Cultura

«Odisea» es nombre de mujer

Carmen Estrada traza en «Odiseicas» un viaje alejado de los clichés femeninos que impusieron las sucesivas adaptaciones del clásico

La autora de "Odiseicas", Carmen Estrada, en el parque de María Luisa de Sevilla
La autora de "Odiseicas", Carmen Estrada, en el parque de María Luisa de Sevilla FOTO: Kiko Hurtado

En la primera parada en tierra de Odiseo en el camino de regreso a su apreciada Ítaca se topa con una adolescente, Nausícaa, que no solo le presta su ayuda, sino que se muestra abiertamente atraída por él. Hechos como ese breve encuentro sirven a Carmen Estrada (Sevilla, 1947) para apuntalar su particular lectura del clásico entre los clásicos, alejada de los estereotipos y clichés asignados tradicionalmente a la mujer en la literatura –y en la vida–. «La mujer es el objeto de deseo y el hombre el sujeto. En la ‘Odisea’ pasa justo al revés: a quien embellece Atenea para seducir al sexo opuesto es a Odiseo», apunta, un hecho que «pone el deseo femenino en primer plano».

Las sucesivas relecturas la condujeron hasta el germen de «Odiseicas» (Seix Barral), un ensayo sobre el tratamiento literario que se da a los personajes femeninos en el viaje de este héroe universal. El poema épico ha sido una lectura de ida y vuelta en la vida de esta catedrática de Fisiología retirada, que inició una carrera como filóloga cuando dio por concluida su exitosa trayectoria profesional –fue profesora titular en la Universidad Autónoma de Madrid y catedrática en Cádiz, con estancias como investigadora en UCLA (California, Estados Unidos)–. La separación tradicional entre las ramas de conocimiento de las ciencias y las letras, confiesa, le disgustó desde los 15 años, cuando el sistema educativo le obligó a elegir entre ambas. Quiso simultanearlas, pero la exigencia profesional abocó sus impulsos de escritura a un cajón... hasta que se jubiló. Rompiendo tópicos al más puro estilo de las protagonistas homéricas, su retiro dista mucho de serlo: quería estudiar griego y se matriculó en la mitad de la carrera de filología ya que «podía permitirme el lujo de no necesitar ningún título». Los primeros acercamientos a los textos originales de la «Odisea» para traducirlos, como ejercicios de clase, la engancharon definitivamente. «Era una obra que había leído en más de una ocasión, era especial para mí», relata, hasta el punto que asistía por duplicado a clases de literatura homérica.

Estrada evidencia cómo la narración sitúa a las mujeres como personajes necesarios para culminar el viaje del héroe, confiriéndoles entidad en sí mismas. Su intención es dinamitar las interpretaciones posteriores que se han hecho de estos personajes mitológicos. «Hemos tenido todos metidos en la cabeza unos estereotipos, que se iban destilando» con el paso del tiempo y sus sucesivas adaptaciones, según cada época, hasta el punto de calar socialmente unas imágenes que poco tienen que ver con los originales. Cita como ejemplo el caso de la Circe de Ovidio: «Cuando habla de ella genera una Circe completamente diferente, casi opuesta a la que sale en la ‘Odisea’, y esa Circe ha triunfado», reflexiona. Algo similar sucede con Penélope, que ha trascendido como «la mujer fiel, pasiva, que espera» frente a la persona sagaz que describe el adjetivo «perifrom», «usado hasta 50 veces» para referirse a ella. «No todas las traducciones dicen lo mismo», aclara, debido a la inclinación por uno u otro de sus múltiples significados. «Puede significar que alguien tiene buena cabeza: que es inteligente, sagaz, que puede tomar una decisión, y también que es prudente. Y de todos esos significados se elige la prudente Penélope, la temerosa», expone ilustrativamente.

Es posible porque, como sucede con otras obras de la literatura universal como «El Quijote», son más conocidos «de oídas» que leídos. «Yo he querido hacer una lectura fiel de la ‘Odisea’», explica, aunque se permitió añadir una ficción final en la que imagina lo que «están pensando» cada una de las protagonistas. «Después de tanto darle vueltas a cada personaje, yo ya tengo una intimidad con esas mujeres», bromea. «Ningún otro relato épico tiene tantas mujeres individualizadas entre sus personajes y en ningún otro son tan complejas y variadas», señala en su libro Estrada, que califica como «realmente peculiar» la mirada del autor «quienquiera que fuese». Estrada encuentra puntos en común entre «El Quijote» y la «Odisea» en «lo variopinto del mundo que reflejan y las distintas interpretaciones a las que se prestan», más en el caso del clásico griego.

En cuanto a la autoría, tiene su propia teoría: «¿La posibilidad de que sea una mujer? Pues sí, existe, no se puede demostrar, pero tampoco se puede demostrar que no lo fuera», asegura convencida. «Podría ser la perspectiva de una mujer, de un hombre con una perspectiva especial o de un grupo cultural que hubiera surgido y no conocemos. Pero desde luego los ojos que ven a las mujeres en la ‘Odisea’ no son los mismos que ven a las mujeres de ‘La Ilíada’. Es completamente diferente», concluye. En ese sentido, recuerda el caso de Enheduanna, la suma sacerdotisa acana que firmó los primeros versos de los que se tiene constancia en la historia, y que «la primera novela japonesa también tiene a una mujer como autora», señala refiriéndose a «La novela de Genji», de Murasaki Shikibu, un texto datado en el siglo XI, cinco antes de que se publicara «El Quijote».