Tribuna

De Juana a José

Cádiz.- Juan Carlos Aragón abre una serie de especiales de Canal Sur dedicados al Carnaval
Juan Carlos Aragón abre una serie de especiales de Canal Sur dedicados al CarnavallarazonCANAL SUR

Con agostidad y alevosía, aprovechando las vacaciones estivales, el CEIP Andalucía de la gaditana barriada de La Paz pasó a denominarse Profesor Juan Carlos Aragón en el marco de la miríada de homenajes recibidos por el autor carnavalesco a raíz de su fallecimiento en mayo pasado, justo una semana después de que muriese Pérez Rubalcaba, acuñador de esta atinadísima sentencia: «Los españoles enterramos muy bien». El célebre chirigotero –ganó pasta y respetabilidad con la comparsa, pero la justa fama de genio le venía de su brillantísima y gamberra década de los noventa– fue un izquierdista radical e incluso disparatado, de acuerdo, aunque jamás cometió ese pecado tan frecuente entre la progrez de hacer de la ideología su principal fuente de negocio. Tal vez por esa coherencia entre monacal y demodé que cultivan los viejos comunistas o quizá por la indulgencia que suscita el «enfant terrible» que se autolesiona con sus travesuras, Aragón se ha convertido en un cadáver unánimemente adorado, puede que también porque una vez muerto, todos están ya a salvo de sus invectivas. Él sí cumplía de verdad lo que mucha gente afirma en vano: jamás se casó con nadie. Es fantástico, además, que su dimensión artística se deslinde de su comportamiento privado. (…). En la misma ciudad, sin embargo, la autoridad municipal se ha embarcado en una cruzada para borrar todo vestigio de la memoria de otro escritor cuya fama, éste sí y perdonen la odiosa comparación, trascendió más allá de Cortadura y de la frontera invisible de la Zona Franca. José María Pemán es tal vez el intelectual de mayor calado que ha dado la provincia gaditana (quizá se le aproximan Mercedes Formica, Cadalso, Quiñones o Caballero Bonald) y no consta en su biografía mayor mácula que el haber vivido bajo Franco, igual que treinta millones de españoles más. Nunca le puso encima la mano a nadie, menos a una mujer, pero el sectarismo imperante lo va a convertir en indeseable.