Mascarilla y prohibido compartir: llega el cole de la Covid

Seis meses después del cierre de los colegios por la pandemia, los niños regresan a las aulas el próximo jueves con muchas restricciones y el temor a las consecuencias de los contagios

Seis meses después, los colegios andaluces volverán a llenarse de niños. El próximo jueves se producirá una vuelta al cole insólita y extraordinaria, tras el cierre obligado el 13 de marzo. Ese viernes fue el último que acudieron a clase ochocientos mil niños de Infantil y Primaria tras anunciar la Junta la clausura de todos los centros educativos por el avance de la pandemia del coronavirus. Al día siguiente, el Gobierno declaraba por primera vez el estado de alarma y el confinamiento en domicilios de todo el país. Las clases telemáticas y los deberes on line tomaron un protagonismo que este septiembre volverán a ceder a la enseñanza tradicional: maestros y alumnos volverán a verse las caras. Pero muchas cosas habrán cambiado para siempre. La primera es que la imagen de escolares con mochilas cargadas de libros y cuadernos será complicada de ver. Las reuniones telemáticas de los colegios con las familias para informarles de las medidas de seguridad implantadas para evitar el contagio de la Covid plantean una vuelta al cole excepcional: entradas y salidas escalonadas, grupos de alumnos aislados entre sí, pupitres separados en el aula y, por supuesto, mascarillas puestas en todo momento. Tampoco llevarán el material a casa: libros, cuadernos y estuches deberán estar siempre en el centro y en ningún caso podrán compartirse con los compañeros. De casa solo podrán llevar el desayuno, una botella de agua y una mascarilla de repuesto.

Las medidas incluyen la desinfección diaria de manos con gel hidroalcohólico al llegar, así como la limpieza dos veces al día de las mesas y sillas, ocupando cada niño siempre las mismas. El patio de recreo estará dividido para que solo interactúen los llamados «grupos burbuja», que cada centro determinará si son un solo curso o por ciclos. La libertad concedida por la Consejería de Educación y Deporte a los equipos directivos hará que no todos comiencen igual este curso calificado como «único» e «insólito» por el consejero, Javier Imbroda.

A lo largo de estos meses se han planteado numerosas alternativas: de la reducción de la ratio de alumnos a quince a la asistencia a clase en días alternos. Finalmente, todos los niños acudirán presencialmente siguiendo las restricciones impuestas. Nada será como antes. La primera semana de vuelta al trabajo de los docentes ha servido para preparar las aulas, distribuir horarios y decidir cómo abordar este reto educativo y social –más de cien mil docentes se han sometido a los test rápidos de detección de la Covid–. La Junta publicó el 6 de julio las primeras instrucciones y reforzó con 6.400 profesionales las plantillas, un esfuerzo que no ha permitido cumplir con la premisa de reducir la ratio a veinte niños como máximo. La última Mesa Sectorial, celebrada entre el jueves y el viernes, planteó ampliar esas contrataciones sin llegar a un acuerdo, lo que suma a las dificultades la sombra de una huelga educativa que piden sindicatos como Ustea.

Las normas de Educación permiten que los grupos burbuja puedan relacionarse entre ellos sin guardar la distancia de seguridad. Eso significa que podrán recuperar los juegos, manteniendo en todo caso el uso de la mascarilla. Volverán a tener más horas con sus tutores y se relegan las especialidades, una premisa más difícil de ejecutar en los institutos. La dificultad de mantener en este caso grupos aislados se incrementa, puesto que el profesorado debe rotar para impartir sus clases. Por eso, a partir de tercero de ESO, podrán optar por mantener la educación presencial telemática o semipresencial.

Centros y administraciones trabajan a contrarreloj para implantar todas las medidas. En esa tarea, la labor de la inspección educativa está centrándose en aclarar las «muchas dudas técnicas que están surgiendo a los equipos directivos», explica Javier Fernández, portavoz del sindicato Usie. «Hemos constatado que están organizando los centros de la mejor manera posible y con una actitud muy constructiva ante una situación muy compleja», asegura. «El papel de la inspección es asesorarles en cuanto a la norma, pero todas las decisiones ante un posible caso de sospecha o confirmado quedan dentro de la autoridad sanitaria», apunta. Las familias se comprometen a tomar la temperatura diariamente a los niños antes de salir de casa y a no llevarlos al colegio en caso de que presenten fiebre o cualquier síntoma compatible con la Covid. Fernández insiste en la necesidad de comunicar cualquier cambio al centro «sin levantar alarma».

El protocolo señala que si un niño presenta síntomas estando en el colegio, se le aislará en una sala habilitada para ello, junto a un adulto que cuide de él hasta que lo recojan. La sospecha o confirmación de un caso conllevará el aislamiento de todo el grupo, incluido al docente, y la recuperación de las clases on line mientras se mantenga el aislamiento preventivo, según han informado algunos centros.

El objetivo repetido por Gobierno y Junta es que no haya que cerrar de nuevo colegios, pero esta situación ya se vivió el pasado viernes en una escuela infantil, tras confirmar que una trabajadora tenía el coronavirus. La vuelta al cole coincide además con el mayor pico de casos detectados en Andalucía, muy por encima de los producidos en marzo cuando se decretó el confinamiento, aunque los datos apuntan a que una menor gravedad porque se realizan más test y hay menos personas hospitalizadas. Lo único seguro es la fecha de inicio del curso el 10 de septiembre. Sobre el resto, la Covid tiene la última palabra.