Marianne de Jerez

La nueva presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas/Daniel PérezEFE

Descontada la honrosísima excepción de Rosa Díez, cuyo UPyD nació demasiado pronto y murió víctima del desprecio de los dos grandes partidos, que jamás comprendieron la necesidad de un contar con un aliado –llámenlo bisagra, si quieren– leal a la Nación y a la Constitución, este 8 de marzo de 2020 ha dejado un hito de enorme importancia en el camino hacia la igualdad: por primera vez, una mujer liderará una formación con aspiraciones reales de formar Gobierno, si bien, en este momento pena con horas bajísimas los seis meses disparatados en los que Albert Rivera dilapidó las esperanzas terceristas. Inés Arrimadas, paisana de Jerez, ha transitado ya la ruta al triunfo electoral desde la irrelevancia y no se va a arredrar por muchos gargajos de rencor que le lance el feminismo desorejado, esa turba que expulsó a las representantes de Ciudadanos de la manifestación del domingo en Madrid, porque ella viene de Barcelona con la mili hecha y el culo «pelao» de aguantarle bravuconadas al separatismo. El plan de Susana Díaz, durante el lustro en el que se imaginaba a diario en el trono de Ferraz, era explotar electoralmente su sexo y su inquebrantable adhesión a la unidad de España, salpimentadas estas dos condiciones con su procedencia de Andalucía, la comunidad que más escaños reparte en el Congreso. Derrotada en las primarias y rendida al «sanchismo» mediante el trance de la humillación permanente, corresponde a Arrimadas enarbolar esos estandartes, en la innegable evidencia de que son eficaces banderines de enganche en esta campaña electoral permanente que padecemos. Ni que decir tiene (escrito quede para no renunciar a esas gotitas de machismo que tanto enfadan a mis queridas «intransigentas», que rima con sargenta) que lo hará con mucho más donaire que la trianera. La Marianne que simboliza a la República Francesa se inspira en Brigitte Bardot o Catherine Deneuve, entre otras, no en la esposa del pescadero de Astérix.