Amancio Ortega, su serie y los de siempre, con lo de siempre

El anuncio, por parte de Amazon Prime Video, de una serie ficcionada sobre la historia del fundador de Inditex levanta ampollas entre los de siempre, por lo de siempre

No habían afilado todavía la guadaña y ya sentían la obligación moral de sacarla a pasear. La tinta no se había secado y ya estaban montando la hoguera. Cuando Amazon anunció que pondría en marcha una serie sobre la vida de Amancio Ortega, multimillonario fundador del emporio Inditex, las hordas inquisidoras corrieron a llamar al boicot, a rescribir lo que aún ni siquiera está escrito y, como siempre, a intentar controlar el «relato». El dichoso «relato». Los de siempre, lo de siempre.

¿Qué tendrá la idiosincrasia ideológica de este país para que siempre queramos parecer la esposa del César más que, como podría uno imaginar, serla? ¿Hasta dónde llegan los forofos del tacticismo quinquenalista (o del criptofascismo, lo mismo es) para intentar que nada escape a su orden de deontología cínica e incívica?

Hace unos meses, cuando se supo que el escritor de la gran novela americana de nuestro tiempo, que no es novela sino serie y que no es otro que David Simon («The Wire»), narraría un episodio tremendamente contrastado de nuestra Guerra Civil, el humo llegó antes que el fuego. Los de siempre, lo de siempre.

¿Dónde quedó la pulsión de la incógnita, la presunción de inocencia que debería acompañar a toda emoción creativa? ¿Por qué la respuesta por defecto es el juicio sumario a las historias que nos intentan contar cómo demonios hemos llegado hasta aquí? ¿No es eso mismo la definición maximalista de la cultura? Por supuesto que la vida y obra de Amancio Ortega merece una serie, faltaría más. No se trata de lamer botas ni de crear mitos, se trata de mirarnos al espejo y ver que la Z gigante de nuestro pescuezo habla de un tiempo, un espacio y un contexto muy concretos que empezaron a fraguarse en 1975 en la calle Juan Flórez de La Coruña.

No hay nada de masturbatorio en ello. No hay nada de oscurantismo en querer explicarle al mundo por qué hay revuelo mediático en la piel de toro si un vicepresidente de izquierdas decide ponerse una chaqueta del «malvado imperio» y abandonar su supermercado de confianza. No hay nada de fetichismo elitista en contar por qué se llenan páginas de cuché con el vestido de 25 euros que se pone una Reina en una recepción oficial que ha costado unos cuantos miles más.

La historia de Amancio Ortega es la Historia de España, le pese a quien le pese y le moleste a quien le moleste. Es hora de que empecemos a aceptarlo de una vez. Es la historia del póster para la derecha, la del emprendimiento sin barreras y la de la meritocracia triunfante. Es la historia del horror para la izquierda, que se ve impotente y avergonzada por permitir que se pudiera dar el imposible milagro del uno porciento en sus narices, sin que hicieran nada en favor del 99 restante y los abandonaran, una vez más, a su suerte.

Todos tenemos algo que ganar, algo que aprender de la historia de Inditex y Ortega. Ante el empecinamiento de los que emiten juicios inmediatos, los de siempre, por lo de siempre, no queda más camino que el de la concordia y el del signo de los tiempos : ¿podemos esperar aunque sea a que se estrene para empezar a descomer?