabis en la región, donde se han encontrado tumbas con cuencos repletos de semillas que datan de hace 10.000 años. Se sabe que tribus nómadas lo consumían de forma habitual en el siglo V a. C y que a lo largo de la Edad Media se utilizaba el cáñamo para la fabricación de tejido y cuerdas.

Con la llegada de la Unión Soviética a la región, la actitud relajada e incluso despreocupada de los kazajos respecto al cannabis cambió. Se crearon nuevas leyes que prohibiesen su siembra, posesión y consumo, y en un espacio no superior a veinte años la mentalidad kazaja cambió radicalmente y todavía hoy se aplican penas muy severas por su posesión (no vaya algún lector a tomarse el artículo demasiado a pecho y cometer una locura), aunque está permitido su consumo recreativo en la intimidad del hogar. Desde el año 2016, el gobierno kazajo ha optado por aprovechar las cosechas de Chuy y realizar una aproximación al cultivo industrial, con el fin de comercializarlo a farmacéuticas extranjeras.

Cabalgando desnudos por los campos de cannabis

A continuación me dispongo a narrar una tradición kazaja que yo nunca he visto, pero sí me la contaron varios conocidos del país. Ignoro hasta qué punto es veraz pero desde luego que es interesante.

Todos los meses de agosto, al llegar la temporada en que los cogollos de marihuana alcanzan su máximo desarrollo, jóvenes kazajos de la región de Chuy recién lavados cabalgan desnudos y durante horas por los campos de marihuana, hasta que los cuerpos del hombre y la bestia se empapan de sudor. Se supone que el animal también ha sido lavado previamente. A continuación se les cubre a ambos con una capa de resina de cannabis, llamada plastilina y altamente psicotrópica, y cesa la cabalgada. Al secarse el sudor y la resina, se raspan de los cuerpos para adquirir la que parece ser una valiosa sustancia para su consumo.

Es evidente que las leyes kazajas no permiten este tipo de prácticas, al parecer ancestrales, pero esto no impide que treinta o cuarenta individuos puedan verse cabalgando en cueros entre los campos de marihuana durante el mes de agosto, si cae la breva de que estés allí para presenciar tan estrambótico espectáculo.

No es mi recomendación consumir marihuana en Kazajistán porque la graciosa experiencia puede acabar en un susto inolvidable, pero si el lector visitase alguna vez este asombroso país, ya sabrá por qué crecen con tanta naturalidad estas plantas prohibidas en casi todo el mundo. En los campos, las carreteras y los parques de las ciudades. Entre las patas de las bestias bajo los jinetes desnudos.