¿Y si los dragones existen de verdad?

Aparecen representados en cuadros, catedrales, templos budistas y cuentos populares pero hay quienes piensan que también podríamos encontrarlos en la vida real

Grabado asiático con dos dragones bailando.
Grabado asiático con dos dragones bailando.Katharina Notariannidreamstime

La única pega de vivir en un mundo globalizado es que sabemos demasiado. Conceptos e ideas que desarrollaron en paralelo culturas diferentes a la nuestra, algo así como las similitudes que abarcan en ocasiones las distintas religiones, se estrellan hoy contra el enorme ovillo de cobre que es Internet y ya no hay quien las distinga. Tantas polisemias culturales corren el peligro de confundirnos de aquí a pocos años, si no nos andamos con cuidado. Porque en unas culturas se considera negativo, casi ofensivo, comer con la mano con que te limpias el culo, en otras es motivo de privilegio o de excitación. En unos sitios comen grillos como si fueran manjares y en otros los pisoteamos, etc. Y lo vemos muy bien en Nueva York: la ciudad por antonomasia donde las culturas se han embarullado casi hasta devorarse las unas a las otras y es salvaje, precioso, apocalíptico, un lugar donde ya no sabemos si la hamburguesa es estadounidense o alemana o irlandesa o italiana o rusa, si lo correcto en los funerales es aparecer de negro por los cristianos o de blanco por los budistas, si la bombilla la inventó Thomas Edison o Nikola Tesla…

Ocurre con muchos otros rasgos culturales más, no solo con las hamburguesas. También ocurre con los dragones en casi todo el mundo. La imagen de una serpiente enorme con colmillos de fuego y alas puede verse en casi cualquier lugar del mundo. Desde películas y series de éxito hasta novelas arrebatadoras, castillos, casas viejas, logotipos. Sin embargo, ¿qué significa esto del dragón, cuál es su verdadero significado en cada cultura? ¿Es una representación del mal? ¿O del bien? ¿Qué significa, por qué aparece por todos lados? ¿Acaso existieron, es eso?

¿Qué sentido se les dio a los dragones en España?

Para empezar nos quitamos el gusanillo. Cuenta una vieja leyenda gallega que todavía vive un dragón cerca de Ortigueira, aunque no se atreve a atacar a los humanos porque hace tropecientos años que Santa Marta le mantiene a raya. Resulta que iba de listo y cada atardecer se acercaba a la costa para robar a los pobres lugareños sus mejores piezas de ganado, era un cabrito, y los lugareños pues hartos de tanta triquiñuela rezaron a la santa para que intercediese con su divina intercesión y les quitara al bicho de encima, y la santa, pues toma, se enfrentó al dragón y lo echó de vuelta a pescar atunes. Hay quien dice que el “dragón” se refiere en realidad a las incursiones estacionales de los vikingos, quién sabe, podría ser, ¿podría distorsionarse tanto una historia?, y esos mismos aseguran que Santa Marta era en realidad una mujer guerrera y echada p’alante que plantó cara a los barbudos del norte.

Cuadro de Paolo Ucello (1456). Cuenta la leyenda que el caballero San Jorge rescató a una princesa del dragón que pretendía devorarla. FOTO: Paolo Ucello

Entonces para los religiosos de España el dragón siempre se ha referido a peligro, no tocar, bestia, serpiente, Satanás, auxilio. El Apocalipsis de San Juan lo describe con detalle y luego dice que fue o será derribado por el Arcángel Gabriel. En la tradición cristiana también se ha utilizado para referirse a la serpiente marina Leviatán (una demonio que se enfrentó, si no me equivoco, esta vez a San Miguel). Ahora tiene sentido que en las chanzas populares se describan como criaturas codiciosas que guardan enormes tesoros o princesas hermosísimas, como ocurre con la famosa fábula de San Jorge y el dragón que inspira la bandera de Inglaterra, o más recientemente en El Hobbit y Shrek.

¿Y más allá?

El dragón es una criatura tan mítica, tan enigmática, que su figura ha volado a través de distintas dimensiones y ha atravesado cada mar, hasta los pueblos precolombinos de Sudamérica que decían que los dragones se extinguieron cuando lucharon los dragones terrestres contra los del mar. En otras regiones han dominado desiertos enormes, adornan templos en Mongolia, China o Japón, están en cada esquina de sus templos; en las catedrales de Europa aparecen lanceados en el suelo con un santo sobre ellos, o como las gárgolas terroríficas en Nuestra Señora de París.

