Toni Soler: «Cuando escribo lo que quiero lo último que busco es hacer reír»

El autor presenta «Un bon cel», una reflexión sobre la vejez a partir del caso del celador que mató a once ancianos

Toni Soler presenta "Un bon cel"
Toni Soler presenta "Un bon cel"Miquel Gonzalez De La Fuente

Hace diez años, Olot ocupó no pocos titulares tras la detención de Joan Vila Dilmé, un celador al que se acusaba de haber matado a once ancianos de la residencia geriátrica La Caritat. Este suceso sirve al periodista y productor Toni Soler para reflexionar, entre otros temas, sobre la vejez y la muerte en su nuevo libro «Un bon cel», publicado por La Campana.

–Es innegable que “Un bon cel” tiene puntos en común con su anterior trabajo “El tumor”. Son dos libros que se dan la mano.

–Sí, estoy de acuerdo. «El tumor» fue una especie de desnudez emocional que me llevó a querer escribir más sobre este tipo de cuestiones como son el paso del tiempo, la vejez, etc. Lo que pasa es que quería hacer una cosa más periodística. Como hacía diez años del caso y como tengo una vinculación muy especial con Olot me sirvió perfectamente como gancho para poder explicar todo lo que quería explicar y hacerlo a través de unos hechos. Es un híbrido entre la crónica negra y la reflexión más personal.

–Podría parecer que su libro es, en un primer momento, un «true crime», pero también aporta mucho personal. ¿No le tentó la posibilidad de un libro solamente con ese género?

–El «true crimen» auténtico pide mucha más investigación de la que yo he hecho. No estaba dispuesto a irme seis meses a Olot a investigar todos los detalles. Sí me empapé del sumario, del juicio, hablé con toda la gente a la que tuve acceso, pero lo que quería era poder unir una línea de puntos imaginaria diversos vértices como son el caso de Joan Vila, mi vinculación con Olot, el tema de la eutanasia y el paso del tiempo, así como mi percepción de la vejez. Ese círculo lo tenía mentalmente dibujado en la cabeza pensando cómo podía dar estructura a todo esto para hacer un libro. Pude ver, mientras escribía, que podía contar todo esto como si fuera un plano secuencia. No quería que hubiera capítulos sino que la cosa fluyera.

–El tratar estos temas, ¿es querer dar una perspectiva terapéutica a su narrativa?

–¿Para los lectores? Ojalá, pero no lo sé porque no sé si este es un libro que anime o desanime. En todo caso sí es honesto. Intento escribir lo que me gusta como lector y como lector me gusta que los ensayistas, los periodistas, los cronistas se impliquen en lo que escriben. Tuve mucho en mente el libro de Emmanuel Carrère «El adversario», un autor que no se limita a contar las cosas desde fuera sino que pone mucho propio. Para mí fue una guía.

–¿Es este su libro más sincero? Lo digo por algunas de las confesiones que realiza, como la posibilidad del suicidio a los treinta años.

–Soy una persona que se hace preguntas. No soy un suicida potencial, pero cualquiera con un poco de curiosidad por la vida se puede plantear todas las opciones, incluso pensar que si puede llegar un momento en el que la vida no nos resulte soportable y prefieras la muerte. A mí me gusta plantearme estas cosas, algo que no quiere decir que vaya a hacerlo. Al contrario, espero tener una buena vejez y morirme en mi camita calentito. Pero no me da miedo explorar estas zonas en la penumbra. ¿Es honestidad? Sí, puede serlo. Escribir sobre uno mismo siempre es agradecido. Creo que con estos dos libros ya he cubierto el cupo. No sé qué más escribiré porque con la ficción no me divierto tanto, aparte de que mi vida no da tanto de sí como para seguir hablando de uno mismo.

–¿Es más divertida la realidad?

–La ficción es muy complicada. He escrito un par de novelitas, pero inventarse las cosas no es mi terreno. Como lector tampoco, aunque sí la leo. Creo que la realidad tiene un punto de interés extra y como escritor me pasa lo mismo. Me he dedicado tantos años al humor y encuentro tan complicado explicar las cosas de manera que te puedas reír con ellas que cuando puedo escribir lo que me da la gana, de lo último que tengo ganas es de hacer reír. Me interesa explicar las cosas como son y basta.