Los hombres que querían ser enterrados con Marilyn

La actriz reposa en uno de los cementerios más célebres de Los Ángeles y a su alrededor se han creado algunas leyendas controvertidas e insólitas sobre sus vecinos

La tumba de Marilyn Monroe en el Westwood MemorialREED SAXONAP

«Pobrecita, ¿sabe dónde está enterrada? Junto a Wilshire Boulevard, entre rascacielos y todo ese tráfico». De esta manera se refería el cineasta George Cukor, pocos días antes de su fallecimiento, a la que es la última morada de la actriz a la que dirigió dos veces, aunque en la segunda ocasión no llegaron a concluir la película. Marilyn Monroe yace desde agosto de 1962 en Pierce Brothers Westwood Village Memorial Park and Mortuary, en el centro de Los Ángeles. Antes de la llegada de la intérprete, aquel era un cementerio más en la ciudad, lejos de la fastuosidad de otros que han servido como tumba de la nobleza de Hollywood. Sin embargo, con el paso del tiempo, el Westwood Memorial ha pasado a ser un lugar selecto donde han ido a parar Natalie Wood, Truman Capote, Roy Orbison, Dean Martin, Billy Wilder, Jack Lemmon y, más recientemente, Kirk Douglas. Pero es siempre Marilyn aquella que recibe más visitas y flores hasta el punto que la zona en la que ella está enterrada es la única con una cámara de seguridad con la que se trata de evitar cualquier agresión a la lápida.

De quien probablemente nunca habrán oído hablar es del vecino que tiene Marilyn sobre su tumba. Se llamaba Richard F. Poncher y fue un rico empresario que murió el 30 de agosto de 1986 a los 81 años. Dicen que hizo lo imposible para asegurarse ser enterrado sobre su actriz favorita, algo que lo llevó -o al menos eso se cuenta- a solicitar que el ataúd fuera colocado boca abajo. La leyenda de Poncher ha ido creciendo con el paso de los años, pero nunca ha podido ser demostrada. El autor de estas líneas hace años lo intentó al visitar ese lugar y hablar con los encargados del cementerio. Lo único que logré fueron unas risas. Pero la historia pervive y se ha convertido en una de las más comentadas del Westwood Memorial, hasta que en 2009 una bomba de considerables dimensiones estalló en torno a esa tumba.

Elizabeth Poncher, la viuda del empresario, tenía deudas, demasiadas deudas que evitaban que pudiera mantener su lujoso tren de vida. La mansión en la que vivía en Los Ángeles era demasiado cara y ella quería seguir viviendo allí. La anciana, que posiblemente viera cercano el final de sus días, aseguraba que no quería dejarle deudas a sus herederos, hecho que la obligaba a tomar una dolorosa decisión: dejar en manos del mejor postor la tumba de su marido. A través del portal Ebay se subastaba aquel nicho, asegurando que el pobre señor Poncher sería desahuciado y llevado a la finca de la familia. La pobre viuda aseguró que la tumba había sido comprado muchos años antes a Joe DiMaggio, el célebre jugador de béisbol que fue segundo marido de Marilyn y acabó siendo el hombre que la cuidó hasta el final. Sin embargo, no parece que aquel encuentro con DiMaggio hubiera ocurrido alguna vez. Lo único cierto es que un japonés ofreció 4.602.100 dólares por el nicho. Dicen que Elizabeth Poncher brindó al saber la cuantiosa cifra, pero la alegría duró poco. Al cabo de unos días, el rico nipón no lo resultó tanto y aseguró que no tenía ese dinero. La señora y su abogado empezaron a mirar entre las últimas 21 mejores ofertas recibidas. Nada. No hubo suerte. Ya nadie quiso saber nada.

Hay un epílogo curioso a esta historia. Mientras Ebay vendía la tumba del señor Poncher, se supo que la pareja estaba divorciada antes del fallecimiento del empresario. ¿Podía venderla? Un buen día hubo otro extraño giro de guion porque junto a la última morada de Richard F. Poncher, a la izquierda, apareció una inscripción con el nombre de Elizabeth Poncher, aunque sin ninguna fecha sobre su muerte.

Debajo de la controvertida señora Poncher y al lado de Marilyn está el nicho en el que fue colocado el ataúd de Hugh Hefner, el editor de la revista «Playboy» y muerto en 2017. En 1992 adquirió su futura tumba por 75.000 dólares. Quería que sus restos fueran enterrados junto con los de la mujer a la que debía su primer éxito.

Marilyn fue la chica de la portada y del desplegable en el interior del primer numero de «Playboy», aparecido el 1 de diciembre de 1953 y del que se vendieron 51.000 ejemplares. Hefner había comprado las fotografías que una desconocida Marilyn, en ese momento Norma Jeane, se había hecho poco antes cuando no tenía el dinero que necesitaba para pagar el coche que tenía en el taller. Ella cobró 50 dólares. Cuatro años más tarde, Hefner adquirió la serie de imágenes por 500 dólares. «Nunca recibí un agradecimiento de todos aquellos que ganaron millones con una fotografía de Marilyn desnuda. Incluso tuve que comprar una copia de la revista para verme en eso», afirmó la actriz con pesar.