Entre Siberia y la fila de atrás

“La querencia de la extrema izquierda a las subdivisiones en grupúsculos tendentes a la enemistad irreconciliable es proverbial y la cuita siempre termina en purga”

A Teresa Rodríguez la han orillado sus antiguos camaradas en el desván de la historia, en enésima confirmación del aforismo sobre el poder acuñado por Giulio Andreotti, que nos enseñó que éste desgasta, sí, sobre todo a quien no lo ejerce. La querencia de la extrema izquierda a las subdivisiones en grupúsculos tendentes a la enemistad irreconciliable es proverbial y la cuita siempre termina en purga, sólo que estos burguesitos de hoy, por fortuna para nuestra Rosa Luxemburgo roteña, no tienen más Siberia a mano que el grupo mixto de una cámara regional. Lo que antes era ergástula o balazo es hoy mudanza a la fila de atrás del Parlamento. ¡Para que digan luego que el comunismo no ha evolucionado! Estas guerras intestinas se barnizan de ideología cuando, en realidad, tienen un trasfondo mucho más prosaico, como nos explicó a la perfección Vargas Llosa en «Historia de Mayta» y mucho mejor, con sus bufonescos partisanos antiimperialistas, los Monty Python en «La vida de Brian». Desde Cádiz, el enamorado de la afectada, blande por su dueña el bastón de alcalde para reconciliarnos con los roles de toda la vida: progre o facha, un comparsista siempre será un comparsista y no está dispuesto a consentir que ni un pétalo roce a su dama. Muchos febreros de carpa lleva en lo alto «Kichi» como para que vengan ahora a molestarle a su santa estos machirulos de Izquierda Unida, cuya portavoz estrenó el cargo con una estupefaciente analogía entre la tauromaquia y la ablación clitoriana. Inmaculada Nieto se llama la moza y, oyéndola, añoraremos a su antecesora como un dechado de moderación y una campeona de los argumentos razonables. Pues así está la oposición andaluza. Si Moreno Bonilla se anima a convocar elecciones, se pone en setenta escaños.