El aterrador parásito que convierte a los cangrejos en marionetas

La Sacculina es un género de parásitos que, para sobrevivir, infectan a cangrejos hasta tomar control de su cuerpo, de su comportamiento y de su instinto maternal.

Fundido en negro. En la pantalla aparece el fondo del mar y la llena de colores brillantes. El agua, las rocas y el verde de las algas, todos parecen más brillantes que en el mundo real, tal vez porque la bucólica música que lo acompaña nos engaña a creerlo así. Un cangrejo entra a acaparar plano y se queda quiero, pellizcando con sus pinzas el cadáver de un pez para llevarse a la boca migajas fácilmente digeribles. Tras algunos planos detalle de sus mandíbulas, y sus ojos saltones, la música cambia. Algo está a punto de suceder y la tensión ha cambiado también, sin que te dieras cuenta, la saturación de los colores. El mundo parece un poco más gris, el sonido más ahogado y eso solo puede significar que algo está a punto de suceder.

En un plano casi microscópico, una pequeña larva flota empujada por la corriente y por los reflejos de una primitiva forma de “voluntad”. La tensión crece a medida que se acerca a nuestro protagonista y comienza a vagar sobre su caparazón. Está buscando algo, pero ¿qué? Recorre carapacho casi peinando los vellos y cirrípedos que cubre al cangrejo hasta que la música vuelve a anticiparse a la acción y la tensión se convierte en una mezcla de miedo e incredulidad. La minúscula larva ha dado con una de las articulaciones de las patas y tras desnudarse de su dura coraza, exhibe un cuerpo blando que comienza a presionar contra la dura membrana que une las piezas del exoesqueleto del cangrejo, cada vez con más fuerza hasta que finalmente, se cuela dentro. La pesadilla acaba de comenzar.

Dentro de un nuevo hogar

Los colores ya no son apagados, sino que, desde dentro del cangrejo, la película es en blanco y negro. Se ve en pantalla una sección del sistema circulatorio del cangrejo como si fuera una autopista donde sus coches viajan espásticamente, apenas unos segundos después se ve como la larva cruza la escena, está dentro, ya no hay marcha atrás.

El cangrejo todavía no sospecha nada y seguirá pellizcando su pescado durante unas cuantas horas. Sin embargo, en su interior acaba de dar comienzo una transformación escalofriante. La Sacculina (superorden Rhizocephala), que así se llama su polizón, está creciendo. Al perder su exuvia, justo antes de colarse en el cangrejo, vivía en forma de kentrogon (la forma larvaria invasiva), un nombre que parece aludir al mundo lovecraftiano que tan a juego iría con lo que está a punto de suceder. Ahora que ha empezado a crecer, la Sacculina se ha convertido en algo diferente, ya no es aquel kentrogon, sino que su cuerpo ha comenzado a alargarse, lanzando zarcillos que, como una hiedra, se agarrarán con fuerza a lo que encuentren.

Los tenebrosos tentáculos del viajante penetrarán en la carne y rodearán los órganos internos, absorberán los nutrientes y le robarán al cangrejo su propio sustento. Pero hay más, porque esta invasión no es solo una cuestión de espacio, en ella, los tentáculos evocan los hilos de una marioneta, pues la Sacculina irá tomando el control del cangrejo, poco a poco. Lo primero que cambia en su comportamiento es la voracidad. Ahora el cangrejo tiene que comer por dos y eso significa que cada segundo que no busque alimento es un segundo desaprovechado. No obstante, a la Sacculina no le llega con esto, necesita más nutrientes y una forma de conseguirlo es reducir los gastos del cangrejo. Pronto bloqueará su costosa capacidad para regenerarse y para mudar de caparazón, aunque todas estas medidas se quedan en un juego de niños comparado con la castración.

Atrofia y transformación

Producir espermatozoides y madurar óvulos es energéticamente caro, así que ¿por qué gastar nutrientes en ello cuando su cuerpo ahora es propiedad de la Sacculina? Lo único que el parásito necesita es que el cangrejo sobreviva un día tras otro, tan solo eso. Así pues, los órganos sexuales del cangrejo se atrofian, y sus ovarios y testículos se encogen hasta hacerse casi imperceptibles. Aunque a esto se suma una vuelta de tuerca más, porque la Sacculina tiene preferencia, necesita hembras y no se conformará con haber infectado a un cangrejo macho, cueste lo que cueste.

Cuando parasita a un macho, la Sacculina lo transforma. Bloqueando su producción fisiológica de hormonas y liberando a su torrente sanguíneo el cóctel adecuado, puede conseguir que un macho vaya cambiando su aspecto externo y su comportamiento hasta ser indistinguible de cualquier hembra. El motivo es, posiblemente, el colofón más oscuro imaginable para esta historia. La Sacculina necesita que el cangrejo sea hembra para explotar su instinto maternal y que así, cuide de su propio secuestrador “creyendo” que es sus hijos.

Hasta ahora hemos descrito la hoja de ruta de una Sacculina hembra, que, tras entrar en su hospedador, “echar raíces” y manipularle, parte de su cuerpo comenzará a emerger a través del abdomen del cangrejo, concretamente en el mismo pliegue que este utiliza para almacenar sus huevas. Poco a poco la masa gomosa donde el parásito tiene sus genitales y su sistema nervioso central crece hasta volverse tan abultada que abre el pliegue y se muestra como si fuera las huevas del propio cangrejo. Por eso necesita madres que lo cuiden y limpien como si fueran sus retoños.

Pero hay más, porque la Sacculina saca partido a esta ubicación de una manera más. El macho de Sacculina no se limita a fecundarla una o dos veces, sino que se funde con la hembra a través de esa suerte de “cabeza” que emerge del abdomen del cangrejo. Ahora la Sacculina tiene ovarios y testículos, los cuales producirán constantemente espermatozoides para fecundarla y permitir que produzca nuevos huevos cada pocos días. Es entonces cuando, el cangrejo, contribuirá a esparcir las larvas igual que tiende a diseminar sus propias huevas, frotando su abdomen contra una roca, aventando el pliegue de su abdomen e incluso creando ligeras corrientes con el movimiento de sus pinzas. Ahora sí ha completado su transformación, ya es una máquina de reproducirse.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Aunque la Sacculina afecta mayormente al cangrejo verde (Carcinus maenas) no es exclusiva de estos, motivo por el cual no parece buena idea utilizarla para controlar las poblaciones invasoras de esta especie.
  • Aunque en este tipo de piezas de divulgación se puedan utilizar adjetivos o expresiones que antropomorficen a los animales implicados, se trata puramente de recursos narrativos, los mismos que pueden usarse con objetos inanimados pero que no pretenden sugerir que una lámpara o el fuego tengan voluntad o deseos.

REFERENCIAS (MLA):