Los factores de riesgo cardiovascular están asociados al deterioro cognitivo ya en edad temprana

Un estudio del CNIC apunta a que la prevención cardiovascular en la mediana edad puede retrasar o quizá detener alteraciones cerebrales que contribuirían al deterioro cognitivo y la aparición de Alzheimer

Valentín Fuster y Marta Cortés-Canteli, junto al resto del equipo de investigadores. CNIC
Valentín Fuster y Marta Cortés-Canteli, junto al resto del equipo de investigadores. CNIC

La enfermedad de Alzheimer se inicia mucho tiempo antes, incluso 20 años antes, de la aparición de los primeros síntomas, de manera que adquiere especial relevancia la prevención, puesto que una vez se ha producido el deterioro cognitivo ya no hay marcha atrás, no es reversible, y la enfermedad no tiene curación.

De hecho, tal y como señala el doctor Juan Domingo Gispert, responsable del Grupo de Neuroimagen del Barcelona Beta Brain Research Center (BBRC), “se estima que si controlásemos todos los factores de riesgo modificables del Alzheimer se reducirían en un tercio los casos de la enfermedad”. Y es en este contexto que adquiere especial relevancia el estudio que está llevando a cabo el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), en colaboración con el Banco Santander y expertos en neuroimagen del centro de investigación de la Fundación Pascual Maragall, el BBRC, el cual ya ha permitido determinar que existe una asociación entre el metabolismo cerebral, el riesgo cardiovascular y la aterosclerosis durante la mediana edad, antes de que aparezcan los síntomas.

Es decir que, según pone de relieve este informe, “los factores de riesgo cardiovasculares hacen que las personas que los expresan sean más vulnerables a enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer por un menor consumo metabólico cerebral”, explica el doctor Juan Domingo Gispert, quien al respecto señala que “ese menor consumo metabólico cerebral da una menor capacidad al cerebro para lidiar contra los eventos adversos y ésta queda comprometida y eso, en el caso del Alzheimer, se traduce en una menor capacidad para soportar el daño cerebral”. Además, hay que tener en cuenta que las áreas cerebrales que muestran menor metabolismo en personas con mayor riesgo cardiovascular son las que se ven más afectadas por la enfermedad de Alzheimer.

Por su parte, el doctor Valentín Fuster, director general del CNIC y uno de los autores principales del trabajo, señala al respecto que “los estudios preliminares sugieren que los factores de riesgo que afectan a los grandes vasos que van al corazón y al cerebro, dando lugar al infarto de miocardio y al infarto cerebral. pueden afectar también a la pequeña circulación del cerebro, disminuyendo así su flujo cerebral y reduciendo el metabolismo cerebral en lugares del cerebro importantes para la memoria o el Alzheimer, por ejemplo, y, por lo tanto, alterando el poder cognitivo”.

Pero el gran hallazgo de este estudio, que invita a iniciar una nueva vía de investigación, es, tal y como señala Juan Domingo Gispert, que “éste viene a sugerir que ese vínculo más íntimo entre factores de riesgo cardiovascular y patología del Alzhéimer está ya presente en edades muy tempranas”, muchos años antes de que se manifiesten los primeros síntomas clínicos de cualquiera de las dos patologías.

Y es que “se sabe hace tiempo y estaba establecido que todos los factores de riesgo cardiovascular contribuyen a la severidad del Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas y también, de forma reciente, se ha empezado a intuir, gracias a diferentes estudios, que hay un vínculo más directo estos factores de riesgo y las características patológicas del Alzheimer, pero nunca antes se había establecido esa asociación entre los riesgos y un menor metabolismo cerebral durante la mediana edad y en personas sanas”, constata el doctor Domingo Gispert. Eso ha sido posible gracias a que en la investigación desarrollada por el CNIC “se ha estudiado con mucho detenimiento factores de riesgo cardiovascular en personas de mediana edad, de unos 50 años, todas sanas y que se ha tratado de un estudio excepcionalmente grande, ya que ha contado con 500 participantes”.

En cualquier caso, el estudio adquiere gran trascendencia porque abre una puerta a la posibilidad de intervenir sobre los factores de riesgo cardiovascular, que son modificables y fácilmente identificables con un simple análisis de sangre, para prevenir la evolución de una patología para la que no existe tratamiento, como es la demencia y, en concreto el Alzheimer. “Si prevenimos los factores de riesgo cardiovascular también prevenimos los factores de riesgo del Alzheimer, es decir que no solo hacernos un favor a nuestro corazón, sino también a nuestro cerebro”, sentencia el doctor Juan Domingo Gispert.

En la misma línea, el doctor Fuster señala que “cuando le dices a un paciente que ha de cuidarse para evitar factores de riesgo que pueden dar lugar a un infarto de miocardio o un infarto cerebral, muchas veces no hacen caso, pero si le dices que esos mismos factores pueden dar lugar también a una disminución de la función cerebral, el impacto es mayor”, comenta Fuster, quien pone de relieve que, en este contexto, adquiere especial relevancia “el cambiar de hábitos a edades tempranas”. El director General del CNIC apunta también que éste es solo uno de los resultados preliminares del estudio, que aún se mantiene abierto con el fin de conocer “los efectos concretos que los factores de riesgo cardiovascular pueden provocar en el poder cognitivo” y “confirmar que esa reducción del metabolismo y la función cerebral se explica por una falta de riego sanguíneo”.