El Big Mac ahora sienta peor

Desde 1986 las grandes cadenas incorporan alternativas saludables que esconden un aumento de calorías en sus productos estrella

  • Según el reciente estudio publicado en «Journal ot the Academy of Nutrition and Dietetics», Macdonalds es un buen ejemplo de cadena rápida con intención de vender una imagen más «healthy» cuando luego no es así.
    Según el reciente estudio publicado en «Journal ot the Academy of Nutrition and Dietetics», Macdonalds es un buen ejemplo de cadena rápida con intención de vender una imagen más «healthy» cuando luego no es así. /

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Madrid.

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13 de junio de 2019. 10:50h

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D.Fuentes.  Madrid. 13/6/2019

Está claro que la comida rápida es una forma fácil y económica de comer que permite llevar un ritmo de vida acelerado sin preocuparse del menú semanal. De hecho, las propias cadenas de alimentación lo saben y, por ello, han introducido elementos más «verdes» que han conseguido tranquilizar en cierta medida nuestra conciencia. Sin embargo, a pesar de su intentona por vender una imagen más «healthy», la realidad es que su lavado de cara es totalmente engañoso. Así lo corrobora un reciente estudio publicado en «Journal ot the Academy of Nutrition and Dietetics», que analiza los cambios introducidos desde 1986 en un gran número de restaurantes de «fast food» y que ha concluido que no sólo no han mejorado, sino que su oferta es peor para la salud.

Las tres últimas presentadas por Macdonalds, esta semana, resultan un buen ejemplo: la primera aumenta el tamaño de su carne; la segunda incorpora salsa barbacoa y beicon; y la tercera innova con el queso de cabra y la cebolla caramelizada. En definitiva, mismo producto, pero con más ingredientes. Así, mientras que la preocupación por la alimentación sana no para de crecer desde hace dos décadas, las grandes corporaciones han ido modificando sus ofertas al tuntún con tal de seguir atrayendo a un público cada vez más concienciado. ¿Cómo? A través de ensaladas, de carnes de pollo y de filetes de pescado que, poco o nada, mejoran nutricionalmente sus recetas.

Entonces, ¿cómo es posible que hayan empeorado si, en teoría, se habían apuntado a tendencias más beneficiosas? Toqueteando los complementos, los entrantes y los postres, una forma de desviar el foco de atención. En ese sentido, las conclusiones de los investigadores son aniquiladoras: las grandes cadenas aumentaron el tamaño de sus porciones y el número total de calorías para compensar las mínimas reducciones en sus platos principales o en sus alternativas más saludables. Tal es así que la mayoría de sus ensaladas encierran más calorías que la propia hamburguesa: encima del batiburrillo de hojas verdes se colocan tantos «toppings» y salsas que el resultado es un espejismo. Según el análisis, aunque hay una gran variedad de opciones para elegir, la cantidad de grasa, el tamaño de las porciones y el contenido de sal aumentó en todas.

En concreto, la dimensión de las raciones de los entrantes creció algo más de 13 gramos, es decir, 30 calorías más cada diez años. Los complementos como las patatas fritas no modificaron su aspecto, pero sí su densidad enérgética: 14 calorías. Mientras que los postres fueron los que más crecieron en ambos aspectos: 24 gramos y 62 calorías. La cantidad de sal también aumentó en los tres grupos: cerca del 14% en los primeros, 12% en los segundos y un 3,6% en los terceros.

En España, en las últimos años, el consumo de comida rápida ha ido aumentando y la previsión es que en los próximos años se llegue a incrementar hasta un 50%. Sin embargo, el problema es aún mayor: la ingesta de comida rápida no sólo influye en la obesidad y los niveles de colesterol. Según otro análisis desarrollado por las Universidades de Las Palmas de Gran Canaria y Navarra, publicado en la revista «Public Health Nutrition», también parece afectar a la salud mental y propicia un mayor riesgo de trastorno del estado anímico.

El estudio contó con 8.964 participantes sin diagnóstico previo de depresión ni consumo de antidepresivos, que fueron evaluados durante una media de seis años. Durante este periodo de tiempo, 493 personas fueron diagnosticadas o comenzaron a tomar medicación al respecto. Los investigadores también encontraron que el consumo de pasteles elaborados (magdalenas, donuts, cruasanes) también elevaba el riesgo de depresión. El trabajo expone que los participantes con mayor ingesta de ambos tipos de productos son más propensos a estar solteros, ser menos activos en su rutina y tener un patrón dietético mucho peor, con una ingesta menor de fruta, frutos secos, pescado, verduras y aceite de oliva. Fumar y trabajar más de 45 horas semanales son otras de las características prevalentes en este grupo. Como el hecho de cenar una gran hamburguesa y algún que otro helado.

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