¿Cómo ha golpeado la pandemia a la educación ecuatoriana?

El 37% de los hogares en Ecuador tiene acceso a internet, pero la situación de las familias rurales es más compleja porque tan solo el 16% cuenta con ese servicio, ahora indispensable para la educación

(AP). La mañana del jueves, Adán Cholango, de nueve años, estaba sentado al filo de la carretera entre Cangahua e Izakata, aprovechando la inestable señal de celular, para asistir a su tercer día de clases. En Ecuador, como en muchos otros países, el nuevo ciclo escolar inició de manera virtual para enfrentar una pandemia que se mantiene intensa.

Al igual que muchos niños de esa zona de la cordillera andina, Adán debe salir a lomas o buscar el sitio preciso donde reciba la ansiada señal de internet o al menos de celular. Ése es sólo uno de los desafíos que los niños de zonas rurales —a veces solos y otras con sus padres— deben enfrentar, pues la educación virtual implica un desafío pedagógico, social, económico y hasta de idioma para muchos maestros y alumnos.

María Tipanluisa, de 34 años y madre de una niña y dos chicos de edad escolar, vive en la comunidad indígena de Cangahua, 150 kilómetros al noreste de Quito. “Nos hace falta todo: computadora, internet. No entendemos nada de cómo van a enseñar a los guaguas (hijos)”, dijo a The Associated Press. “Nos toca caminar 15 minutos para buscar un sitio donde hay internet, queremos que el gobierno nos dé internet”.

A su vez, Remigia Tipán, abuela de niños en edad escolar, acotó: “en vez de aprender español, nos tocó aprender inglés para poder ayudar a los hijos con la educación por computadora”. En donde vive se habla mayoritariamente el quichua.

Alrededor de 1,8 millones de estudiantes de la región andina y la amazonia iniciaron el martes un nuevo período escolar. Hasta el año pasado asistían a unas 6.000 escuelas y colegios estatales y privados, aunque ahora su educación será virtual con el acompañamiento de casi 100.000 profesores.

Marianela Coello, profesora de la escuela estatal Arturo Freire de 50 años, es una de las docentes dependientes del Estado que deben hacer grandes esfuerzos para sobrevivir cobrando su salario cada dos meses, pero además disponer constantemente de internet y telefonía celular para dictar clases. Ella trabaja en una población rural, a una hora de Quito, llamada Tababela.

“Estoy sumamente endeudada, debo a todo el mundo pero además no podemos dejar de pagar el internet, el celular y luz para el trabajo docente”, dijo a la AP. Detalló que “tengo 40 estudiantes y solo 26 tienen internet. Al resto les mando tareas por WhatsApp, pero después de las cinco de la tarde, cuando los papás llegan a casa y les prestan el celular, a otros les voy dejar las tareas a la casa”.