La Economía del Bienestar (para las personas)

Este blog abordará cómo debe cambiar el modelo económico y empresarial, evolucionando hacia un modelo medioambientalmente sostenible y socialmente responsable. Porque la economía debe ser un medio, y no un fin en sí mismo.

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La brecha tecnológica y digital en la revolución 4.0

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Sobre el autor

Mónica Melle Hernández

Doctora en Economía con Premio Extraordinario por la UCM. Profesora Titular de Economía Financiera de la UCM. Pertenece a las Juntas directivas de “Economistas Frente a la Crisis”, de la “Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas” y de la “Asociación de Mujeres Empresarias y Profesionales BPW-MADRID”

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El modelo productivo en nuestro país está cambiando. No porque el Gobierno desarrolle políticas activas industrial o de empleo. Sino por el mayor dinamismo de las propias empresas y emprendedores, que buscan oportunidades de negocio y miran cada vez más hacia la economía digital.

La llamada revolución 4.0 se está produciendo. Los fenómenos de la digitalización y la robotización están alterando los procesos de producción, de distribución y de consumo de bienes y servicios en todos los sectores.

Surgen nuevos mercados, las actividades y las cadenas de valor se reestructuran, los grandes actores tradicionales ven su posición amenazada, y nuevos modelos de negocio y de financiación aparecen.

Las mujeres y los hombres deben estar presenten en esta revolución digital, con igualdad de oportunidades. Pero, ¿existe equidad en el acceso a las tecnologías de la información y comunicaciones de todos los ciudadanos?

La brecha digital de género (diferencia de puntos entre hombres y mujeres en los indicadores de uso de TIC) ha aumentado en 2016 en los principales indicadores que analiza la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y Comunicación del INE (uso de Internet en los tres últimos meses, uso frecuente de Internet y compras por Internet).

La diferencia entre el porcentaje de mujeres y de hombres que habían usado internet, en los últimos 3, meses era de 3,9 puntos en 2016, mientras que en 2015 esta diferencia era de 3,2 puntos. Esta brecha se agranda al referirnos a la intensidad y la frecuencia en los usos más complejos o profesionales de las nuevas tecnologías, así como en la creación. Por ejemplo en compras por Internet la brecha es de 6,1 puntos.

Por otra parte, el personal investigador y diseñador en el sector TIC es mayoritariamente masculino, lo que dificulta la representación de la diversidad. En la práctica, los productos TIC están diseñados por hombres profesionales que proyectan sus expectativas e intereses en los productos planteados. Este hecho favorece las situaciones de exclusión tecnológica de algunos grupos de población potencialmente usuaria.

Las brechas digitales de género se mantienen, a pesar de la mayoritaria presencia de mujeres en todas las ramas de la enseñanza universitaria, con la excepción de las titulaciones técnicas. Del mismo modo, la presencia de mujeres directivas, en las principales compañías europeas del sector de las telecomunicaciones, es aún muy baja.

Los factores que determinan la persistencia de brechas digitales son de carácter múltiple, incluyendo variables como el sexo, la edad, la educación, los ingresos, el origen racial o étnico, el origen rural o urbano, etc.

Es necesario, por tanto, garantizar que las mujeres y los hombres se incorporen, en condiciones de igualdad de oportunidades, a la sociedad de la información. Con acciones dirigidas a favorecer el acercamiento y la formación de las mujeres, especialmente las más vulnerables a la exclusión digital, en el uso de las TIC.

Con acciones que fomenten el protagonismo de las mujeres como creadoras de contenidos en la red y que promuevan contenidos y recursos que respondan a las necesidades de las mujeres.

Y desarrollando acciones de sensibilización de la población en general y de agentes TIC; en particular, dirigidas a difundir el conocimiento sobre la situación de las mujeres en la Sociedad de la Información.

No sólo por justicia social. También porque, como recientemente ha demostrado una investigación, analizando el código en el repositorio de Github, las mujeres son mejores programadoras que los hombres. Hay mujeres con una predisposición a programar excelente cuyo talento no debe desperdiciarse.

Mujeres y hombres debemos protagonizar esta revolución 4.0 imparable, que incluso se acelerará cuando los nativos digitales se incorporen al mundo laboral.

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