Trofalaxia

“Sea de boca a boca o frotando nuestros perfiles de redes sociales entre nosotros, cada vez funcionamos más como colonias separadas”

Ciertos tipos de insectos utilizan un mecanismo llamado trofalaxia para alimentarse unos a otros o transmitirse feromonas, órdenes químicas silenciosas que sirven para defenderse de un ataque foráneo, abrir paso al regreso de exploradores o trasladarse a través de la espesa y peligrosa selva. En el primer caso puede realizarse de boca a boca o de ano a boca; en el segundo consiste sencillamente en frotar unas antenas contra otras o dejar fluidos pegados a alguna roca o a la raíz de algún árbol. También lo hacen algunas aves e incluso mamíferos como el lobo regurgitan su comida y se la sirven a sus retoños. Pero sin duda es en los insectos donde esta herramienta evolutiva ha alcanzado la perfección y entre los más especializados están las hormigas. Así una obrera puede atiborrarse de savia de un árbol hasta multiplicar varias veces el tamaño de su abdomen y trasladarla templada en su estómago, como un termo viviente, hasta la oquedad del hormiguero donde reposan las hambrientas larvas porque ha percibido esa instrucción concreta transmitida por otro congénere sin pararse a pensar en si está de acuerdo o en si supone un peligro para su vida. Son las discretas y efectivísimas feromonas que transmiten a través de sus antenas las que sirven para que una colonia de varios millones de individuos actúe como uno solo en cuestión de segundos. Sin réplica, sin espacio para la duda. Lo siento por Aristóteles pero, en comparación, su Arte de la Retórica es tan inútil como una publicidad de supermercado de las que todavía aparecen inexplicablemente en los buzones y amarillean ahí olvidadas. Sin caer en la cuenta, aunque nosotros soberbios simios lo hagamos en muchos otros procesos, hemos replicado este sistema presente en la naturaleza desde hace millones de años a un nivel casi tan perfecto como el de los himenópteros. Sea de boca a boca –todavía no hemos aprendido a vocalizar con el ano aunque muchas de las cosas que se escuchan parezcan salidas del arrugado final de algún recto- o frotando nuestros perfiles de redes sociales entre nosotros, cada vez funcionamos más como colonias separadas. Así el republicano tiene que alinearse con la ignorancia de Rufián que considera a Franco un demócrata monárquico. Queda claro que hizo novillos y no fue a clase el día que explicaron que en 1978 la Constitución y el rey fueron votados por una amplia mayoría de españoles, incluidos los de Cataluña. O defender al fanático belicista de Largo Caballero junto a demócratas como Besteiro o Campoamor, providencia de otra erudita como Adriana Lastra. O al ministro de consumo, algo más inexplicable que la propaganda del súper. O al PS en general. Y así se hace. La diferencia de la trofalaxia humana es que, al contrario que el silencio de las señales químicas en los insectos, la nuestra viene siempre acompañada de mucho ruido. Y cuantos más gritos pega el individuo más aclamado es por la colonia. Y así cuando lleguemos a ser disciplinados mirmidones de un inmenso hormiguero que solo nos use para vampirizar nuestras propias ideas y recaudar nuestros míseros sueldos, seguiremos gritando a favor de la reina para que más individuos froten sus perfiles contra los nuestros y regurgiten, por la boca o por el ano, nuestro infecto alimento.