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Mantener una dieta sana previene el 40% del cáncer

La evidencia científica confirma que la alimentación incide en el desarrollo de la enfermedad y mejora la respuesta al tratamiento

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05 de febrero de 2018. 18:12h

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Raquel Bonilla 5/2/2018

La sombra del cáncer está detrás de cualquier persona. Sin embargo, hay argumentos para el optimismo, ya que el 40% de los tumores son evitables con hábitos de vida saludable que están al alcance de nuestra mano, según los últimos datos publicados esta semana por la Sociedad Española de Oncología Médica, SEOM.

Tan al alcance de la mano está, por ejemplo, el abandono del tabaco, que es responsable del 33% de los tumores; reducir el consumo de acohol, que está detrás del 12% de los cánceres, o mitigar la obesidad, que provoca uno de cada 20 tipos de neoplasias. Es ahí donde la alimentación juega un papel decisivo en la prevención del cáncer. «Existe un gran número de tumores en los que se conoce que la dieta tiene una gran influencia, como el colorectal, el de estómago o el de mama en particular», confirma Miguel Martín, jefe de Servicio de Oncología Médica el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, quien hace hincapié en que «ya hay evidencia científica de que la obesidad por sí misma es un factor de riesgo clave en el desarrollo del cáncer».

En esta misma línea se posiciona Laura Esquius, nutricionista y profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universidad Abierta de Cataluña, quien detalla que «según estudios de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer en Europa, son atribuibles a la obesidad el 45,2% de los tumores de endometrio; el 42,7% de los de esófago; el 31,1% de los renales; el 27,5% de los de colon en hombres y el 14,2% en mujeres, y el 19,3% de los de páncreas. Por tanto, hay suficientes indicios para afirmar que evitar la obesidad y realizar actividad física regular, como caminar al menos 30 minutos al día, protege del cáncer».

Con todos esos datos sobre la mesa, los expertos cada vez son más claros al confirmar que la alimentación es una de las herramientas imprescindibles para poner un escudo al cáncer. «El aval científico ya es contundente, lo que hace posible afirmar que desde la mesa se puede ayudar a prevenir esta enfermedad. El carro de la compra se convierte en el carro de la salud y de la vida al que debemos subirnos, pues eso está al alcance de todos», asegura Odile Fernández, médico especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y Postgrado en Medicina Preventiva y Salud Pública que ha superado en primera persona un cáncer metastásico.

Pero, ¿qué debe incluir ese carro de la compra? El consenso es total: «Resulta necesario volver a la dieta mediterránea tradicional, es decir, dar prioridad a los productos frescos y de temporada, los que se encuentran en el mercado y que no están sometidos a ningún proceso de conservación, y eso pasa por aumentar la ingesta de verduras, hortalizas, pescados, frutas, legumbres, frutos secos y cereales integrales, todo ello acompañado de aceite de oliva virgen», explica Martín.

El poder de los fitoquímicos

El poder «anticancerígeno» de la dieta mediterránea tiene nombre propio: los fitoquímicos. «Son sustancias que se encuentran en los alimentos de origen vegetal, como frutas, verduras, hortalizas, aunque en pequeñas cantidades, pero con gran efecto beneficioso para la salud, pues se ha comprobado que pueden actuar como inhibidoras del cáncer», asegura Fernández, quien añade que «los fitoquímicos tienen la capacidad de estimular el sistema inmune, de bloquear los carcinógenos presentes en la comida y bebida que ingerimos, de reducir la inflamación que estimula el crecimiento del cáncer, de prevenir daños en el ADN celular, de reducir el estrés oxidativo que daña las células y puede originar cáncer y de retrasar el crecimiento de las células cancerígenas».

Pero casi tan importante como lo que comemos es lo que no, de ahí que los expertos coincidan en la necesidad de «reducir el consumo de carnes rojas y procesadas, evitar los azúcares refinados y eliminar de la dieta los productos procesados, pues tienen una gran influencia a la hora de incrementar el riesgo de padecer algunos tipos de cáncer», puntualiza Martín.

Pero la alimentación no es sólo una herramienta de prevención, sino que también puede convertirse en una pieza decisiva una vez que el cáncer hace mella en el organismo, hasta el punto de que puede ser clave en la recuperación de un paciente oncológico. «Durante el proceso del tratamiento de cualquier tipo de cáncer la alimentación juega un papel fundamental y todos los pacientes deben seguir una dieta sana y equilibrada, aunque es posible que haya alimentos que no le sienten bien, por ese motivo se deben ajustar las necesidades a cada persona», explica Marisa Torres, oncóloga médica del Instituto Oncológico Baselga (IOB).

La desnutrición, la debilidad del sistema inmune, la falta de apetito, la aparición de llagas bucales o la existencia de problemas estomacales son algunos de los factores adversos con los que se topa el paciente durante el tratamiento oncológico. Sin embargo, el mayor conocimiento por parte de los profesionales y la existencia de equipos multidisciplinares en los que se incluye a nutricionistas especializados en Oncología permite atajar cada vez con más éxito estas adversidades. «Los casos de desnutrición se suelen observar en pacientes con patología digestiva alta, aunque no es habitual, ya que desde el diagnóstico realizamos un manejo multidisciplinar en conjunto con el Servicio de Endocrinología y Nutrición para prevenirlo», asegura Torres, quien matiza que, «en cualquier caso, cada paciente es único y por eso existe una valoración inicial donde se analizan las necesidades particulares de cada uno».

En este sentido, ya es habitual que los oncólogos puedan recomendar a los pacientes guías nutricionales específicas para cada tipo de tumor, tal y como ocurre con la Guía de Ejercicio Físico y Nutrición para pacientes con cáncer de mama localizado, elaborada por Novartis. «Los enfermos cada vez se implican más y solicitan información nutricional y, a la par, los oncólogos ya están más educados en esta materia y transmiten a los pacientes normas higiénicas que incluyen una vida sana, con dieta equilibrada y ejercicio físico. Puede que durante el tratamiento oncológico sea más difícil de cumplir por los daños colaterales de los fármacos, pero lo importante es que una vez superado el cáncer, esos buenos hábitos se mantengan y se transmitan a su entorno, incluidos los niños. La prevención es mucho más barata que la curación, y está a nuestro alcance», concluye Martín.

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