Estrenos en el sofá: “Dragged Across Concrete”, “Mi vida con Amanda” y “I Am The Pretty Thing That Lives in The House”

Crítica de “Dragged Across Concrete”: Cruzar al otro lado de la ley ★★★★✩

Dirección y guión: S. Craig Zahler. Intérpretes: Mel Gibson, Vince Vaughn, Tory Kittles, Thomas Kretschmann. USA, 2018, 159 minutos. Thriller. Filmin

Cuando los protagonistas de “Dragged Across Concrete” añoran los tiempos en que se podía ser políticamente incorrecto, en los que la policía no era fiscalizada por maltratar a un negro o a un latino, S. Craig Zahler no está reivindicando el racismo como antídoto contra la frustración ante el sistema. Está recordándonos que su película querría ser como “La patrulla de los inmorales”, de Robert Aldrich, o como “Cop, con ley o sin ella”, de James B. Harris, policíacos que no tenían que pedir permiso por violar los códigos de buena conducta del cine ‘mainstream’. Si algo nos enseñó el cine americano de los setenta -algo que la nueva ficción televisiva se ha aprendido de memoria- es que no había que comulgar con la ideología de sus antihéroes para empatizar con ellos. Así las cosas, en esta ‘buddy movie’ crepuscular y violentísima, lo que importa es el desencanto, el cansancio, el lento crepitar de un negro porvenir que obliga a sus protagonistas (un espléndido Mel Gibson, jugando a contenidos malabares con la mítica de sus ataques de ira, y un no menos notable Vince Vaughn) a cruzar al otro lado de la ley. Huelga decir que, con dos horas y cuarenta y cinco minutos de metraje, lo más singular de “Dragged Across Concrete” es el modo en que Zahler trabaja el tiempo. Es, por tanto, tan relevante la manera en que Vaughn se come entero un sándwich de pollo como un tiroteo que puede alargarse una hora. Esa deliberada lentitud, ya presente en las magníficas “Bone Tomahawk” y “Brack in Cell Block 9”, convierte las migajas del género, siempre en clave de serie B, en un asunto épico, que los diálogos, bloques lingüísticos como columnas jónicas, construyen en un laberinto de réplicas que Tarantino no habría escrito mejor. Eso añade un plus de extrañamiento a una película que es muchas cosas a la vez -sí, una buddy movie, pero también cine de atracos y de venganzas, y cine social incómodo: ¿acaso es plato de gusto pasar tanto tiempo con dos votantes de Trump?- y que hace de la digresión su estilo de vida. En esa digresión no solo hay espacio para el perspicaz, minucioso estudio de dos personajes al límite sino también para el de un tercero, el retrato de un expresidiario negro que, abocado a una existencia criminal, parece la versión solarizada de sus blancas némesis.

Lo mejor: Su tratamiento del tiempo hace original un argumento que podía ser manido

Lo peor: Es peligroso confundir la xenofobia de los protagonistas con lo que piensa la película sobre ellos

Crítica de “Mi vida con Amanda”: Lo que queda después del duelo ★★★✩✩

Dirección: Mikhael Herz. Guión: Mikhael Herz y Maud Ameline. Intérpretes: Vincent Lacoste, Isaule Murtrier, Stacy Martin. Francia, 2018, 108 min. Drama. Movistar + y Filmin

Para entender un duelo, para que cale hondo, primero hay que sentar las bases del afecto. No es necesario subrayarlos. “Mi vida con Amanda” lo trabaja de una manera muy natural, con breves trazos emocionales que nos hacen intuir la complicidad entre dos jóvenes parisinos, hermana y hermano del alma, y la relación que tienen ambos con la Amanda del título, una niña de siete años que es hija y sobrina respectivamente. Por eso cuando el terrorismo se lleva por delante a la madre, el giro no resulta ni efectista ni sentimental. Todo lo que ocurre en la primera fase de duelo -el llanto inconsolable de un magnífico Vincent Lacoste, el modo en que le comunica la noticia a su sobrina- resulta creíble y conmovedor. Menos convincente es el proceso de concienciación del protagonista, obligado a ser padre adoptivo por las circunstancias, a una edad en la que la precariedad laboral y sentimental es la norma. Sabemos que todo terminará felizmente, porque la vida es (un poco) justa, aunque sea en las películas.

Lo mejor: Los sinceros, intermitentes sollozos de Vincent Lacoste en distintas secuencias de la película

Lo peor: El tercio final del filme no está a la altura de su planteamiento dramático

Crítica de “I Am The Pretty Thing That Lives in The House”: La terrible soledad del fantasma ★★★★✩

Dirección: Osgood Perkins. Intérpretes: Ruth Wilson, Paula Prentiss, Bob Balaban. USA, 2016, 89 min. Terror. Netflix

Esta es la historia de una mujer fantasma contada por ella misma. No sabemos muy bien si su relato, que es de una soledad atroz, es la crónica de una mujer empalada inventada por otra mujer sola, solísima, en otro tiempo, frente a una máquina de escribir. ¿En qué tiempo vive la película de Osgood Perkins? Difícil decirlo: tal vez en aquel de los daguerrotipos borrosos, desfigurados y quemados por la luz, que pueden ser recuerdos antiguos o proyecciones de un purgatorio futuro. Al contrario que “A Ghost Story”, “I Am The Pretty Thing That Lives in The House” no es una película romántica. Es, por el contrario, un precioso, perturbador poema de terror gótico confinado en una casa encantada donde los sustos escasean pero la atmósfera es densa, irrespirable. Donde, en fin, una enfermera descubrirá que no ha venido a cuidar a una vieja desvalida y chiflada, una escritora de novelas de horror que se confunden con sus pensamientos, sino a heredar un espacio que necesita la compañía de un nuevo espíritu triste.

Lo mejor: Tal vez sirva para que alguna plataforma recupere la ópera prima del hijo de Anthony Perkins, la notable “February”

Lo peor: Puede resultar decepcionante para los refractarios al fantástico intimista