Las ancianas vikingas decían que el dragón que estaba por venir sería enorme, que nacería del dios de la mentira Loki y de la gigante Angrboda, vaya dos padres, son de película. Para ellos simbolizaba a la serpiente marítima que tenía tanta hambre, era tan glotona, que después de beberse el mar comenzó a comerse a sí misma, empezando por la cola. Esa imagen esférica de la enorme serpiente muriendo a la vez que nacía simbolizaba el eterno retorno, ya se sabe, un renacer perpetuo, el uróboro, un eterno morir y nacer de las cosas que nos explicaron Nietzsche y Zoroastro y Shiva y que fueron adorando los templarios, alquimistas, paganos y algún que otro colectivo más.

La serpiente alquímica, también conocida como uróboro, se representa como una serpiente o un dragón devorándose a sí mismo. FOTO: Anónimo

También creían que durante su apocalipsis cultural particular (Ragnarok) la serpiente participaría de primera mano haciendo llover veneno del cielo, que se enfrentaría a Thor y que ambos se matarían. Que sería algo tremendo y magnífico.

Los taoístas piensan que si nos encontramos con un dragón y nos amistamos con él, y le engañamos nosotros a nuestra vez y a nuestra manera, aprenderíamos a preparar el elixir de la inmortalidad. Ellos piensan que difícilmente podríamos ver a los dragones en su forma original (su forma física habita una dimensión distinta a la nuestra) porque somos pequeños y flojos seres humanos mientras que los dragones sirven de montura para los “Seres Iluminados”, vaya giro drástico en el bendito término endiablado del dragón. En esta cultura se nos presentan como apariciones, desconocidos en el camino, personas curiosas pero de carne y hueso, parábolas, cuentos sagrados.

Dragones en la vida real

Aquí va otra. Algunos divulgadores piensan que los dragones se trataban en realidad de enormes reptiles que se enfrentaron al hombre prehistórico años atrás, así de simple, tiene mucho sentido. Las historias se pueden adornar. Cocodrilos de ocho metros, las tatarabuelas de las enormes boas constrictor, salamandras gigantes, en fin, la megafauna que descendió de los supervivientes del meteorito famoso, bestias tan astutas y tan reales y aterradoras como un verdadero dragón. Estos mismos divulgadores piensan que, en ese caso, imaginan que ya hace tiempo que perdimos esta mentalidad infantil. En caso de extrema necesidad descerrajamos un tiro a la puñetera serpiente y vivimos.

Dragones representados en un templo chino. FOTO: Konseki1 dreamstime

En Robledo de Chavela hay una iglesia que se considera la iglesia con más dragones pintados en su techo de todo el mundo, está a pocos kilómetros de tu casa, hasta ochenta de ellos nos miran desde arriba. Cada uno tiene sus propias expresiones y los colores han aguantado tras una capa de cal que los tapó antes de ser redescubiertos, hará ocho años. En un vídeo de YouTube dicen que tuvieron que tapar con cal los frescos del techo de la iglesia (dragones incluidos) durante una epidemia de peste negra, pero yo no me lo creo. No quiero ser tan pesimista, con ese mal olor y los muertos apilados por carromatos como dicen en las películas. Yo quiero pensar que la iglesia ya estaba encolada antes de la peste y que el autor de esas bellezas quiso pintarlas a escondidas, quizás fue durante un verano de pasiones, y que las tapó rápidamente por miedo a que los ignorantes le quemaran por hereje o por cualquier otra barbaridad. Pero son teorías, estipulaciones mías, nada más, no las tengas en cuenta. Correveidile a un amigo que podéis ir a verla.

Excavamos más. Incluso el genial C. G. Jung salió de sus alucinaciones para aventurar que las luchas entre héroes y dragones simbolizaban el conflicto entre nuestro yo y las fuerzas negativas del inconsciente. Creo que todo se resume a que encontrarás dragones si vas a buscarlos. Con los colmillos astados, el hocico hinchado, las rojas pupilas en vertical. Podemos encontrarlos en los umbrales de las casas, solo como símbolo de protección, en templos de muy lejos y muy enrevesados, en las representaciones de las victorias del Cielo, en anécdotas y bobadas de la plebe. Tantas representaciones con tantas acepciones, estas farragosas polisemias culturales como las que ocurren con el dragón se meten en la lotería de Internet y se rifan. Al final resulta que todo el peso cae de nuevo en el pluralismo cultural.

Que apenas nos deja espacio para elegir si el Diablo es malo o bueno.

¡Cachis!