Ana Belén: «El fracaso de “Zampo y yo” me salvó de ser una niña explotada»

La madrileña recoge hoy el Premio Corral de Comedias de Almagro con el que pasará a compartir palmarés con su «segundo padre», dice de Miguel Narros, el hombre que creyó en ella y la enseñó el amor por las tablas del teatro

Los clásicos siempre vuelven. No es norma que lo hagan de la manera original, pero el regreso es casi un fijo en las quinielas. Será por ello que Ana Belén asomó de nuevo la cabeza en tiempos de una pandemia que, cuenta, «afortunadamente, he pasado bien». Cuando los balcones vivían su punto álgido y el «Resistiré» comenzaba a atragantarse, de pronto, resurgió el «Agapimú» de la mano de Ojete Calor, un calcetín (sí) y ella, Ana Belén. La cantante sorprendía con un hit de hace más de 40 años, aunque en su versión más canalla. Para unos, un soplo de aire fresco dentro del encierro, para otros, una payasada. Pero poco le preocupan a la cantante estos últimos. No tiene tiempo para «tonterías», dice.

Ana Belén solo busca la sencillez de ir al Teatro Valle-Inclán o al Pavón y pasear por el que fuera su barrio de la infancia, Lavapiés, o reunir a su gente para recorrer España con «El gusto es nuestro». Esos son los placeres que se permite a los 69 años. Lejos queda aquella niña prodigio que, a mediados de los 60, comenzaba a ser una estrella de la radio. Luego llegaron las ofertas del cine, el teatro, la música... Casi seis décadas de recorrido que hoy viven un nuevo reconocimiento: el Premio Corral de Comedias de Almagro. Ciudad que la artista, todavía menor de edad, conoció con «La hija del aire», de Calderón de la Barca, y de la mano de Narros, su «padre» sobre las tablas. Un lugar muy diferente al de la actualidad: «Solo existía el Corral de Comedias y no había ni hoteles», recuerda.

–Y esa plaza, claro.

–Tórrida como pocas. Pasas por allí a las 8 de la tarde y no bajade los 40 grados...

–Pues prepare el abanico, que vuelve. ¿Qué se hace con otro premio más en el currículum?

–Agradecerlo. Si mis padres viviesen, los tendrían todos ellos, pero desde que se fueron los premios han vuelto a mí. Los cuido, los mimo, y ahí están para recordarme muchos momentos.

–¿Es nostálgica?

–No, pero en este caso, sí. Falta una persona imprescindible para mí: Miguel Narros.

Hoy, Ana Belén regresará a Almagro para ponerse, en parte, a la altura de su maestro, que recogió el galardón en 2002. Allí, en el Corral, estuvo la actriz para aplaudirle una vez más. «Hicimos dos Shakespeare y, todo lo demás, Siglo de Oro. Entonces, todo mi aprendizaje en el teatro viene de ahí, de esa raíz del teatro clásico», confiesa la artista de una figura «vital para mí porque podía haber seguido un camino sin salida y con él se me abrió uno que ni sabía que existía». También apunta que nunca las cosas le han salido de una manera fácil porque «todo cuesta y la clave es saber hacia dónde quieres ir». Le hubiera gustado pisar el Corral, como Narros hace 18 años, sin embargo, este año las circunstancias hacen imposible celebrar la entrega en el mítico espacio. Será en el Palacio de los Oviedo, pero eso no supondrá ningún inconveniente para la cantante.

–Me acercaré a visitarlo de todas formas.

–¿Como si fuera un templo?

–Claro, es un muy especial.

–¿Incluida la genuflexión?

–No (ríe), pero me embargarán muchas emociones.

–¿Qué aprendió durante el confinamiento?

–Que soy muy fuerte físicamente, aunque también he estado pegada al teléfono preguntando cómo se encontraba todo el mundo.

–¿Ha caído en conspiraciones sobre el origen del virus?

–Eso son gilipolleces... Como si no tuviéramos suficiente con la que nos ha caído. Las redes sociales tienen una parte muy buena porque nos mantienen conectados, pero luego hay un lado que no soporto. No tengo tiempo para esas tonterías. Lo vengo diciendo desde hace tiempo, pretendo tener higiene mental.

–Bueno, por redes nos llegó la vuelta de «Agapimú»...

–Eso fue mérito de Ojete Calor, que se curraron el arreglo.

–Literalmente, en griego significa «amor mío», pero, ¿qué representó en el encierro?

–Pues, aunque muchos lo cantaban como el «Achilipú», en estos meses ha sido igual que un cariñito, una caricia que te hacen en la espalda.

–Llegó en un momento en el que el «Resistiré» se estaba ya haciendo un poco de bola.

–Pobres, ha sido una canción que vino muy bien y que ya habíamos cantado antes en alguna gala de los Goya.

–¿Ha llegado a coger manía a alguna canción propia?

–Pues...

–Diga la verdad.

–Más que manía, dices «esta ya la he cantado mucho», pero luego en la gira van y te la piden...

–¿Cuál?

–Alguna del principio, como «La muralla». Hay mucho damnificado de esta (ríe).

–Yendo a los orígenes: «Zampo y yo»...

–¡Uf!

–Ese payaso daba miedo.

–¿Verdad? Y al pobre Fernando Rey, el director, que era un buen personaje, le hizo estar disfrazado durante todo el rodaje, y era verano...

–Y ahora nos agobiamos con las mascarillas...

–Es que no le dejaba más que quitarse la nariz. Y, además, que no se trataba de un payaso agradable.

–Usted era muy joven, ¿tuvo alguna pesadilla?

–No, pero me quedé tan saturada que no volví al circo.

–¿Que la película fuera un fracaso le salvó de ser una niña explotada?

–Sí, por supuesto. Todavía me quedaban tres más por contrato. Hubiera entrado en una dinámica difícil de salir.

–Entonces, ya no era Mari Pili, sino Ana Belén.

–Sí, me pusieron primero Ana y luego querían que fuera compuesto, así que Belén... Cosas de los productores.

–¿Y en casa cómo la llaman?

–Víctor me dice Ana, y mi familia, Pili.

–¿Y eso genera dos personalidades?

–No, no. Deja...

Hace ya mucho tiempo de los primeros pasos de una Ana Belén que recoge la cosecha de su trabajo. El encuentro de hoy en la Mancha se debe a una de las facetas más olvidadas de la madrileña: «Su impecable capacidad de recitarl el verso», reconoce Ignacio García, director del Festival de Teatro Clásico de Almagro. «Su elocuencia, su inteligencia como actriz, su luz en el escenario... Son tantos los motivos que justifican este premio que cualquier cosa que podamos decir se queda corta», puntualizaba el Patronato el día que se hizo público el reconocimiento que recoge a las 21 horas como inauguración de la cita veraniega.