10 curiosidades de la Estatua de la Libertad que (quizá) no conocías

El monumento, construido en París y ubicado en Nueva York, se inauguró un día como hoy de 1886

Con una antorcha en la mano derecha y una tablilla que evoca a la Declaración de Independencia de los Estados Unidos en la izquierda, la mirada y semblante de la Estatua de la Libertad es símbolo de esperanza y derrota de la opresión. El monumento de Nueva York, uno de los más icónicos de la ciudad y de los famosos del mundo, fue inaugurado un día como hoy de 1886, en presencia del entonces presidente de Estados Unidos, Grover Cleveland.

Realizada por el francés Frédéric Auguste Bartholdi, fue diseñada por Alexandre Gustave Eiffel y declarada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Tanto en el proceso de su creación como en lo que aún hoy simboliza, la Estatua ha albergado numerosas curiosidades que la han convertido en visita obligada de todo turista. ¿Cuáles son sus secretos más llamativos?

  1. Como se ha mencionado, sus creadores eran franceses, y es que el monumento fue un regalo del país galo para Estados Unidos. Se construyó en París durante 8 años y, una vez terminada, se transportó a Nueva York en barco. No obstante, su tamaño era tal que tuvieron que desmantelar la estatua en 350 piezas y dividirlas en 214 cajas. Una vez allí, tardaron 4 meses en alzarla sobre su actual pedestal.
  2. Hablando del pedestal, Joseph Pulitzer tuvo algo que ver con ello. Aunque la escultura fue un regalo, los estadounidenses sí se encargaron de esta parte. Por tanto, a través de las primeras páginas del New York World, el editor llevó a cabo una gran campaña de publicidad para recaudar fondos que facilitaran su construcción. Este “crowdfunding” logró recaudar 120.000 dólares en solo 5 meses, una gran cantidad para aquella época.
  3. ¿Museo o faro? La Estatua de la Libertad es ahora un gran punto turístico de Nueva York. No obstante, en sus primeros años no fue utilizada tan solo como un centro de visita, sino que, desde su inauguración hasta 1902, fue un faro que llegaba a iluminar hasta 39 kilómetros de distancia. De esta manera, tanto su luz como su envergadura eran lo primero que los inmigrantes veían al llegar a Estados Unidos tras una larga travesía por el Océano Atlántico.
  4. El monumento podría haber sido de otro color. Su icónico color verde se debe a la oxidación de la pátina de cobre que la recubre. Ante esto, en 1906 el Congreso estadounidense planteó destinar miles de dólares a repintarla, con el fin de que nunca dejara de relucir como el primer día. No obstante, la oposición por parte, principalmente, de los ciudadanos fue tan firme que al final se dejó como estaba. Lo único que cambia de color es la antorcha, porque está recubierta de oro.
  5. Los pies de la estatua están medio escondidos, pero no por ello contribuyen menos a su simbología. Quien se fije verá cómo la Estatua está dando un paso al frente escapando de unas cadenas rotas, lo cual hace alusión a su objetivo de representar la búsqueda de la libertad. No obstante, el tamaño de la estatua es tal -46 metros de altura sin contar el pedestal y 93 metros desde el suelo hasta la antorcha-, que solo se puede apreciar bien desde el aire.
  6. La corona tampoco es un simple accesorio. Todo tiene un por qué en la escultura: cada una de sus puntas representa los siete océanos y continentes del mundo. Bartholdi optó por una diadema de rayos solares, en lugar de un gorro con el que siempre se había ataviado a la diosa Libertas a la que aluye, recordando a la diadema que portaba Helios, dios del Sol en la mitología griega. De esta manera, la corona cuenta con 25 ventanas -se puede visitar desde 2009- que representan gemas encontradas sobre la tierra.
  7. El 30 de julio de 1916, durante la Primera Guerra Mundial, los alemanes atacaron la isla donde se ubica la estatua, donde los aliados guardaban munición. Se dio una explosión que provocó que algunos fragmentos salieran despedidos por toda la bahía, dañando a la antorcha. Por este motivo, la visita a la antorcha está cerrada al público desde entonces, siendo la corona el punto más alto que se puede visitar.
  8. ¿Y si la estatua no se hubiese erigido donde la conocemos? Central Park estuvo a punto de ser la ubicación donde se destinaría el monumento. Se dice que Bartholdi, cuando viajó en 1871 a Nueva York para encontrar el lugar ideal donde poner la escultura, se enamoró del parque. No obstante, finalmente escogió Liberty Island, antes conocida como Bedloe’s Island, ya que era un lugar estratégico y suponía ser lo primero que se vería al llegar a la ciudad.
  9. Su nombre ha cambiado con los años, aunque no de manera drástica. Originalmente, se le llamaba, en francés “La liberté éclaraint le monde”, que en inglés significa “Liberty enlightening the world” y en español “La libertad iluminando el mundo”. No obstante, con el tiempo fue mundialmente conocida como “Statue of Liberty” o “Estatua de la Libertad”.
  10. El monumento mira hacia nosotros. Como agradecimiento a Francia, la Estatua está dispuesta de tal manera que sus ojos se dirigen hacia Europa, representando así, no solo el camino hacia la libertad, sino también la hermandad entre los dos continentes.