El independentismo, dividido sobre el «plebiscito» de Torra

JxCat y Esquerra chocan por el «valor» que deben de tener las elecciones catalanas en el proceso separatista

La inhabilitación de Quim Torra ha precipitado la conclusión de la legislatura en Cataluña y se da por hecho que las elecciones se celebrarán el 7 de febrero. De ahora hasta entonces, una larga campaña electoral de cuatro meses marcará el paso de la política catalana. Como primer paso en esta carrera hacia las urnas, JxCat y Esquerra, principales aspirantes a la victoria, han sellado hoy un acuerdo de mínimos y bastante inconcreto sobre el funcionamiento del Govern en funciones, ya que el partido de Carles Puigdemont alberga recelos sobre la actitud que puede adoptar el partido de Oriol Junqueras a los mandos de la Generalitat.

Las ambigüedades del acuerdo pueden dar pie a malos entendidos y choques entre los socios de Govern, cuyas relaciones están muy deterioradas y lastradas por las divergencias estratégicas sobre cómo afrontar el «procés». Tanto es así que otro de los elementos que puede protagonizar esta campaña es la interpretación que se dé al resultado electoral después de que Torra bautizara los comicios de «plebiscito»: mientras JxCat apuesta por dale un «valor» y que tenga «consecuencias políticas» si el independentismo supera el 50% de los votos , Esquerra advierte de que rebasar esa barrera es «imprescindible» para la independencia de Cataluña, pero no es «definitiva».

El partido de Puigdemont, que, a diferencia de ERC, ha perdido toda esperanza de diálogo con el Estado, trata de marcar la agenda y situar de nuevo el «procés» en el centro de la política, mientras Esquerra intenta dar espacio a aspectos sociales –es decir, al eje derecha-izquierda–. Bajo el reclamo de las elecciones «plebiscitarias» y el objetivo de superar el 50% de los votos para trazar un nuevo horizonte –escenario similar a las elecciones de 2015 y la hoja de ruta de independencia en 18 meses–, JxCat trata de reactivar al independentismo, cada vez más desmovilizado como se comprobó en la calle ayer con la inhabilitación de Torra –salió muy poca gente a manifestarse–.

Y es que esa es la principal inquietud de JxCat, que el «procés» y el eje nacional empiece a quedar en un segundo plano y empiecen a ganar terreno cuestiones de carácter más ideológico, ya que apenas ha podido armar un discurso. Si bien, de entrada, sus voces más destacadas sitúan al partido en el centroizquierda, circunstancia que ha forzado la ruptura con el PDeCat, que se ubica en el centroderecha y reivindica el legado político de Convergència.

En cualquier caso, lo cierto es que los próximos cuatro meses estarán cargados de electoralismo. JxCat dispondrá mañana miércoles de un nuevo acto de propaganda con la intervención de Torra en el Parlament, 48 horas después de su inhabilitación. La sesión parlamentaria forma parte del acuerdo entre JxCat y Esquerra y servirá para mostrar el rechazo a la resolución del Tribunal Supremo. Ese acuerdo entre ambas formaciones también recoge que Torra no ejercerá ningún papel «simbólico», aunque restará a disposición del Govern. Asimismo, subraya que Pere Aragonès no ocupará el despacho ni los espacios propios del president y «asumirá interinamente funciones limitadas de presidencia». El documento, si bien, no da excesivos detalles sobre el Govern, más allá de indicar que «cualquier medida extraordinaria» que se deba tomar deberá contar con el consenso de ambos socios, algo que puede ser fuente de desencuentros.