Historia

Viaje al fondo del mar: una ruta por 5 ciudades sumergidas

Al hablar de ciudades sumergidas, a todo el mundo se le viene a la mente la imagen de la mítica isla de la Atlántida. Sin embargo, existen verdaderas ciudades sumergidas en las aguas de todos los continentes.

Estatua sumergida en la ciudad de Baia (Italia) | Fuente: Dominio Público
Estatua sumergida en la ciudad de Baia (Italia) | Fuente: Dominio Público FOTO: La Razón (Custom Credit)

Según cuenta la leyenda, hace aproximadamente 11 mil años, la Atlántida se hundió en el fondo del mar. De la noche a la mañana, la isla se sumergió sin dejar rastro de lo que un día fue. Sin embargo, hay quien dice que los atlantes pudieron sobrevivir gracias a sus conocimientos científicos. Cierta o no, esta leyenda siempre ha despertado tanta curiosidad, que muchos se han lanzado en su busca.

Pero los exploradores siempre se encuentran con una dificultad añadida: las fuentes son tantas y tan variadas, que no saben por donde empezar a buscar. Algunos sugieren que los restos de la Atlántida están en la isla de Malta, otros que están en Santorini (Grecia), también hay quien habla del Gran Valle del Grift, que es una gran fractura geológica que va desde el sureste de África hasta el valle del Jordán (Israel). Algunos van más lejos y aseguran que -en realidad- la Atlántida está en el altiplano boliviano o que las Islas Canarias son los únicos restos que quedan de aquella ciudad perdida.

Como el lector se podrá imaginar, nunca se ha encontrado la Atlántida. Sin embargo, sí que se han encontrado restos de otras “Atlántidas”. Es decir, de otras ciudades que -por algún motivo- acabaron en el fondo del mar. Quién sabe, quizás alguna de ellas sea realmente la legendaria Atlántida:

Thonis-Heracleion (Egipto)

La ciudad egipcia de Thonis estaba situada a las orillas del Nilo y en su día fue un importante puerto comercial, por donde pasaban todas las mercancías del Mediterráneo que querían entrar en Egipto. Antes de la creación de Alejandría, Thonis era la ciudad más importante para el comercio de la región. Después de la conquista de Alejandro Magno, la ciudad fue rebautizada como Heracleion en honor a Hércules; ya que según cuenta la leyenda, este era el lugar donde el héroe griego había pisado por primera vez Egipto.

En el siglo II a.C, un terremoto provocó que esta ciudad quedase irremediablemente sumergida. Y no fue hasta el año 2.000 cuando se empezaron a rescatar algunas piezas de enorme valor arqueológico.

Ya han aparecido unas 300 estatuillas y amuletos egipcios (la mayoría representan a los dioses Osiris, Isis y Horus), pero si había una pieza de valor en el fondo del lecho marino, ese es el Decreto de Sais. Que es una losa de piedra negra de 2 metros de altura, donde están grabados unos jeroglíficos del siglo IV a.C, que permitieron esclarecer y entender muchos misterios del sistema político y fiscal que imperaba en el antiguo Egipto.

Rescate del  Decreto de Sais | Fuente: Franck Goddio / Hilti Foundation / University of Oxford
Rescate del Decreto de Sais | Fuente: Franck Goddio / Hilti Foundation / University of Oxford FOTO: La Razón (Custom Credit)

Port Royal (Jamaica)

Sobre el papel, la población oficial de Port Royal en el siglo XVII era de 740 habitantes. Sin embargo, debía rondar más bien las 10.000 personas. Y es que, esta ciudad portuaria era -en aquella época- un importante puerto pirata. Y en su interior vivían miles de personas que por motivos obvios no querían ser encontradas. La situación se había vuelto tan insostenible, que coloquialmente se la conocía como “la ciudad más malvada de la Tierra”.

El 7 de junio del año 1692, Port Royal fue arrasada por un terrible terremoto primero, y por un enorme tsunami después; sumergiendo bajo las aguas del Caribe casi dos tercios de la ciudad... y cobrándose la vida de unas 2.000 personas. Tras el desastre, el grueso de la actividad comercial y de piratería de Port Royal se trasladó a Kingston, actual capital de Jamaica. A día de hoy, es posible visitar las ruinas de la ciudad y los restos de los cientos de barcos hundidos en sus puertos. Eso sí, es necesario llevar bombona.

