Derecho de Familia

El blog nace como un instrumento interactivo entre el escritor y los lectores de La Razón para facilitar el conocimiento de la situación actual de los problemas candentes del derecho de familia en nuestro país. Además de artículos, el blog está abierto al dialogo y a la resolución de las consultas que los lectores quieran plantearle.

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Esto va a "petar"

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Sobre el autor

Adolfo Alonso Carvajal

Soy abogado especialista en Derecho de Familia, Civil y Penal, y doctor en Derecho, con una tesis sobre los derechos fundamentales en materia de "sustracción interparental de menores", secuestro de niños y niños desaparecidos. Ademas, he formado parte de la candidatura a la alcaldía de Guernica, y en dos ocasiones he sido candidato al Congreso de los Diputados como miembro y en las listas del PSE-PSOE. He trabajado tanto en España como en la Unión Europea, el mundo árabe, Australia, EE UU o Lationamérica. Conferenciante y organizador de jornadas y congresos, he publicado diferentes obras en solitario y colectivas y soy creador de la teoría del "Derecho del Límite" para el derecho de familia.

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En la justicia tenemos dos modelos arquitectónicos. El primero el de los nuevos edificios , estilo “ilusionista”, y el segundo el “naturalista”, un juzgado como se pueda. No solo es estético sino que trasluce las desigualdades entre partidos judiciales, ciudades, y ciudadanos. El que tenga “ciudad de la justicia” significa que es un ciudadano que vive en una capital, con todos los medios aparentemente inmediatos, prontos y dispuestos; y el que tenga un local comercial como juzgado significa que es de un pueblo, que no tiene especialidad en su órgano judicial, como mucho en número cinco, normalmente dos o tres, que no tiene fiscales presenciales y que incluso los equipos psicosociales pueden estar en otra localidad, con lo que supone también para el justiciable. Con suerte funcionará la sala de videoconferencias, si es que hay sala.

Vengo de Málaga, y he pasado por el Juzgado de lo mercantil número 1 . He visto en los expedientes por todos los sitios, suelo incluido. Obviamente no por razones estéticas de colores, sino por exceso de asuntos y por falta de espacio, por más que el edificio se llame “ciudad de la justicia”. En el Tribunal Supremo también he visto este mismo paisaje, de montaña y orografía de depósito, pero más a lo bestia.

Uno piensa que si fuese juez “petaría” con esta carga de trabajo.

“Petar”, la palabra, popular, significa estallar o reventar de forma súbita y explosiva.

MI impresión al ver aquello, que veo con demasiada frecuencia por mis viajes por el planeta judicial de familia, es que la justicia va a “petar”, que los jueces van a “petar”, que los funcionaros van a “petar”, y que los abogados de familia que hemos sido formados en filosofía del derecho con la idea de ser un cooperador a y de a justicia, también vamos a “petar” con tanta carga suelta a punto de estallar.

Las relaciones entre los operadores jurídicos, con este sistema judicial que tememos, son muy difíciles en este estado .

No hay igualdad, pero tampoco hay justicia. Está perdiendo la virtud de la justicia y está ganando la concepción administrativa de los juzgados. Incluso la palabra Juzgado pierde, por la de oficinas judiciales, en la jurisdicción civil, en la mercantil, en la administrativa. Creo que falta tiempo material para no quedar sepultados entre papeles todos los funcionarios, y espacio. Así no hay quien haga filosofía no hay quien piense , no hay justicia que sobreviva y no hay quien sea justo.

Al mostrador ahora todos vamos a preguntar cosas de los pleitos.

En el derecho de familia, los juzgados y los justiciables, van a “petar” también pero de otra manera porque son sentimientos y vidas.

Que “pete” una empresa por una cuestión económica es duro, pero que “pete” una vida es aún más.

El dolor del ser humano y los riesgos para su vida se prolongan Los tiempos de espera en los juzgados de familia son cada vez mayores, tanto para la celebración de los juicios como para que se dicten sentencias como para las ejecuciones de las resoluciones judiciales. Los señalamientos para votación fallo de los recursos de apelación se dilatan, y más aun los plazos para dictarlas. Me gustaría conocer la estadística de jueces de familia o de violencia contra la mujer que han pasado por el síndrome del “burn out” o Síndrome del Quemado, un trastorno psicológico que afecta a muchos trabajadores que viven en un estado de estrés y ansiedad permanente.

Parece que nos olvidáramos que el derecho de familia es un derecho reparador o restaurativo de la vida de las personas, que es una puerta abierta a la esperanza. Sin embargo es apariencia, todos los que estamos en esta especialidad,lo haceos precisamente porque no nos olvidamos del hombre, o de la mujer ni de los niños. No está fallando el factor humano en esta situación de atasco e injusticia, están fallando las políticas y las partidas presupuestarias. Alguien está calculando mal las cosas y lleva tiempo haciéndolo.

Mal calculados los tiempos. Necesitamos una ley orgánica sobre la jurisdicción de familia, que cree la jurisdicción y establezca procedimientos con plazos más cortos y con menor margen a las excepciones procesales. Debo primar la realización de la justicia frente al procedimiento, menos garantías que pueden ser excesivas y menos plazos de tramitación. Habrá que dictar sentencias in voce o autos de medidas provisionales en el acto, señalando menos, y no hacer vistillas previas bajo presión.

Mal calculados los espacios, el volumen arquitectónico no absorbe el volumen litigioso y antes bien al contario pone de manifiesto la desproporción de todo tipo entre litigios y medios.

Demasiada despersonalización y excesivos los tiempos, la impresión es que esto va a “petar” cualquier día.

Entiendo que los Jueces vayan a la huelga.

Reformas legislativas y políticas ya.¡¡¡¡

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