Grabado del terremoto de Port Royal de 1692, por Jan Luyken | Dominio Público
Grabado del terremoto de Port Royal de 1692, por Jan Luyken | Dominio Público FOTO: La Razón (Custom Credit)

Baia (Italia)

En los años 40 del siglo pasado, empezó a circular una fotografía que despertó muchísima curiosidad. La imagen la había tomado un piloto desde el cielo. Y en ella se podía apreciar la silueta de un edificio bajo la superficie del mar. Las ruinas sumergidas estaban sobre Campi Flegrei (Nápoles), que es una caldera volcánica (una cámara subterránea llena de magma volcánico). Especialistas de todo el mundo se lanzaron a estudiar todos los registros, para encontrar respuestas sobre qué podía ser aquello.

Los científicos, arqueólogos e historiadores descubrieron que aquellos restos pertenecían a Baia, que era algo así como la Sodoma del Imperio romano. Las aguas termales de aquel lugar se habían convertido en un auténtico reclamo turístico para los “superricos” de Roma, que construyeron allí sus villas, sus templos y sus spas... para disfrutar a todo tren de los placeres terrenales. Sin embargo, las mismas aguas termales que habían levantado la ciudad, también fueron la causa de su hundimiento.

A este proceso natural se le conoce como bradismo, y se produce cuando hay variaciones en el volumen del magma contenido en el interior de una cámara subterránea, lo que provoca que la superficie terrestre suba y baje de nivel. Es un proceso muy lento (al menos para la escala de tiempo humana), por lo que puede pasar desapercibido. Con el tiempo, el suelo de Baia se hundió hasta seis metros, lo que hizo que gran parte de la ciudad quedase sumergida.

Estatua encontrada en los restos sumergidos de la ciudad romana de Baia
Estatua encontrada en los restos sumergidos de la ciudad romana de Baia FOTO: La Razón (Custom Credit)

Derwent (Inglaterra)

Este pueblo sumergido está situado en el condado de Derbyshire, en el centro de Inglaterra. Y a diferencia de los anteriores, Derwent fue sumergida deliberadamente... y no a causa de un accidente natural. A mediados del siglo XX, algunas ciudades aledañas como Derby, Leicester o Nottingam, habían crecido tanto, que el suministro de agua para mantener a toda la población estaba en peligro.

Adelantándose al problema, las autoridades locales decidieron construir un sistema de embalses que asegurase la cantidad de agua necesaria para la supervivencia de los lugareños. En un primer momento, el plan consistía en la construcción de dos embalses, lo que respetaría la integridad del pueblo. Pero no hizo falta mucho tiempo para que se diesen cuenta que aquello no iba a ser suficiente... que iban a necesitar levantar un tercer embalse que -irremediablemente- acabaría con el pueblo.

La obra terminó en el año 1945. Y desde entonces, Derwent ha sido inaccesible para los turistas. Con algunas excepciones, eso sí. Y es que, cuando llega el verano, el nivel del agua del Embalse de Ladybower baja. Y si se trata de un año especialmente caluroso, las ruinas de Derwnt “salen a la superficie“. Lo que permite que -incluso- puedan ser visitadas por los turistas.

Villa Epecuén (Argentina)

Este pueblo turístico argentino fue fundado en el año 1921 a orillas del Lago Epecuén, en la provincia de Buenos Aires. En su día, este pueblo llegó a albergar en su interior a más de 25 mil turistas; que se desplazaban hasta allí para disfrutar de las aguas saladas del balneario, que se creía tenían propiedades curativas.

La zona siempre fue vulnerable a las crecidas del lago. Por ese motivo, construyeron un muro rodeando la villa. Sin embargo, en 1985 el Lago Epecuén creció tanto a causa de las lluvias, que superó la linde del dique de contención y sumergió al pueblo completamente bajo el agua.

Por fortuna, toda la población local pudo ser evacuada antes de que ocurriese una desgracia mayor.

Viejo automóvil en la Villa Epecuén | Fotógrafo: Horacio Fernández
Viejo automóvil en la Villa Epecuén | Fotógrafo: Horacio Fernández FOTO: La Razón (Custom Credit)

Desde el año 2009 el agua empezó a bajar. Y hoy, ha retrocedido casi en su totalidad; dejando a la vista los restos de la villa. Lo que se ha convertido en un reclamo turístico para fotógrafos, periodistas y curiosos, que se desplazan hasta allí para ver las ruinas de los edificios, los vehículos oxidados y el dique de contención.